
Peregrinación de la Virgen de Guadalupe
Cuarta etapa: hoy parte desde Mendoza la marcha a pie que se inició hace seis años en México y que ya recorrió 16 países.
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"Se trata de un gesto de fraternidad en preparación a la entrada del tercer milenio."
Así resume el sacerdote argentino Eduardo Adrogué, en diálogo con La Nación , el espíritu de la peregrinación a pie, que con las imágenes de la Virgen de Guadalupe y del Cristo negro de Esquipulas partió el 12 de diciembre de 1992 desde México y ya lleva recorridos más de 18.000 kilómetros y 16 países (Guatemala, Costa Rica Colombia, Bolivia y Uruguay, entre otros).
Esta fervorosa caminata por América latina y el Caribe ya cumplió tres etapas, con interrupciones de meses para la organización, y hoy iniciará el último trayecto desde el Santuario de la Virgen de Lourdes del Challao, en Mendoza, hasta la basílica de Luján, donde llegará en el 2000. Este tramo recorrerá diversas zonas de la Argentina, Chile y Paraguay.
La imagen de la Virgen estará 43 días en Mendoza, donde recorrerá iglesias, barrios humildes y hospitales. El paso de los fieles ya es incesante en la provincia, como lo demuestran las 5000 estampitas de la patrona de América agotadas. El 20 de enero se realizará un histórico cruce de la cordillera de los Andes.
La marcha es promovida por sacerdotes de la Arquidiócesis de Buenos Aires: los padres Adrogué, Fernando Ortiz, Gustavo Gallino y Raúl Canali. Ellos caminan acompañados por un grupo de 15 personas de distintas nacionalidades que peregrinan uniendo ciudades y comunidades indígenas.
"La peregrinación no la hacemos nosotros. Son los pueblos los que recorren diariamente entre 15 y 35 kilómetros portando las imágenes de la Virgen y del Cristo. No se trata del emprendimiento de un país, sino de toda América latina", aclaró Adrogué.
Grupos que se renuevan
La marcha se hace en cada lugar. La gente se acerca con ánimo a la propuesta y, al cargar sobre sus hombros los estandartes de la peregrinación, se convierte en la verdadera protagonista. Los grupos se renuevan de pueblo en pueblo. Cuando se ha caminado varios kilómetros, los vecinos de la población siguiente toman su lugar y así se va formando una inmensa cadena humana. La Virgen no interrumpe su marcha.
"La Virgen de Guadalupe se le apareció al indiecito Juan Diego en 1531, en México. En su imagen se ve la inculturación del Evangelio en nuestra América latina. Ella es la síntesis perfecta entre la cultura azteca y la fe católica; además, significa una promesa de algo nuevo y un compromiso mayor con los que sufren", expresó Adrogué. Cada dos o tres días de caminata se hace un alto en un lugar determinado, urbano o rural, en el que la peregrinación permanece durante un día o unas horas, para luego continuar su camino. Durante esas pausas se visita a ancianos, enfermos y presos, y al abandonar un lugar se dejan estampas con la imagen de la Virgen y del Cristo. "Más de 2 millones de personas recibieron estos símbolos religiosos, que son una manera de seguir participando con la oración", dijo el sacerdote.
Llegada anticipada
En el grupo hay dos personas que viajan en automóvil y cumplen el papel de Juan Bautista: visitan cada población con dos meses de anticipación para anunciar a obispos, párrocos y laicos en qué momento llegará la peregrinación.
"En todos los lugares encontramos una respuesta cálida, embellecida por las costumbres de cada pueblo", relató Adrogué.
La peregrinación de Guadalupe tiene momentos de particular intensidad. "Nos encontramos cara a cara con la pobreza, con la miseria y la injusticia -señaló el sacerdote-. Pasamos momentos difíciles, como cuando estuvimos en el límite de Ecuador y Perú, donde sólo un mes antes había terminado el conflicto. En estos casos, la marcha asume el valor de un símbolo, que convoca a la paz y a la reconciliación."
Entre otros recuerdos, relató que se emocionó mucho con una misa en el nordeste brasileño, donde las diversas expresiones artísticas se ponen al servicio de esta celebración. También lo conmovió encontrar a un cura norteamericano en el altiplano boliviano, a 4000 metros de altura, rodeado de collas.
Hoy, con la señal de largada en territorio mendocino, los peregrinos reanudarán su marcha -esta vez, por los pueblos de la Argentina, Chile y Paraguay- en favor de la vida y la esperanza.
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