Recién después de perder tres embarazos los médicos investigaron la causa
Romina cuenta en primera persona cómo vivió su lucha contra la Trombofilia hasta poder tener a Benito.
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“No hay latidos”. Romina y Gustavo escucharon esa frase tres veces. En las semanas 6, 26 y 11 de cada embarazo. Superar cada nueva pérdida fue mucho más difícil que la vez anterior. Porque lejos de acostumbrarse al dolor uno se llena de miedos e interrogantes.
El nacimiento de Melina
Cuando Romina empezó a salir con Gustavo, ya tenía una hija de una pareja anterior. Melina nació un 29 de julio de 2006. Fue prematura de 31 semanas y permaneció 20 días en neonatología. “Cosas del destino”, les dijeron, y ningún médico pidió estudios para determinar las causas o conocer los motivos.

“Tres angelitos”
Siete años más tarde Romina y Gustavo decidieron buscar un hijo. El “positivo” llegó enseguida Pero esta vez la alegría duró poco. Romina empezó con un sangrado, le indicaron reposo absoluto y a los pocos días una ecografía mostró que ya no había nada por hacer.
Las pérdidas de embarazos durante el primer trimestre suceden con bastante frecuencia y las causas son de lo más variadas; así que la pareja decidió tomarse un año para reponerse del shock y volver a encarar una búsqueda.
De nuevo las dos rayitas. La alegría y el miedo. Todo junto. Hasta las 21 semanas de gestación todo marchaba excelente. Romina se sentía bien y el bebé crecía según los parámetros normales. Pero el scan fetal mostró un panorama demoledor: casi no había líquido amniótico y el bebé tenía un retraso de crecimiento de dos semanas.
“Todavía recuerdo las frías palabras del que en ese momento era nuestro obstetra, cuando fuimos a verlo desesperados y sin turno para contarles lo que había pasado –cuenta Romina:- Me dijo que me hiciera la idea de que era como un familiar enfermo con muerte terminal. Que mi bebé se moría y no se podía hacer nada, más que esperar; que nos fuéramos haciendo a la idea. Todo esto nos lo dijo mientras se comía un yogurt apurado porque tenia un parto que atender”.
Esa fue la última vez que vieron a ese obstetra. Se cambiaron por uno especializado en embarazos de riesgo, que le indicó a Romina reposo y un ecodoppler por semana. En la semana 26 el mundo volvió a detenerse, el bebé no tenía latidos.
Caerse, levantarse y seguir
Romina se sentía incomprendida por el sistema de salud que no le daba respuestas, no le sugería hacerse estudios, no hacía conjeturas ni posibles diagnósticos por esta segunda pérdida, tan avanzada y dolorosa.
Empezó terapia y al poco tiempo la dejó. Nadie podía consolarla, no habían palabras que aliviaran tanto dolor. Tenía bronca y enojo pero también muchas ganas de volver a ser madre. De nuevo se levantó y cuando el médico los autorizó volvieron a buscar un embarazo.
Once semanas tardaron en perderlo. Tres pérdidas consecutivas sin razón aparente.

El amor después del dolor
Recién en ese momento el médico les habló de unos estudios. No habló de nombres propios ni de tratamientos, sólo sugirió unos análisis.
Romina no entendía nada pero, como siempre, tomó fuerzas para volver a empezar. Esa tarde cuando llegó a su casa comenzó a buscar información por Internet. Y así dio con una palabra que hasta ese momento nunca había escuchado: Trombofilia.

Más leía más le cerraba… Las tres pérdidas sumado a que su primera hija había sido prematura, todo parecía tener respuestas. Los análisis médicos confirmaron sus sospechas. La diagnosticaron SAF: Síndrome de Anticuerpo Antifosfolípidos
“Di con foros, con grupos, con mujeres que habían pasado por lo mismo. Pregunté, investigue, busque médicos que entendieran sobre el tema. Pase por malos profesionales y encontré también muy buenos, tanto hematólogos como obstetras”, cuenta Romina.
Conocer su diagnóstico le dio esperanzas y tranquilidad. Y así encararon con Gustavo una nueva búsqueda. Llenos de miedos pero también con la certeza de que había un motivo para tantas pérdidas, un diagnóstico y un tratamiento.
En marzo de 2016 quedó embarazada. Durante las 37 semanas que duró su embarazo se inyectó heparina. Tuvo controles quincenales con el hematólogo y el obstetra, ecografías ecodoppler y análisis de sangre que en todos los casos fueron confirmando que Benito crecía bien.
“Durante nueve meses tomé una batería de medicamentos y el 8 de noviembre con una cesárea cálida y programada nació nuestro bebé, nuestro arcoíris en medio de tanta tormenta, mi heparinito súper sano y con buen peso”, recuerda Romina. Lo habían logrado.

La voz del especialista
Raúl Altman, doctor en Medicina y Hematólogo, explica qué es la trombofilia y cómo puede afectar el embarazo, aunque cada caso hay que estudiarlo en forma particular. Escuchá el audio completo.
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