
Piden el desalojo de la ex fábrica Suchard
Lleva diez años tomada; la comparan con el Albergue Warnes
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Los vecinos de Flores llevan casi una década demandando sin éxito el desalojo de la antigua fábrica Suchard, convertida desde su cierre en una vivenda donde se hacinan varios centenares de personas.
La clausura del inmueble -un "foco de delincuentes", según la comisión barrial- forma parte en realidad de una lista de reclamos más extensa. Los ítem que la conforman son demasiado conocidos para muchos de los porteños: más presupuesto, más limpieza, más policía.
La razón que ha hecho del edificio de Lautaro 860 uno de los principales caballos de batalla del barrio la explica Carlos Demarco, miembro del comité de vecinos de Flores, con un comentario escueto: "Nos trae inseguridad".
Según el testimonio de Demarco, los autores de buena parte de los robos y agresiones que se registran diariamente en la zona tendrían su escondite en la fábrica abandonada.
A la comisión barrial le preocupa el clima de delincuencia que se ha generado alrededor del que denominan "Albergue Warnes de Flores" -situado en pleno barrio residencial y próximo, además, a dos colegios-, pero también las condiciones en las que se encuentra el edificio.
"Allí adentro viven hasta trescientas personas sin las mínimas condiciones de higiene y con la amenaza de que un día el inmueble se derrumbe", dice Demarco.
Al problema de la fábrica "tomada" -que persiste pese a las denuncias realizadas en los últimos años ante el Gobierno de la Ciudad y la policía- se ha sumado entre los vecinos un nuevo motivo de inquietud, que tiene que ver con la masiva afluencia de jóvenes que buscan diversión nocturna en Flores.
"De jueves a domingo esto se ha vuelto inhabitable", comenta María Andrea Ríos, una vecina de la calle Cuenca. "En esos días incomodan el ruido y la suciedad que deja la resaca de la fiesta, pero sobre todo el que la presencia de hasta 3000 chicos -de acuerdo con el cálculo oficioso de los vecinos- haya derivado en un ambiente de delincuencia", asegura uno de los vecinos.
"Alcohol, drogas, prostitución, asaltos...", se queja María Estela Aguirre, miembro también del comité barrial de Flores.
El centro de este "pandemnio" descripto por los vecinos se encuentra en la intersección de las avenidas Rivadavia y Nazca. A lo largo de la primera se suceden varias decenas de quioscos y discotecas que, en horario ininterrumpido de 21 a 8, contentan las ganas de fiesta de los visitantes.
"Y no vayamos a echar la culpa a los villeros -advierte Carlos Demarc-. Acá también vienen pibes de clase bien." Su prueba -dice-, las camionetas 4x4 que se ven estacionadas frente a los locales nocturnos. En el comité barrial, que congrega cerca de 500 vecinos de Flores, ofrecen su propia explicación sobre por qué la situación se ha deteriorado tanto."Esta es una zona propicia para el delito porque está en la confluencia de tres comisarías", indica María Andrea Ríos.
Según esta vecina, los delincuentes eluden a la policía alternando los escenarios de sus delitos entre los límites de las comisarías 50a., 40a. y 38a. "Mientras tanto, la policía se conforma con decir que bastante hace con los pocos efectivos que tiene", añade la moradora.
El Gobierno de la Ciudad tampoco se salva de las críticas vecinales. Señalan desde la comisión barrial que sus denuncias ante el Centro de Gestión y Participación siempre terminan quedando "en nada".
¿Han tenido sus quejas algún eco entre los candidatos a las elecciones del distrito (realizadas ayer)?, se preguntó a los vecinos. "Los políticos sólo se acercan hasta la plaza Flores", responde Roberto Barrientos, dando a entender que las visitas no han pasado de ver la cara más "linda" del barrio.



