Shampoo, cosméticos, plásticos y otros productos pueden contener sustancias con efectos sobre la pubertad, fertilidad, obesidad, tiroides y cáncer
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Los disruptores endocrinos están presentes en buena parte de los productos que hacen parte de la vida cotidiana y su posible relación con diferentes enfermedades genera cada vez mayor preocupación entre médicos y expertos. Así quedó planteado durante un foro realizado el pasado 11 de septiembre en la Academia Nacional de Medicina, al que se vincularon más de 400 personas.
Enrique Ardila Ardila, endocrinólogo, internista, profesor y miembro de número de la Academia Nacional de Medicina, explicó que estas sustancias pueden encontrarse en elementos como esmaltes, shampoo, desodorantes y plásticos y que pueden producir diferentes alteraciones.
“Los disruptores endocrinos son sustancias y se encuentran en muchas partes”, señaló Ardila en entrevista con EL TIEMPO. Entre los problemas que mencionó están la pubertad precoz, los trastornos de fertilidad y la osteoporosis.
Enrique Ardila Ardila, endocrinólogo y miembro de número de la Academia Nacional de Medicina. Foto:Academia Nacional de Medicina,
“Todos somos vulnerables”, afirmó el especialista, aunque precisó que algunos grupos, como las niñas antes de la primera menstruación y las personas mayores, son más sensibles.
El foro reunió a especialistas que abordaron los posibles efectos de estas sustancias sobre diferentes sistemas del organismo. Verónica Abad, endocrinóloga pediátrica, explicó que los disruptores endocrinos pueden imitar, bloquear o interferir con la acción hormonal y alterar funciones reproductivas, endocrinas, neurológicas e inmunes.
Según lo expuesto, pueden encontrarse en envases de alimentos y bebidas, muebles, materiales de construcción, plásticos, pesticidas, insecticidas, aire contaminado, cosméticos y productos de aseo. La exposición puede producirse por vía oral, inhalada, transdérmica o incluso transplacentaria.
Uno de los casos presentados por Abad fue el de niñas de entre 6 y 10 años que llegaron a consulta con desarrollo mamario precoz, pero cuyos exámenes no mostraban presencia de hormonas sexuales a esa edad. Al indagar por sus hábitos, la especialista encontró un uso recurrente de cremas para peinar y fragancias.
Tras suspender estos productos durante tres meses, explicó, el botón mamario y el desarrollo precoz desaparecieron en los casos analizados.

Plásticos, cosméticos y metabolismo
Entre los compuestos discutidos estuvieron los parabenos, presentes en productos como shampoo, acondicionador, protectores solares, hidratantes, maquillaje y desodorantes, así como los ftalatos, utilizados para hacer flexibles los plásticos y presentes también en fragancias y productos de cuidado personal.
Abad señaló que los parabenos y ftalatos pueden estar relacionados con problemas reproductivos. En hombres se mencionaron daño testicular, reducción del conteo de espermatozoides e infertilidad. En mujeres, endometriosis, alteraciones reproductivas, ovario poliquístico, infertilidad y menopausia precoz.
Otro grupo analizado fue el de los bisfenoles, entre ellos el bisfenol A, presente en envases plásticos, revestimientos de alimentos enlatados, juguetes y papeles térmicos. Según la especialista, estos compuestos pueden tener efectos hormonales y metabólicos y relacionarse con niveles elevados de insulina, resistencia a esta hormona, obesidad, dislipidemia e inflamación crónica.

Por su parte, Paula Gaete, médica y bioquímica, expuso estudios que han relacionado la exposición al DDT con un aumento del 13 por ciento en el riesgo de incremento del tejido adiposo. También señaló que los ftalatos se han relacionado con un mayor riesgo de obesidad en niños y adultos mayores de 60 años y que el bisfenol A tiene efectos sobre la tiroides y se relaciona con acumulación de triglicéridos y tejido adiposo.
Mientras que Fernando Lizcano, endocrinólogo y profesor de la Universidad de La Sabana, advirtió además que los disruptores endocrinos pueden inducir alteraciones epigenéticas heredables y que algunos efectos pueden aparecer años después de la exposición. Durante el foro se señaló que se han cuantificado más de 1.000 compuestos con potencial para actuar como disruptores endocrinos.
La preocupación por cáncer y fertilidad
La posible relación con el cáncer también fue discutida. Catalina López-Correa, médica y doctora en genética humana, explicó que estas sustancias pueden activar o inhibir receptores hormonales, estimular el crecimiento de células anormales, aumentar la mutación y la inestabilidad genética y promover inflamación crónica.
El mayor énfasis estuvo en tumores hormono-dependientes como el cáncer de mama. Sin embargo, la especialista precisó que las investigaciones disponibles muestran asociaciones entre disruptores endocrinos y cáncer, pero que todavía no existe una causalidad plenamente establecida.
En fertilidad, Álvaro Fortich, internista endocrinólogo, presentó datos sobre la reducción del conteo de espermatozoides. Según explicó, un estudio publicado en 1992 encontró una reducción de alrededor de 113 millones de espermatozoides en 1940 a 60 millones en 1991. Un estudio reciente realizado en la Costa Caribe encontró un conteo cercano a los 22 millones.
Sergio Alvernia, ginecólogo-endocrinólogo, expuso además posibles efectos sobre el ovario, entre ellos alteraciones del eje hormonal que regula el ciclo menstrual y la reproducción, disminución de folículos, daño ovárico, resistencia a la insulina y aumento de células grasas.

Un problema de salud pública
Para Ardila, una de las principales tareas es continuar investigando para determinar con mayor precisión qué enfermedades pueden atribuirse a estas sustancias y cuál es la relación de causa y efecto.
El especialista considera que también deben abordarse medidas de salud pública relacionadas con el agua, los envases y los productos de uso personal. Frente a la exposición cotidiana, Ardila recomendó prestar especial atención al plástico. “Las botellas de plástico tienen disruptores endocrinos”, afirmó, y planteó la importancia de utilizar, cuando sea posible, productos envasados en vidrio.
Durante el encuentro también se explicó que existen aplicaciones que permiten identificar algunos disruptores mediante el escaneo del código de barras de productos. La idea, según lo planteado por los participantes, no es pretender eliminar por completo una exposición que está ampliamente extendida, sino reducirla mediante cambios de hábitos.
“Todos somos vulnerables”, reiteró Ardila. Y, ante la dificultad de escapar completamente de estas sustancias, resumió la dimensión del problema con una frase que se convirtió en una de las imágenes centrales del encuentro: habría que vivir en una “cápsula espacial” para estar completamente ajeno a los disruptores endocrinos.
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