
Provocó pánico, daños y heridos leves un sismo con epicentro en Mendoza
De 5,7° en la escala de Richter, se sintió también en La Rioja, en Córdoba, en San Luis y en San Juan
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MENDOZA.- La visita guiada por el antiguo templo tuvo un final abrupto. Del techo y las paredes comenzaron a caer pedazos de revoque, los vidrios crujían y el ambiente se llenó de polvo. Los 30 alumnos de catequesis que recorrían el interior de la parroquia Nuestra Señora de Luján sintieron una mezcla de miedo y confusión. El piso se les movía, el ruido los desorientaba y delante de sus ojos caía una imagen de la Virgen María tallada en madera.
Lo provocaba un sismo de regular intensidad que se sintió ayer en esta provincia -donde tuvo su epicentro-, en La Rioja, en San Juan, en San Luis y en Córdoba. El movimiento, que causó pánico a los pobladores, se registró a las 11.03, con epicentro a 35 kilómetros al sur-sudeste de Mendoza capital, en las proximidades de Barrancas de Maipú, y alcanzó los 5,7 grados de magnitud en la escala de Richter.
En tanto, alcanzó el grado 4 en la escala Mercalli, modificada en San Juan y San Luis, y 3 en Córdoba y La Rioja, según informó el Instituto Nacional de Prevención Sísmica (Inpres), y también se sintió en Chile. En la capital cordobesa se percibió en las partes altas de la ciudad y también en Río Cuarto.
Fue en Mendoza donde se reportaron algunos daños en viviendas, así como algunos heridos leves por roturas de vidrios.
Aunque ahora dan gracias a Dios porque nadie sufrió ni un rasguño, en la parroquia Nuestra Señora de Luján hubo gritos, corridas, pedidos de auxilio y mucho miedo.
Las catequistas intentaban tranquilizar a los chicos mientras los guiaban hacia el patio interior de la parroquia, donde la luz del día y el aire limpio los ayudarían, con el paso de los minutos, a sosegar la angustia. Al mismo tiempo y como intuyendo el peligro que corrían sus hijos, los padres de los chicos se encaminaban al templo para llevarlos a casa.
"Fue difícil calmarlos, pero el grupo reaccionó bien cuando salió al patio", contó a LA NACION, el párroco Rubén Laporte.
El templo, inaugurado en 1914, quedó marcado por la violencia del temblor. Numerosas grietas en las paredes, molduras derrumbadas y desprendimiento de revoques obligaron a clausurarlo después de que la dirección de Defensa Civil inspeccionara sus instalaciones.
"Nos informaron que por ahora es un riesgo reabrirlo y tenemos que esperar a que se haga un estudio más profundo para determinar cómo quedó la parte estructural del edificio", dijo el padre Laporte.
Aunque el epicentro del sismo fue en Barrancas, la ciudad de Luján, unos 15 kilómetros al Oeste, fue escenario de las más numerosas manifestaciones de alarma entre la población.
"En algunos negocios hubo casos de empleados que sufrieron una crisis nerviosa y hasta lloraron", relató a LA NACION Hugo Sallei, miembro de la Cámara de Comercio de Luján, que en una recorrida por la ciudad constató que algunas tiendas cerraron sus puertas tras la desagradable experiencia.
Un caso dramático se vivió en la sucursal del supermercado Atomo, donde la caída de decenas de botellas y envases desde lo alto de las góndolas causó pánico generalizado, relató Sallei.
A sus 81 años, María Daud, confesó: "El sacudón fue muy grande y tuve ganas de llorar, pero finalmente pude mantener la calma. Estaba en un negocio y sabía que si me apresuraba a salir podía pegarme un porrazo".
Pablo Sahab percibió el sismo de una manera más leve porque lo sorprendió mientras manejaba, aunque no le impidió darse cuenta de la fuerza del temblor: "Veía salir gente muy apurada de los negocios y los vidrios se sacudían mucho", recordó.
En el lugar donde se produjo el epicentro del temblor, los pobladores de Barrancas y Cruz de Piedra no olvidarán la mañana en que se les movió el piso con fuerza. "De este temblor no me olvido más, casi me muero del susto y hasta se me bajó la presión", dijo Laura Accordino, de 26 años, quien comentó, preocupada, que en una de las paredes de su casa había una grieta de más de un centímetro de abertura "por donde puedo meter el dedo".
Genaro Rojas, de 65 años, confesó que lo primero que le vino a la memoria fue el recuerdo del violento sismo del 26 de enero de 1985, que causó la muerte de cinco personas y destruyó miles de casas de adobe en el Gran Mendoza. "Yo estaba lejos de mi casa y me preocupé por mi familia pero pude controlar el susto", señaló.
El terremoto más grave en Mendoza se produjo el 20 de marzo de 1861, con un saldo de 10.000 muertos y 2000 viviendas reducidas a escombros.
Informe de Sergio Di María y Luis Gregorio
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