Refundan un pueblo arrasado por el agua
Se trata de la misión aborigen Pozo Yacaré, en Formosa
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FORMOSA.- La buena nueva corrió como reguero de pólvora: la comunidad aborigen de Misión Pozo Yacaré, que había sido arrasada por los desbordes del río Bermejo, será refundada.
Dos millones de pesos afectados desde los niveles provinciales se destinarán a la construcción de 80 casas (una para cada familia wichi), un par de escuelas, un destacamento policial, un centro de salud y una delegación de registro civil, así como un lugar de oración.
La obra pondrá fin a la historia que comenzó tres años atrás, cuando un pico significativo del Bermejo penetró casi 700 metros y se llevó consigo casi toda la comunidad de Misión Pozo Yacaré, en el sur del departamento Matacos y en las proximidades del límite con Salta.
Pero, lejos de amilanarse, los 420 pobladores pusieron manos a la obra para la reubicación rápida de las familias y, sobre todo, para que no dejara de funcionar un solo día la escuelita lugareña, la número 420, con 127 alumnos.
El director, Víctor Rodas, no pudo evitar que se detuvieran las clases. Pero lo cierto es que a la semana todo estuvo listo: "Izamos otra vez la bandera argentina y el tañido de la campana regresó a clase a los paisanitos (así se llama a los niños aborígenes)", comentó orgulloso.
Marchas y contramarchas
Lorenzo Quintana fue el encargado de oficiar de intermediario entre las comisiones provinciales y los wichis. Es que el gobernador, Gildo Insfrán, quería que fueran ellos mismos los encargados de elegir el sitio donde establecer definitivamente el nuevo pueblo.
Y no solamente coincidieron en el punto exacto, sino que hasta le dieron nombre. La antigua Misión Pozo Yacaré se convirtió en Nueva Misión.
El problema se suscitó cuando se supo que el predio era privado. Todas las diligencias posibles se hicieron. Pero fracasaron y tuvo que optarse por un segundo lugar.
Quintana admitió la desazón. También el maestro Rodas. Sin embargo, ambos coincidieron en evocar a un niño aborigen que había quedado aprisionado entre los bloques de las barrancas derrumbadas en aquellas fatídicas horas del desastre, porque simbolizaba el estoicismo de una comunidad que no estaba dispuesta a dejarse vencer por la adversidad.
Bajaron las aguas y algunos regresaron cerca del río, porque para los nativos es fuente de vida. De allí toman el agua para beber, para higienizarse y también para recoger los frutos que deposita en las orillas.
"La fe mueve montañas, ya lo ven", reflexionó el pastor anglicano Corino Santillán, quien mucho tuvo que ver en la recreación del sentido de solidaridad entre los wichis y en convencerlos de que debían buscar un lugar definitivo, alejado del peligro que representa cada creciente del furioso Bermejo.
Y fueron ellos mismos los que eligieron el sitio para Nueva Misión. Ochenta viviendas, los servicios esenciales y los edificios para las instituciones públicas pronto comenzarán a edificarse e instalarse. Así nacerá un nuevo pueblo y desde los hogares se seguirá comentando cómo es posible, uniendo voluntades y fortaleciendo los espíritus, hacer renacer la esperanza.






