
Peritos psiquiatras creen que los Da Bouza son inimputables
Declararía Santiago, pero Emanuel no
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Los hermanos Da Bouza levantaron la apuesta. Piensan argüir que la compleja personalidad de su padre, el ejecutivo de Techint Ramón da Bouza les provocó trastornos psicológicos de tal magnitud que los llevaron a no poder conducir sus actos la noche del 28 de marzo de 1998, en la que el economista fue asesinado a golpes y balazos en su departamento de San Telmo.
Una psicóloga y dos peritos que declararon ayer en el juicio oral y público que se le sigue a Emanuel Da Bouza, de 26 años, y a Santiago, de 25, abrieron el camino para que los abogados defensores ensayen esa salida, a la hora de los alegatos que se conocerán hoy.
A puertas cerradas, declaró ayer la psicóloga que trató a Ramón Da Bouza entre 1993 y 1997. Susana Torres fue relevada del secreto profesional por los jueces del Tribunal Oralen lo Criminal Nº 20, a pesar de la oposición del fiscal MarceloSaint-Jean, y describió a la víctima como "un neurótico, obsesivo, con ambivalencias y cierta crueldad".
Señaló que era tan inteligente que podía tocar en el punto justo de quien se pusiera adelante para lastimarlo. La compleja psiquis del economista fue descripta por un peritaje realizado sobre la base de un escrito con sus incipientes memorias. Allí se concluye que su personalidad era sádica y narcisista y se lo describe como arrogante, soberbio, egocéntrico, con tendencia a degradar a quienes tuviera enfrente porque eso le provocaba placer.
Allí estaban sus hijos, acusados de asesinarlo. Por eso la perito Ana María Cabanillas, propuesta por la defensa de Santiago Da Bouza comparó a la víctima con quien juega sacando peces de una pecera para dejarlos boquear casi hasta morir y luego los devuelve al agua.
Esa relación, según la profesional, determinó la personalidad de Santiago. "Para soportar las presiones a las que lo sometía su padre debía identificarse o morir", dijo y describió al menor de los acusados, en los días siguientes al crimen, como un joven de personalidad neurótica con rasgos psicopáticos e ideas suicidas.
Meses más tarde, cuando estaba más compensado, aseguró que seguía angustiado porque "la imagen del padre muerto seguía manteniéndose como imagen de padre vivo, que provocaba un importante sometimiento".
En ese momento,Santiago se quebró. Sus ojos se humedecieron y siguió así durante casi toda la declaración. Cabanillas aseguró que Da Bouza manejaba a su hijo porque era poseedor de un secreto que Santiago le había confesado y amenazaba con revelarlo para someterlo. "Ramón ejercía violencia moral a través del manejo del secreto", afirmó.
Ese secreto, tan íntimo, no fue develado en el juicio.
Ante esa circunstancia, Santiago, según la perito, "no tenía margen de libertad". Y agregó que la relación de los padres y los hijos estaba ligada con la muerte.
Le siguió el testimonio del psiquiatra de parte Mariano Castex, convocado por Emanuel. Por vía de hipótesis, alegó que los jóvenes podían haber estado alcoholizados la noche del crimen, debido a las tres botellas de vino abiertas encontradas en la mesa donde se había desarrollado la cena familiar. Ante esa circunstancia "no pudieron valorar las conductas", dijo. Lo que en términos jurídicos pretende asegurar es que no pudieron comprender la criminalidad de sus actos y dirigir sus acciones. Sobre esa base alegarán la inimputabilidad para pedir la absolución.
Castex, quien dijo que puede diagnosticar un trastorno psiquiátrico estando de espaldas a su paciente y sólo escuchando el crujido de su pisada sobre una escalera, describió a la familia Da Bouza como de alta patología.
Con este testimonio se cerró la etapa de pruebas y hoy está previsto que comiencen los alegatos, para mañana dar lectura al veredicto.
El panorama para los acusados puede cambiar sustancialmente hoy. Por ahora basaron su defensa en encontrar atenuantes al crimen y ahora sumaron la inimputabilidad.
Pero ayer Santiago Da Bouza parecía decidido a declarar y contar su historia por primera vez. La estrategia de su abogado, el defensor oficial JuliánLangevil, sería que con su relato pueda llenar el vacío que deja un crimen sin testigos. Pero es una jugada peligrosa, porque Santiago se expone a las preguntas del fiscal y del tribunal.
Simultáneamente, la posible declaración de Santiago obligaría a la abogada Patricia Croitoru a hacer declarar a Emanuel porque se descarta que de algún modo será alcanzado por lo que diga su hermano. Las defensas que habían pretendido no enfrentar a los hermanos pueden estar así frente a un nuevo escenario.
Ayer, tras el juicio, los hermanos Da Bouza discutieron más de una hora en la sala de audiencias, a solas con sus abogados. Al salir, esposados, Emanuel lucía sereno, como estos días, en cambio Santiago lloraba. Tal vez porque sabe lo difícil que es la declaración del día de hoy.
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