Pinamar: la noche empieza a las cuatro de la madrugada con entradas a 600 pesos
PINAMAR.- Previas con alcohol en las casas; ingresos a los boliches a las 4 de la madrugada. Algunos clubes nocturnos vacíos, otros “explotados”; unos nuevos, otros clausurados. Control de minoridad, presencia policial y de tránsito, patovicas y la discriminación de siempre en los ingresos.
Así puede resumirse el primer sábado por la noche de 2018 en esta ciudad, donde las opciones para salidas de jóvenes empieza con Boutique, uno de los más solicitados, con público de 18 a 22 años, aproximadamente. UFO Point, un clásico de Pinamar sobre la costa, donde la entrada no baja de los 600 pesos; Super Xv (sí, super 15), ubicado frente al viejo Ku y muy concurrido; Pinta (sobre Bunge, entre avenida del Libertador y Marco Polo); Pink, para los que tienen de 18 a 22, aunque también organizan matinés a las que van chicos desde 8 a 16 años; Lisboa que abrió sus puertas este verano, en Bunge y el Mar y el histórico La Luna, que funciona todo el año y cuyo público principal son los jóvenes pinamarenses mayores de 28.
Dos lugares muy concurridos el verano pasado, también en la zona sur, fueron inhabilitados este año por no cumplir con las normativas (Sabbia), o inhabilitados como locales bailables (Mr. Jones). El mítico Ku sigue cerrado por decisión de sus dueños.
La movida: previa y boliche
"Esto es la costa, la joda arranca tarde", dijo un tarjetero el sábado en la esquina de Bunge y Libertador antes de que baje el sol. No mintió. Esa misma noche, LA NACION constató que los jóvenes no llegan a los siete clubes nocturnos de Pinamar hasta las 3 de la mañana. Muchos no salen a vivir la noche hasta las 4, o las 4.30. ¿Dónde estaban antes? En sus casas, en las ya clásicas “previas” en grupo. Y si alguno no logra entrar al boliche, se va a la playa para seguir tomando y charlando.
Muchos llegan con camionetas 4x4 o en auto (había trapitos con su correspondiente credencial); otros en remís, algunos en taxi (un viaje desde el centro hasta la zona de Ku cuesta 70 pesos). A la salida, mientras amanece, taxistas y remiseros se pelean por los clientes a los gritos. “Rajá de acá”, le decía uno al otro, que no obedecía e insistía con recoger unas jóvenes pasajeras.
Los lugares obligados son UFO y Boutique, dos balnearios que dan a la playa en el sur. Durante el día funcionan como paradores y por la noche abren como clubes nocturnos. Pero Super Xv, en la misma zona pero sobre Libertador, también está de moda. Anoche, a las 4.30 de la mañana había colas de jóvenes esperando que el lugar se desagotara para que los dejaran ingresar.

Las entradas, en Boutique y en Pinta, cuestan 300 pesos e incluyen una consumición. En UFO, el precio se duplica. En los bares, los chicos beben lo de siempre: cerveza ($120) y tragos clásicos, como el Fernet o el Campari ($150). Según el lugar, la música varía, de la electrónica al reggaetón.
Alrededor de los locales se encuentra efectivos del operativo Sol, dos, tres o cuatro por boliche. Y sobre Libertador controles de tránsito y alcoholemia.
La noche, una incógnita
La movida nocturna depende del momento de la semana, la ocupación de la ciudad, y de los locales que hayan decidido abrir sus puertas. El flujo de jóvenes mayores de edad no es suficiente para llenar los siete clubes nocturnos habilitados por la Municipalidad este verano, de manera que algunos, ciertas noches, quedan vacíos, mientras otros se llenan. Y el panorama cambia al día siguiente.
Anoche, en Lisboa, en Bunge y el Mar, había muy poca gente. Pero sus encargados aseguraban que la noche anterior había estado muy concurrido y atribuían la falta de gente a que estaba abierto Boutique. Lo mismo ocurrió en Pinta, sobre la misma avenida, pero a la altura del centro.
“Anoche (por el viernes) esto explotó, se ve que los chicos ahora se fueron para otro lado o se quedaron descansando”, dijo a LA NACION un bartender de Pinta, donde la onda del sábado por la noche tenía el estilo de un pub. Los jóvenes tomaban cerveza sentados en las mesas o parados junto a las barras, mientras escuchaban música, charlaban y jugaban al pool y al beer-pong (típico en Estados Unidos, consiste en embocar una pelota en vasos con alcohol; el que pierde, (¡sorpresa!) toma).

Es difícil determinar los motivos por los que un bolice, a veces, no “funciona”. Anoche, excepto por Boutique, UFO y Super Xv, no había alta concurrencia.
Un empresario de la noche local con experiencia de 20 años en el rubro aseguró: “La movida decayó en Pinamar desde que los controles de minoridad se endurecieron en los últimos años. La noche de Pinamar no existe sin menores, por el tipo de turista que viene, familias con chicos. Esos son los que salen. Sí, hay grupos de veinteañeros, pero la masa son los menores. Si no dejás entrar a los menores, no tenés forma de hacer negocio”.
Para entrar a Boutique había que pasar por tres controles de documentación. En Super Xv también estaban estrictos en este sentido. “Quieren que esto se transforme en un geriátrico”, se quejó Analía Díaz Colodrero, de 17, que no pudo ingresar sin documento.

Siempre el derecho de admisión
Los ingresos no estaban restringidos sólo para hacer cumplir la ley de minoridad o capacidad de los lugares, sino basados en el famoso “derecho de admisión” por el cual los locales, en Pinamar y en cualquier parte del país, bloquean el acceso a los jóvenes que los visitan basados en criterios físicos y sociales.
Esta madrugada, pasadas las 3, Valeria González y Marina Amaro, de 19 y 20 años, ambas pinamarenses, regresaban a paso lento desde Boutique rumbo a Libertador para emprender la vuelta a casa. No las habían dejado entrar. “Es discriminación, no hay otra, si teníamos documento”, dijo la primera. “Acá si no sos flaca, alta y te venís con un top por acá -se señala el pecho- no entrás”. Detrás suyo aparecieron otros chicos que también habían “rebotado” a pesar de ser mayores de edad. Una vez adentro, LA NACION constató que el lugar estaba lejos de haber agotado la capacidad.
“¿Cuál es el criterio?”, le preguntó LA NACION al personal de seguridad de la entrada. “Tienen que ser mayores”. “Pero hay mayores que no entran”, se le retrucó. No contestaron.
El mapa de la diversión
El mapa de la diversión nocturna de Pinamar se reparte entre las opciones de boliches que dan al mar (UFO, Lisboa y Boutique); las del centro (Pink, Pinta, La Luna), y las de avenida del Libertador (Super Xv).
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