Quería un “parto libre”. Eso la puso a ella y a su bebé en grave peligro
Los promotores del parto libre rechazan cualquier tipo de intervención médica durante el embarazo o el parto. El movimiento ganó visibilidad en las redes sociales, pero los críticos advierten que implica riesgos graves
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NUEVA YORK.- Emily Laszlo-Rath sintió su primera contracción cuando estaba en su casa, una casarodante ubicada a las afueras del Parque Nacional Joshua Tree. Era madre primeriza y vivía fuera del sistema, lejos de cualquier tipo de asistencia médica.
Al principio, los dolores de parto eran leves, similares a calambres. Durante los tres días siguientes, a medida que se intensificaban, los atravesó entre la cama y el sillón, convencida de que su cuerpo sabía qué hacer. Sin embargo, empezó a sentir escalofríos y fiebre.
Laszlo-Rath, que en ese momento tenía 35 años, estaba decidida a tener un parto libre: dar a luz sin la presencia de un médico ni de una partera. En lo que se conoce como un embarazo salvaje, también había evitado todos los controles prenatales.
En las redes sociales, los partos libres suelen mostrarse como escenas idílicas: guirnaldas de luces, piletas de parto, solo la familia presente, el nacimiento devuelto a las manos de las mujeres. Según contó Laszlo-Rath, quedó fascinada. “Empecé a romantizar todo lo que implicaba estar en casa”, dijo.
El parto libre es la versión más extrema del movimiento a favor del parto domiciliario. Sus defensores sostienen que la medicalización del parto deriva en intervenciones innecesarias y promueven eliminar los resguardos de la medicina. Aunque no existen cifras exactas, se estima que los partos libres representan una proporción mínima de los partos en el hogar, la mayoría de los cuales son planificados y atendidos por parteras.
En la web, el interés por el parto libre viene en aumento, sobre todo en el último año, según la consultora ViralMoment, que analiza tendencias en redes sociales. El fenómeno alcanzó tal nivel de visibilidad que una mujer que había planeado un parto libre apareció en el episodio final de la serie exitosa The Pitt. En los últimos meses, sin embargo, el movimiento comenzó a recibir críticas cada vez más fuertes: sus detractores sostienen que difunde información errónea sobre el proceso del parto y que ha puesto en riesgo —y en algunos casos costado— vidas.
Una seguidilla de muertes vinculadas a partos libres atrajo mayor atención pública, y mujeres que forman parte de esa comunidad empezaron a advertir sobre los riesgos. En una publicación en Reddit, Brittany Cole, ama de casa de Alberta, Canadá, contó que minutos después de dar a luz a una beba sana en un parto libre, comenzó a perder gran cantidad de sangre y a desvanecerse. Fue trasladada de urgencia a una clínica. “Probablemente habría muerto”, escribió.
En las redes sociales, influencers exaltaron las supuestas virtudes del parto libre, pero la promotora más visible del método es la Free Birth Society. Desde su fundación en 2017 por una ex doula, Emilee Saldaya, la organización vende acceso a un foro privado en línea, cursos para mujeres y trabajadoras del parto, y hasta gorras con la consigna: “Hagamos que el parto vuelva a ser grandioso”.
La sociedad cuenta hoy con 132.000 seguidores en Instagram y su canal de YouTube supera los 27 millones de reproducciones. Según su sitio web, un podcast asociado al grupo acumula más de cinco millones de descargas.
Los críticos del parto libre advierten que, incluso cuando el trabajo de parto parece avanzar sin complicaciones, puede volverse peligroso de manera repentina, con riesgos potencialmente mortales para la madre y el bebé. Esto puede ocurrir en cualquier ámbito de parto, pero la detección temprana y una intervención médica a tiempo mejoran las probabilidades de un buen desenlace.
La ausencia de controles prenatales aumenta aún más el riesgo, ya que puede impedir la detección de afecciones graves que se desarrollan durante el embarazo o el parto, sostienen los especialistas. Las parteras que asisten partos en el hogar están capacitadas para brindar atención médica durante todo el proceso, identificar complicaciones, administrar algunos medicamentos y determinar cuándo resulta indispensable una derivación hospitalaria de emergencia.
Según remarcan también los detractores del movimiento, los mensajes que circulan sobre el parto libre tienden a minimizar las posibles complicaciones y a fomentar un temor desmedido hacia el sistema de salud, a veces con consecuencias trágicas.
“Están defraudadas por una ideología que las llevó a creer que el parto es algo normal y que, si no se interviene y se deja que la naturaleza siga su curso, el resultado será positivo”, explicó Melissa Cheyney, antropóloga médica clínica de la Universidad Estatal de Oregón y partera. “Eso suele ser cierto, salvo en todas las ocasiones en las que no lo es”.

¿Por qué algunas mujeres eligen esta opción?
Cuando Laszlo-Rath se enteró durante la pandemia de que estaba embarazada, sentía miedo de los hospitales y anhelaba un parto natural. Sabía que muchas mujeres terminaban en cesáreas: en 2024, casi un tercio de las embarazadas en Estados Unidos se sometió a ese procedimiento, según datos del Centro Nacional de Estadísticas de Salud. En una proporción similar, el parto fue inducido.
A partir de una búsqueda en internet, Laszlo-Rath descubrió el parto libre. Una estadounidense, Patricia Cloyd Carter, es considerada la “abuela” de la idea, de acuerdo con el libro Birthing Outside the System, publicado en 2020 y dedicado a analizar los factores que impulsan métodos alternativos de parto. Se cree que el término “parto libre” fue acuñado mucho más tarde por Jeannine Parvati Baker, defensora del parto en casa.
Algunas mujeres afirman que recurrieron al parto libre porque no podían pagar o acceder a una partera, señalan especialistas. Otras dicen haber tenido malas experiencias con el sistema de salud. Una encuesta publicada en 2019 en la revista Reproductive Health, realizada entre mujeres que recibieron atención de maternidad en Estados Unidos entre 2010 y 2016, reveló que una de cada seis declaró haber sufrido maltrato.
Emily Hancock, exenfermera de trabajo de parto y parto, contó que no logró superar el trauma de haber tenido a su primer hijo en un hospital. “Recuerdo haberme sentido completamente desbordada y convencida de que me iba a morir”, relató Hancock, de 35 años.
En su siguiente embarazo, dijo, estuvo de parto toda la noche sola y dio a luz en el baño. Para los dos partos posteriores, decidió optar por el parto libre, porque le resultaba más natural.
“La seguridad es relativa”, sostuvo Mickey Sperlich, profesora asociada de trabajo social en la Universidad de Buffalo y partera profesional certificada. Para algunas futuras madres y padres, la seguridad está asociada a la medicina moderna. Pero para quienes sienten que fueron vulneradas, explicó, “la seguridad pasa a significar otra cosa”.
Laszlo-Rath sabía que las recomendaciones de la Free Birth Society implicaban riesgos. Aun así, le parecían la opción más segura para su bebé. Compró el curso de la organización, que costaba US$399 y llevaba el título La guía completa para el parto libre, y se sumergió en su contenido.
Un anuncio del curso decía: “Sos poderosa: parí como tal”. Pero las clases también estaban atravesadas por advertencias. “De principio a fin, la obstetricia es la historia de violación, abuso y daño”, se les decía a las alumnas en uno de los módulos. En otra clase se comparaban los exámenes vaginales durante el trabajo de parto con manoseos.
Saldaya y su socia docente, Yolande Norris-Clark, no respondieron a múltiples pedidos de comentario enviados por correo electrónico y redes sociales para esta nota. El curso incluye un descargo de responsabilidad en el que se aclara que las instructoras no son proveedoras médicas y que el contenido es “educativo e informativo”, sin intención de “brindar asesoramiento médico de ningún tipo”.
Un patrón preocupante de muertes
En un video publicado en Instagram, Saldaya —visiblemente embarazada— se frota el vientre desnudo. Sobre su panza aparece superpuesta la lista de cuidados prenatales que decidió omitir: ecografías, exámenes vaginales, médicos, parteras y más.
Poco tiempo después de publicar el video, Saldaya compartió una noticia devastadora. “Recientemente di a luz a un hermoso niño, nacido muerto a las 41 semanas de gestación”, escribió en un boletín en agosto pasado. Aun así, continuó promoviendo el parto libre y vendiendo cursos autoguiados.
Las muertes fetales ocurren tanto en partos domiciliarios como hospitalarios, y es posible que en casos concretos nada hubiera podido evitar ese desenlace.
Sin embargo, en Ontario, Canadá, forenses que investigaban una muerte fetal detectaron un patrón inquietante: entre 2020 y 2024, se registraron 11 muertes fetales o neonatales y una muerte materna vinculadas a partos libres, según la Oficina del Forense Jefe de Ontario. En los cinco años anteriores, solo se había registrado una muerte fetal asociada a esta práctica.
El parto es impredecible. “En cuestión de minutos, un bebé puede morir”, señaló Justin Brandt, director de medicina materno-fetal del sistema de salud NYU Langone.
En septiembre, la influencer australiana de alimentación natural Stacey Warnecke murió tras un parto libre por una presunta hemorragia posparto, según la evidencia recolectada por el forense que investiga el caso. Esa afección es una de las principales causas de muerte materna.
Especialistas en salud sostienen que el monitoreo durante el embarazo y el parto permite identificar numerosos problemas fetales, desde malformaciones congénitas hasta trastornos en el crecimiento que aumentan el riesgo de muerte fetal. La preeclampsia, un trastorno hipertensivo del embarazo, y la diabetes mal controlada están asociadas con un mayor riesgo de parto prematuro y muerte fetal, explicó Brandt.
Cuando Grace, una residente de Florida, esperaba a su primer hijo, contrató a una asistente de parto libre sin licencia para que la acompañara durante el embarazo y el parto. A medida que sus piernas se hinchaban y su presión arterial aumentaba, la asistente le aseguró que era normal.
“Los cuerpos de las mujeres están diseñados para esto”, le dijo a Grace, que utiliza su segundo nombre y pidió mantener el anonimato porque tiene amigos cercanos dentro del movimiento de parto libre.
Cerca de la fecha prevista para el nacimiento, Grace comenzó a sentir contracciones inusualmente intensas. “Se movía muchísimo, sentía como si estuviera intentando escapar”, contó.
Pero a la mañana siguiente, los movimientos del bebé cesaron. Durante una ecografía realizada en el hospital, el médico le informó que su hijo había muerto.
Más tarde le dijeron que la causa probable había sido una preeclampsia no diagnosticada. Si hubiera consultado a un obstetra a las 36 o 37 semanas con esos síntomas, supo después, le habrían inducido el parto de inmediato o le habrían practicado una cesárea.
Ella y su marido enterraron a su hijo en un pequeño ataúd blanco.

Tomar una decisión informada
“Nadie está destinado a parir sola”, afirmó Rachel Curnel Struempf, partera con licencia y propietaria de Gentle Beginnings Midwifery, en Hawái. “Las mujeres están hechas para tener a alguien al lado. Si te estás desangrando y tu bebé no respira, ¿qué hacés?”.
Struempf contó que llegó a hogares de familias apenas minutos después de que partos libres terminaran en pérdidas.
“He visto morir a demasiados bebés”, dijo.
Influencers promocionan el parto libre incluso entre mujeres con embarazos de alto riesgo, como aquellas que esperan gemelos o un bebé en posición de nalgas. Se trata de un grupo para el cual generalmente no se recomienda el parto domiciliario, incluso con parteras presentes, debido al alto riesgo asociado, según el Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos. La entidad sostiene que los hospitales o los centros de parto acreditados son los lugares más seguros para dar a luz, y que en los partos planificados en el hogar los resultados son más favorables cuando el embarazo es de bajo riesgo, el parto es atendido por una partera calificada y existe acceso rápido a una consulta médica y a un traslado seguro al hospital si es necesario.
En el último año, dentro de la comunidad del parto libre se produjo una suerte de ajuste de cuentas, a medida que más mujeres que habían recurrido a esta práctica comenzaron a relatar públicamente experiencias con desenlaces trágicos, muchas de ellas en un grupo de Reddit.
En el podcast de la Free Birth Society, Saldaya y Norris-Clark calificaron esas historias como “mentiras desagradables”, “calumnias” y “difamación” al referirse a la reacción negativa. En el mismo grupo de Reddit, sin embargo, algunas mujeres siguen manifestando un apoyo firme al parto libre.
Bob Silver, jefe del departamento de obstetricia y ginecología de la Facultad de Medicina Spencer Fox Eccles, de la Universidad de Utah, señaló que las futuras madres y padres deben tomar decisiones acorde a sus valores, “pero con información de calidad”.
Antes de que una mujer preste consentimiento a un tratamiento médico, los riesgos deben explicarse de manera precisa, advierten los expertos.
“Las intervenciones médicas han sido una bendición en los casos de alto riesgo”, afirmó Eugene Declercq, profesor de ciencias de la salud comunitaria en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Boston. “El desafío es identificar cuáles son esos casos y limitar las intervenciones innecesarias”.
“Simplemente no escuché a mi propia madre”
A medida que las contracciones avanzaban, Laszlo-Rath se agachó en el piso de la vivienda rodante y gritó. Dejó de tomar agua y de comer.
Su pareja le sugirió varias veces buscar ayuda, pero no obtenía respuesta. Finalmente, ella aceptó y emprendieron un viaje de 20 millas hasta el centro médico más cercano.
Allí, según relató, el personal de enfermería le informó que estaba deshidratada y cursando una infección uterina severa. Presentaba signos incipientes de sepsis, una infección potencialmente mortal y una de las principales causas de muerte materna.
Le administraron antibióticos y líquidos por vía intravenosa. Por la mañana, ya estaba completamente dilatada y pujando. Pero el obstetra estaba preocupado: había que acelerar el parto.
Con la ayuda de una ventosa, nació un bebé sano de casi cuatro kilos, con una nariz que le recordó a Laszlo-Rath la de su abuela.
Hoy, cuatro años después, recuerda cómo la atendió el equipo médico del hospital. Sin ellos, ella podría haber muerto, y su hijo también.
Su madre había insistido en que contratara a una partera. “Simplemente no escuché a mi propia madre”, dijo todavía con incredulidad. “Decidí escuchar a toda esa gente que ni siquiera conocía”.
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