Quién es “Mechi” S., la compañera y amiga de Fini Lanusse que dio el primer aviso sobre el consumo de propofol
Su testimonio permitió reconstruir los primeros indicios del consumo problemático, el vínculo con Hernán Boveri y el momento en que decidió alertar a sus superiores
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La primera señal de alarma no apareció en una guardia ni en un quirófano. Tampoco se tradujo enseguida en una denuncia ni en un informe formal. Fue una conversación entre compañeras y amigas, lejos del hospital y a bordo de un auto, que empezó a alterar una rutina que hasta entonces parecía normal. Corría febrero de 2025 y Mechi S. escuchó algo que la incomodó de inmediato: Delfina “Fini” Lanusse, su compañera de residencia, le contó que había consumido propofol junto con un anestesiólogo del Hospital Italiano, Hernán Boveri.
Mechi o Pichu, como también la conocen en su entorno, no reaccionó de manera abrupta. No salió a contar lo que había escuchado ni activó de inmediato un mecanismo institucional. Según reconstruyó más tarde en su declaración en la causa por la sustracción de propofol, a la que accedió LA NACION, hizo lo que creyó correcto en ese momento: intentar cuidar a una amiga, advertirle los riesgos y marcar límites sin exponerla. Durante meses eligió observar, escuchar y acompañar. Recién cuando entendió que la situación se estaba desbordando y que el problema excedía el plano personal decidió dar el paso que derivó en la causa en la que hoy su amiga está procesada como partícipe secundaria por el delito de administración fraudulenta.
Mechi es médica y residente de anestesiología en el Hospital Italiano. Compartía guardias, traslados, viajes de placer y rutinas con Lanusse. Vivía en la zona norte del conurbano y más de una vez la pasaba a buscar a Fini para ir juntas al Hospital Italiano. Ese vínculo previo, de confianza y cercanía, fue determinante para que al principio optara por no intervenir de forma institucional. La idea de “traicionar” a una amiga pesó durante meses.
Sin embargo, lo que Lanusse le contó en aquel viaje no quedó como un hecho aislado. Con el correr del tiempo, Mechi empezó a registrar signos que la inquietaron cada vez más: cambios físicos notorios, episodios de consumo problemático y la existencia de una relación personal con Boveri que, según su percepción, dejaba de ser meramente afectiva. En su testimonio, describe un vínculo que comenzó a ocupar un lugar central y absorbente en la vida de su compañera, atravesado además por una clara asimetría jerárquica.
Esa sensación se reforzó con hechos concretos. En junio de 2025, durante un congreso internacional de anestesiología organizado por Boveri, Mechi observó gestos y miradas que, para ella, ya no respondían a una relación de amistad. Meses después, en octubre, decidió preguntarle de forma directa. Lanusse le confirmó que mantenía una relación con él.
Sin embargo, la situación se complejizaba aún más porque Boveri tenía, previamente, otra pareja que también trabaja en el área de anestesiología del Italiano. Incluso, según el habría contado Fini a Mechi, organizaba sus horarios laborales para poder pasar más tiempo con Lanusse sin que se diera cuenta S.T., su novia oficial.
Aun así, Mechi siguió sin denunciar. Según surge de su declaración, intentó poner frenos desde lo personal, advirtió sobre los riesgos profesionales y trató de mantenerse al margen de cualquier situación de consumo. Incluso le dijo explícitamente que no quería saber detalles. Pero la convivencia cotidiana hacía imposible mirar para otro lado.
El punto de quiebre llegó en febrero pasado. Durante enero, ambas estuvieron de vacaciones por separado y casi no tuvieron contacto. Cuando se reencontraron, Mechi notó que algo había cambiado. El 9 de febrero, recibió un llamado que terminó de disparar todas las alarmas: una amiga de Lanusse, Chantal “Tati” Leclercq, le manifestó su preocupación por episodios de consumo problemático y le dijo que no lograban ubicarla.
En esa conversación, Tati también le contó a Mechi un episodio ocurrido cinco meses antes, en septiembre, que ella desconocía. Según le relató, ese día fue al departamento de Lanusse a buscar un bolso que se había olvidado y, como tenía llave, ingresó sin avisar ya que Fini no le respondía los llamados. Allí la encontró a Lanusse en malas condiciones. La escena la alarmó de inmediato.
Ese mismo 9 de febrero, Mechi fue hasta el departamento de Lanusse. La escena quedó grabada con nitidez en su testimonio. Hacía mucho calor, pero Lanusse bajó con un tapado, como si fuera invierno. Estaba desorientada, con una herida en la frente. Para Mechi, el estado en el que se encontraba era evidente. Fue, según declaró, la primera vez que su compañera le pidió ayuda de manera explícita. También fue la primera vez que pronunció una frase que Mechi no olvidaría: “Hernán está loco”.
En los días siguientes, la situación lejos estuvo de mejorar. Según su relato, el 13 de febrero Lanusse volvió a encontrarse con Boveri y, además del propofol, habría consumido ketamina en contra de su voluntad. Lo que hasta entonces había sido una preocupación personal se transformó en algo más grave. Mechi entendió que ya no se trataba solo de proteger a una amiga, sino de evitar un riesgo mayor.
Junto con otras dos residentes, identificadas en la causa como K. P. y N. T., decidió alertar a sus superiores. El primer aviso fue a una compañera del entorno de Lanusse, identificada como Rita, y luego al subjefe del área de anestesiología, Juan de Domini. Luego, al jefe del servicio, Gonzalo Domenech. A partir de ese momento, comenzaron a activarse instancias institucionales que hasta entonces no habían existido: reuniones internas, evaluaciones médicas y contactos con la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (Aaarba).
Ese aviso ocurrió el viernes 13 de febrero, sin que ninguna de las médicas pudiera prever lo que sucedería una semana después. El 20 de febrero, el anestesiólogo Alejandro Zalazar fue encontrado muerto en su departamento de Palermo. A partir de ese hallazgo, se desencadenó una investigación judicial que puso bajo la lupa el robo y el consumo de anestésicos de uso intrahospitalario. La denuncia formal por la sustracción en el Italiano se presentaría días más tarde. Pero el primer paso ya estaba dado.
Mechi no fue imputada ni denunciada aunque en su defensa Fini dejó entrever que el intento de ayuda por su consumo problemático terminó en una causa penal.
El nombre de Mechi aparece en el expediente como testigo clave. Su declaración fue avalada por otros testimonios incorporados a la causa y forma parte de la secuencia que permitió activar las primeras instancias institucionales dentro del Hospital Italiano y ante la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires. No está imputada ni denunciada en la investigación.
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