
Proponen separar el séptimo grado de la escuela primaria
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La ciudad de Buenos Aires, donde la reforma educativa tiene una aplicación incipiente -llega hasta 6º grado-, busca diferenciarse del resto del país y, sobre todo, de la jurisdicción bonaerense.
El secretario de Educación porteño, Mario Giannoni, tiene su propio plan para la Capital:separar el 7º grado de la escuela primaria y evitar la "primarización" de los dos años iniciales del secundario, que en el ámbito bonaerense constituyen el último tramo de la educación general básica (EGB).
Con esto, Giannoni quiere revertir el alto índice de repitencia en el primer año del secundario -uno de cada cinco alumnos no aprueba el curso- y evitar dificultades en la convivencia de adolescentes en pleno desarrollo con chicos de seis años, como ocurre en la provincia de Buenos Aires.
"Edades tan distintas necesitan una contención diferenciada y una modalidad de enseñanza específica. Nuestra idea es que el período escolar que va de séptimo grado al segundo año del secundario sea un ciclo propio y tenga unidad pedagógica", dijo Giannoni en una entrevista con La Nación .
Mientras se acomodaba en la que considera su silla de la suerte, el funcionario aclaró que la suerte de esta iniciativa dependerá de la Legislatura, que aún debe aprobar la ley de educación de la ciudad, algo que podría concretarse sólo en el 2000. De ser así, los cambios no regirían el año próximo, sino en el siguiente.
-La ley federal de educación dispone que la reforma debe estar en plena ejecución en el 2000. ¿Por qué no se cumplirá esto en la jurisdicción porteña?
-Una reforma que quiere imponerse dura mientras exista la presión para aplicarla. En la Argentina hay muchos antecedentes de intentos de transformaciones que no cuajaron. Es fundamental la apropiación de los cambios por parte de padres, alumnos y docentes. Los tiempos pedagógicos no son los tiempos electorales.
-Hay quienes dicen que la Alianza está esperando el cambio de gobierno para derogar la ley federal de educación.
-Nuestro anteproyecto de ley de educación para la ciudad expresa la voluntad de cambio del gobierno porteño en relación con las reformas que propone la ley federal. Lo que ocurre es que la inserción de esta norma en la arquitectura de la autonomía tiene su tiempo de maduración.
-¿Cree que algunos aspectos de la ley deberían ser modificados?
-Habría que garantizar un sistema educativo que tienda a equiparar las zonas con indicadores culturales y socioeconómicos bajos con aquellas que tienen una mejor situación.
-¿Qué diferencia hay, por ejemplo, entre el primer año de la Capital y el de la provincia?
-No conozco en detalle las diferencias. Lo que sí puedo decir es que estamos haciendo esfuerzos para inscribir cada vez a más chicos que vienen del conurbano, donde las escuelas medias tienen un sistema distinto. Las estadísticas de 1998 señalan que hay 45.000 alumnos con domicilio en la provincia que todos los días satisfacen su derecho educativo en la ciudad. En principio, porque Buenos Aires siempre tuvo mayor oferta educativa y porque ofrece más calidad que otros distritos.
-En muchas provincias la instrumentación de la reforma a partir de séptimo grado sembró controversias por la necesidad de construir aulas. ¿Qué pasará en la ciudad de Buenos Aires?
-Si la Legislatura decide su aplicación, se verá qué hace falta.
-¿Qué cambios impulsa para las escuelas porteñas?
-Pensamos en una escuela primaria de seis años, un ciclo independiente de tres (del actual séptimo grado al segundo año del secundario) y un nivel superior modalizado de tres años más. Nosotros tenemos muchas dificultades en el paso de primero a segundo año, donde se registra el índice más alto de repetidores: 20,93 por ciento. Por eso, nuestra idea es instrumentar un ciclo independiente tanto de la escuela primaria como de la media, con unidad pedagógica que permita focalizar esa clase de problemas.
-¿Harán falta espacios en otros edificios?
-Habrá que ver la situación de cada zona de la ciudad. Hay lugares donde sobran vacantes y otros donde faltan. En este último caso habrá que hacer obras. Pero la Legislatura es la que tiene la última palabra.
-Como en todo el país, los docentes porteños se quejan de que la capacitación es insuficiente.
-El año pasado tuvimos un récord histórico de docentes inscriptos en cursos de actualización y perfeccionamiento: fueron más de 29.000. Además, evaluamos estos cursos con encuestas a los maestros, en las que más del 80 % se mostró satisfecho...
-Pero no se entrenó a todos los docentes...
-En el tema actualización y perfeccionamiento nunca es suficiente todo lo que se hace, porque los conocimientos cambian constantemente.
-¿Los cursos son obligatorios?
-No.
-¿Por qué no?
-¿Y por qué deberían serlo? Cuando uno piensa que hay 42.000 agentes que dependen directamente de la Secretaría de Educación, más los que están vinculados con el sector privado, la idea de obligatoriedad es difícil de sostener, porque no es posible satisfacer simultáneamente, y en el mejor nivel de calidad, la capacitación de todos.
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