Postal urbana: cortes de calle preventivos que se volvieron permanentes

El acceso al depósito de Iron Mountain, en Barracas, bloqueado desde 2014
El acceso al depósito de Iron Mountain, en Barracas, bloqueado desde 2014 Crédito: Hernán Zenteno
Se resolvió oportunamente cerrar las cuadras al tránsito por siniestros ocurridos en 2004, 2014, 2017 y 2018; afecta a Barracas, La Boca, Balvanera y Parque Patricios
María Ayzaguer
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10 de enero de 2019  

Noel Zunino mira la montaña de basura y escombros que interrumpe el tránsito sobre la avenida Brasil, en Parque Patricios . "Estamos repodridos, esto es un abandono total", dice. Partes de la casona que quedaba en la esquina con Alberti, que se derrumbó en septiembre pasado, están aún en medio de la calle bloqueando por completo el paso del metrobús. Su caso se asemeja al de otros vecinos que conviven con calles cortadas por demasiado tiempo: en La Boca , Once o Barracas , lo que empezó como excepcional se transformó en normal y afecta la vida cotidiana de los barrios.

El caso más paradigmático es la cuadra de Bartolomé Mitre donde funcionaba el boliche Cromañón , que luego del trágico incendio de 2004 se convirtió en un santuario cerrado al tránsito. En 2012, la Ciudad habilitó una vía de circulación paralela exclusiva para colectivos y taxis. Dos años después inauguró como peatonal ese tramo de Mitre, entre Ecuador y Jean Jaurés.

En Barracas, hace casi cinco años se incendió el depósito de la empresa Iron Mountain, en el que murieron ocho bomberos y dos miembros de Defensa Civil. Desde entonces, la calle Azara al 1200 permanece cortada en el acceso al lugar -al que, dicen los vecinos, no entra nadie más que a fumigar-, aunque el sector siniestrado quedaba sobre Quinquela Martín. Y también casi desde entonces esa cuadra se transformó en un depósito y garaje de camiones de otra empresa cercana.

Los vecinos reclaman porque los vehículos usan un espacio público para fines comerciales e impiden que ambulancias, móviles policiales o incluso autos particulares ingresen a sus domicilios. La Justicia ya determinó que el incendio fue intencional y procesó a integrantes de Iron Mountain y exfuncionarios porteños. Pero no dispuso levantar las precarias vallas que obstaculizan el paso ni la custodia.

Vivir en una calle con el tránsito cortado trae sus problemas. "Las motos pasan por la vereda a toda velocidad en una cuadra llena de chicos, es un peligro. Pusieron un solo policía que no alcanza a controlar nada", dice Paula Aragona, que vive a metros de la casona de Parque Patricios. En realidad, la custodia llegó luego de que a un vecino le robaran tres veces ladrones que entraban por los techos de la casa destruida.

Sumado a la inseguridad, los vecinos de Brasil y Alberti reclaman por el desorden de los colectivos que tuvieron que desviar su recorrido hacia calles internas. "Gastaron una fortuna en el metrobús para que esté cerrado; ahora el colectivo 97, el 6, el 134 y un montón más tienen que ir por las paralelas. Ya se mató una chica en una esquina por la que no acostumbran a pasar. Y esto hace tres meses que está lleno de ratas", reclama Zunino, que lamenta la falta de respuestas oficiales.

Brasil y Alberti, el corte realizado tras un derrumbe bloquea el paso del metrobús
Brasil y Alberti, el corte realizado tras un derrumbe bloquea el paso del metrobús Crédito: Santiago Filipuzzi

Desde la Secretaría de Transporte porteña informaron que, si bien controlan los cortes de calle producidos por incendios o derrumbes, el levantamiento lo resuelve cada juzgado a cargo. En la Dirección General de Guardia de Auxilio y Emergencias, que intervino originalmente en la clausura preventiva de la casona, no supieron responder si prevén demolerla en el corto plazo.

En La Boca la situación es aún más delicada porque implica dos familias con niños instaladas en medio de una avenida. "Esto es una desolación. Es triste que te hayan sacado de tu propia casa y quedarte en la calle como un perro", cuenta María Esteban, de 65 años, una de las exinquilinas del conventillo de la avenida Pedro de Mendoza al 1400, que fue incendiado adrede por un hombre en julio de 2017.

En su momento, 30 familias quedaron en la calle y formaron ahí mismo un campamento precario. Hoy, dos aún permanecen en carpas improvisadas con maderas y plástico. Los exinquilinos denuncian que la Ciudad no les ofrece soluciones de alojamiento. "Te mandan a alquilar. Pero yo soy jubilada y mis hijos son cartoneros. Para nosotros es imposible", explica Esteban. Mientras tanto, la avenida continúa interrumpida a lo largo de una cuadra.

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