Perdió a su hijo de 14 años de muerte súbita; hoy busca concientizar a través del deporte
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"No sé si entrené tanto para esta carrera con el cuerpo como con el alma. Creo que la corrí con el corazón. Pero de lo que estoy seguro es de que otra vez miré al cielo y ahí te encontré", pensó con una sonrisa y lágrimas en los ojos mientras atravesaba el arco de llegada de la edición de 2016 de la tradicional maratón de la Ciudad de Buenos Aires. El deporte se había convertido en su refugio y sostén luego de un evento trágico que significó un antes y un después en su vida.
2015 había sido un año de inflexión en la vida de Mariano Casoy (55). Como todos los sábados, ese 3 de marzo llevó a su hijo Tomás (14) a jugar un partido de fútbol amistoso. Fanático de River, cada fin de semana Tomás ansiaba ponerse la camiseta para salir a la cancha y dar lo mejor en el juego. Pero ese día su hijo no iba a jugar en el club donde siempre lo hacía. "El edificio donde concurrieron no era el acostumbrado, sino uno que funcionaba como oficina y que tenía un espacio de gimnasio que se usaba para que los chicos jugaran unos picaditos. El equipo fue acompañado por dos líderes, unos chicos jóvenes de unos 18 años, que iban a estar a cargo de la actividad. Dejé a Tomy y a su hermano mayor Facu en la canchita y salí a comprar unas bebidas", recuerda Mariano.

Empezó el partido y a los 15 minutos Mariano recibió un llamado de su hijo mayor: "papá apurate, Tomás está tirado en el piso, no saben qué le pasó", le dijo angustiado. Mariano sintió que se le aflojaba todo el cuerpo y salió hacia la cancha. Cuando llegó, el peor escenario estaba ante sus ojos. "Tomás se había desplomado en el piso. Los líderes y los compañeros no supieron qué hacer, sólo llamaron a un médico que los asistía en los campamentos y éste telefónicamente contestó que llamaran al SAME. Tomás no raccionaba, estaba en paro cardíaco y nadie sabia nada. El Sistema de Atención Médica de Emergencias demoró 25 minutos en llegar al lugar y cuando finalmente lo hizo, los médicos, que no tenían equipo desfibrilador, ya no pudieron hacer nada. Tomás había fallecido de muerte súbita. Como nadie sabía hacer las maniobras de reanimación cardiopulmonar, no había servicio de emergencias médicas, desfibrilador o una cadena de supervivencia, mi hijo no tuvo posibilidad de sobrevida", dice acongojado.

Una carrera por la vida
La vida de Mariano quedó detenida en ese instante. Ni en el peor de sus sueños hubiera contemplado la posibilidad de perder a un hijo. "Tomás era un ser muy especial, muy buen amigo, muy buen compañero, muy querido. Estaba por comenzar su tercer año en el colegio Carlos Pellegrini, era muy fanático del fútbol y de River. Murió haciendo lo que lo apasionaba".
Estaba separado de la mamá de sus hijos hacía ya más de cinco años y sentía que tenía que atravesar el dolor poniéndose en movimiento. "Comence a pensar qué hacer para transitar mi duelo y como era triatleta amateur decidí inscribirme en el Ironman Brasil, que se iba a hacer en Florianópolis. No elegí ese lugar por casualidad: para nuestra familia Floripa era nuestro lugar en el mundo, la mayoria de nuestras vacaciones eran ahi, con lo cual correr la carrera era para mí estar cerca de Tomás".

Para contar cómo se iba preparando, creó una página en Facebook, Carreras por Tomás, donde, además, comenzó a comunicar aspectos de prevención de muerte súbita. "De a poco, mi página se transformó en un motor para mucha gente desinformada y cada vez eran más los que me seguían".
A la emotiva experiencia en Brasil le siguió un nuevo objetivo: el primer Ironman que se realizó en diciembre del año pasado en Argentina. Se realizó en la ciudad balnearia de Mar del Plata y Mariano se dio cuenta que mucha gente conocía su causa. "Entendí que esto era un camino de ida en la prevención para que haya la menor cantidad de Tomaces en el futuro y que lo único que podía hacer con la muerte de mi hijo era transfromar el dolor en algo que ayude a que otros padres no pasen por lo que yo tuve que pasar".

Mariano comenzó 2018 con un nuevo propósito y esta vez se propuso extender su ayuda. "Me enteré que la ONG SonRisas, una asociación civil sin fines de lucro que centra su acción en niños en situación de riesgo que enfrentan las consecuencias de la pobreza y la exclusión y desarrolla sus actividades en distintos barrios de la localidad de Esteban Echeverría, necesitaba, por lo menos, un desfribilador". Entonces decidió anotarse para competir en el Ironman que se realizará en noviembre en Nordelta para recaudar fondos y comprar el desfibrilador. "Ahora vivo el día a día y trato de que no les pase a otros lo que le pasó a mi hijo. Lo extraño mucho y lo sueño. Pero tuve muchas señales donde me conecto con él. Se fue su envase pero su alma sigue viva".
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