
Pichones de cóndor en libertad tras ser criados en cautiverio
Control: podrán ser "monitoreados" con unos transmisores que tienen en las alas para poder obtener datos sobre su comportamiento.
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SAN CARLOS DE BARILOCHE.- Cinco pichones de cóndores serán protagonistas de una singular aventura: tras vivir un año en cautiverio serán devueltos a su hábitat natural, en la cordillera de los Andes.
Además, a través de radiotransmisores en sus alas, se podrán obtener valiosos datos sobre su comportamiento.
La experiencia es coordinada por el biólogo principal del Zoológico porteño, Luis Jacome, con el apoyo del Grupo de Trabajo para la Conservación del Cóndor In Situ.
Las cinco pichones provienen de huevos llevados desde diferentes zoológicos del país a Buenos Aires, donde nacieron con especiales atenciones.
El propósito original fue llevarlos a sitios del continente donde su población es escasa, como Estados Unidos o Colombia. Pero hubo complicaciones que hicieron optar por la Patagonia para su nuevo destino.
El sitio elegido es el Valle Encantado, un sector de la baja cordillera a lo largo del río Limay, previo a su encuentro con el Traful, donde el viento y el agua han tallado asombrosas formas en la piedra rojiza.
"El lugar es ideal por su geografía y, además, porque hay comunidades estables de cóndores, que les ayudarán en su adaptación al medio", explicó Lorenzo Simpson, miembro de la Sociedad Naturalista Andino Patagónica (SNAP), que tuvo a su cargo la elección del lugar y la continuidad de la experiencia en esta nueva etapa.
El cóndor, cuyo nombre científico es vultur gryphus, es el ave de rapiña más grande de América, señor de los cielos andinos para los pueblos originarios. Vive en las altas cumbres y utiliza las corrientes de aire para planear en busca de animales muertos, que conforman su dieta principal.
En estado natural, habitualmente aprenden a volar hacia los seis o siete meses.
"Los que vendrán aquí ya están en condiciones de volar, pero necesitan un período de aclimatación a su nuevo hogar", explica Simpson.
Los pájaros permanecerán un par de meses en cuevas especialmente diseñadas, alejados del contacto con la civilización y con vista hacia los picos y penachos donde podrán ver a sus congéneres con sus tres metros de envergadura en su pausado otear la comarca. "Irán fijando en su memoria el nuevo paisaje", agrega.
A cabo de ese tiempo, estarán en condiciones de lanzarse a los cielos.
Comenzará así una nueva etapa de la experiencia, ya que gracias al aporte de una reconocida tarjeta de crédito fue posible instalar en sus alas radiotransmisores que permitirán seguir sus movimientos permanentemente, con el apoyo de un transmisor satelital.
"Por primera vez en esta zona podremos contar con información de gran valor para conocer más de sus hábitos y estructura social", señala Simpson.
En esta tarea colaboran también biólogos de la Universidad de Santa Cruz, en California, Estados Unidos, donde, a diferencia de América del Sur, de donde es originario, las poblaciones de cóndores han sido diezmadas por los cazadores y pesticidas .
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