
Reparten jeringas entre los adictos para prevenir el sida
Se entregan kits con agujas, material descartable, agua destilada y preservativos
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Casi el 40% de los enfermos de sida de la Argentina son usuarios de drogas inyectables (UDI), lo que los convierte en el grupo más vulnerable al HIV. La gran mayoría contrajo la enfermedad por compartir agujas infectadas. Ellos son, entonces, los destinatarios de un programa de reducción de daños que busca protegerlos de ése y de otros males con la entrega de jeringas y de material descartable para usar a la hora de inyectarse.
"Locos de Sarandí" se llama el proyecto que la Asociación Civil Intercambios lleva adelante en tres barrios de Avellaneda. Allí reparten un kit con una jeringa, agua destilada para mezclar la sustancia que se inyectan, una tapita donde realizan la mezcla, una gasa embebida en alcohol para limpiarse el brazo, un preservativo y un folleto con medidas preventivas. Cada semana se entregan de 150 a 200 kits entre 55 UDI.
El trabajo cuenta con el apoyo del programa de las Naciones Unidas de Lucha contra el Sida (Onusida) y está financiado por el proyecto de control de sida y enfermedades de transmisión sexual, Lusida, del Ministerio de Salud de la Nación, que les otorgó un presupuesto de 30.000 pesos por 10 meses.
Ante la sospecha de que con este sistema se incentive el consumo, Pablo Cymerman, coordinador de Intercambios, responde que una gran cantidad de estudios demostró que la entrega del material descartable no fomenta la drogadicción.
"Es una estrategia de salud pública que busca reducir los daños causados por el uso de drogas, en lugar de postular la rehabilitación. Se sabe que, pese a las campañas, la gente sigue usando sustancias tóxicas, ya sea porque no puede dejarlas o porque no quiere. Por eso buscamos mejorar la calidad de vida de los que las usan y prevenir enfermedades como el sida o la hepatitis C", aseguró Graciela Teouzé, presidenta de la asociación.
Cuidar a los UDI es un compromiso que no sólo la Asociación Intercambios ha tomado, sino que también se extiende a toda la comunidad. Un equipo conformado por operadores técnicos y vecinos recorre dos veces por semana las calles para encontrarse con los drogadictos o los contacta directamente en sus casas.
Red de usuarios
¿Por qué en Avellaneda? La realidad es que esa localidad no fue elegida desde un principio, sino que fue realmente difícil acceder a una red de adictos. Se entiende que por tratarse de una actividad ilegal, nadie confiesa abiertamente que usa drogas inyectables.
"Nos costó muchísimo poder contactarlos. Buscábamos usuarios activos que no estuviesen en instituciones para su recuperación ni presos. Después de un tiempo, dimos con una persona que nos permitió llegar a este grupo de gente que vive en Avellaneda. Esa es la simple razón de por qué allí", dijo Touzé.
El proyecto, para quienes lo llevan adelante, es muy importante, pero ciertamente limitado. Los kits llegan a 55 personas de Avellaneda cuando se estima que en toda la Argentina hay cerca de 65.000 usuarios de drogas inyectables. "Todos los centros de salud del país deberían poner en práctica este sistema para poder hacer frente a la epidemia de sida", aseguró Touzé.
Un grupo vulnerable
El Programa Nacional de Sida, del Ministerio de Salud de la Nación, tiene 17.615 enfermos registrados hasta el año último, aunque se calcula que esa cantidad asciende a 20.460, si se suman los casos que no se denuncian. Esta cifra no incluye a los portadores de HIV que aún no han desarrollado la enfermedad.
El 39,7% contrajo el mal por compartir jeringas inyectadas, o sea que son UDI; el 24,8% son hombres que se contagiaron al tener relaciones con otros hombres; el 22,7%, a través de prácticas heterosexuales, y el 6,8% se contagió por transmisión vertical (de madres a hijos, durante el parto).
La relación entre géneros en los enfermos de sida es de 3 varones por cada mujer (3 a 1), en cambio, esa proporción asciende a 6 a 1 entre los UDI. El 94% de ellos se concentra en la Capital, el Gran Buenos Aires, las ciudades de Rosario y Córdoba.
De acuerdo con un estudio nacional sobre sustancias adictivas de la Secretaría de Programación para la Prevención y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar), 49.993 hombres y 14.565 mujeres se inyectan cocaína en la Argentina. Estos sólo representan el 9,6% de los usuarios de esa droga, ya que los demás usan otras vías.
¿Cómo los recibieron la primera vez que fueron a entregar los kits? "En un principio hubo bastante sorpresa, porque hasta ese momento sólo les llegaban mensajes que decían "dejá la droga". Pero entendieron que era por su bien y están muy agradecidos", dijo Cymerman.
Consciente de que inyectarse es la más peligrosa de las formas de drogarse, Touzé aseguró que intentan también disuadir a los UDI para que, si no pueden abandonar la cocaína o cualquier otra sustancia que se inyecten, al menos usen otra técnica.
"Les decimos que se dejen de "picar", porque el contagio es mucho más fácil por vía intravenosa y, además, hay una serie de problemas relacionados con los abcesos o infecciones", explicó.





