Pro-Huerta, un programa for export

El éxito de este programa es tan notable que ya se está exportando: desde hace cinco años se emplea en Haití, y hay interés por importarlo de Bolivia y Mozambique
Nora Bär
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23 de mayo de 2012  

La Argentina es -todos lo sabemos- más voluble que una quinceañera. Se diría que una fiebre de "innovar" mal entendida nos lleva a borrar de un plumazo todo lo hecho por quienes nos preceden en un cargo... lo bueno y lo malo. Sin embargo, he aquí un ejemplo inusual de permanencia de una buena idea: el programa Pro-Huerta, operado por el INTA y financiado por el Ministerio de Desarrollo de la Nación, que durante ¡21 años! superó crisis y gobiernos de todos los colores, mientras ayudaba a generar 650.000 huertas familiares a lo largo y ancho del país, y a alimentar anualmente a alrededor de tres millones y medio de personas. Esta estrategia pionera para mejorar la seguridad alimentaria de la población vulnerable fue tema del Seminario Internacional sobre Innovación en Agricultura Familiar, organizado por la red Innovagro, que ayer y anteayer reunió en Puerto Madero a representantes de 16 países de América latina, y a invitados de Asia y Africa.

La iniciativa consiste en entregarles a las familias una colección de semillas dos veces por año (de invierno y de verano) para sembrar hortalizas en el fondo de sus casas, en el jardín o en un terrenito que tengan disponible, y en enseñarles cómo cultivarlas. Esto es posible gracias a 19.000 promotores y al conocimiento de los técnicos del INTA, que permitió adaptar las colecciones de semillas (producidas exclusivamente por 600 pequeños productores de San Juan) a las condiciones climáticas.

Según cuenta el presidente del INTA, Carlos Casamiquela, el programa "tiene particularidades muy interesantes: trabaja exclusivamente la familia (no hay terceros involucrados) y las huertas son de producción totalmente orgánica, sin agroquímicos ni fertilizantes".

El éxito de este programa es tan notable que ya se está exportando: desde hace cinco años se emplea en Haití (con apoyo de Canadá y Japón) y hay interés por importarlo de Bolivia y Mozambique. "Transferimos la metodología -dice Casamiquela-. Es decir, formamos agentes para que ellos desarrollen su propio programa." En otras palabras, en lugar de regalar pescado, enseñar a pescar...

Por: Nora Bär
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