
Rescate en la alta montaña
Emergencia: un grupo de voluntarios trabaja todo el año en el Club Andino Bariloche para prevenir e intervenir en accidentes.
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SAN CARLOS DE BARILOCHE.- Un llamado de alerta puede ocurrir en cualquier momento. Generalmente es inoportuno, pero nunca imprevisto: hay medio centenar de personas comprometidas para participar de inmediato del rescate en la montaña.
Son los miembros de la Comisión de Auxilio del Club Andino Bariloche (CAB), la única del país que funciona de modo estable todo el año y obligada contracara del irresistible atractivo de la cordillera.
Este verano, como en los anteriores, más de 15.000 personas recorrieron los cerros y la decena de refugios que rodean Bariloche. Con ese número, los accidentes son un dato esperado.
Es que la montaña "es un lugar bello, pero peligroso. O, para ser más justo: bello y peligroso", sostiene Toncek Arko, periodista y montañista. "Allí coexisten el vértigo y la paz. Una tormenta en la ciudad se cura con un techo y chocolate, pero en la montaña puede ser fatal."
Mirando la nieve
La experiencia indica que los errores se dan en los lugares menos expuestos, donde el descuido, la inexperiencia o la imprudencia hacen lo suyo. Basta ver las 50 muertes ocurridas en este más de medio siglo y advertir que dos tercios fueron turistas bisoños.
La CAX, como se la identifica familiarmente, es de esas instituciones cuyo anhelo es ser superfluas. Pero más de 200 salidas en los últimos 66 años revelan la vital necesidad de su existencia.
De hecho, nació con la tragedia. Fue en febrero de 1934, a poco de la fundación del club, el segundo y decano entre sus pares del país.
Dos italianos se habían perdido en el cerro Tronador. La patrulla formada por los andinistas Mailing, Venzano y Claussen no dio con los escaladores, pero despertó la necesidad de organizar el rescate.
Los accidentes no eran frecuentes todavía, pero poco después Hermann Hesse sobrevivió a uno en el cerro Puntiagudo, donde falleció su compañero de escalada.
Desde entonces, la tarea ha sido incesante. No sólo se trata de acudir en busca de un caminante en desgracia. En su historial puede encontrarse el rescate de varios aviones caídos en la zona. Uno de ellos refleja el conocimiento que sus miembros tienen de las montañas.
Fue en agosto del 55, mientras se realizaba en el Catedral el XIV Campeonato Argentino de Esquí. De pronto, ocurrió algo sorprendente: pasado el mediodía comenzó a caer una lluvia de cenizas.
Eran del volcán Linahue. La novedad obligó a suspender la competencia, pero tuvo además una consecuencia fatal: un avión cuadriplaza se extravió.
Aunque los testigos ubican la búsqueda en un sector, alguien confía en su memoria: "Vi algo extraño, como una roca, en la nieve del cerro Meta, que me resultó novedosa. Estaba seguro de que era el avión", recuerda Hugo Jung.
Días después, una expedición le dio la razón y se reafirma en sus amigos el respeto por quien hoy preside el Club Andino.
La CAX ha estado presente en grandes emergencias sociales, como el terremoto de 1960, que mató a 400 pobladores y sepultó a 25 personas en las montañas de la zona; la gran nevada del 84, o los incendios forestales del 87 y de los últimos cuatro años, que obligaron a crear una comisión específica.
Muchas veces actúa con fuerzas de seguridad, pero a diferencia de otros países, como Suiza o Francia, la integran voluntarios que no reciben paga por su tarea, salvo -y no siempre- el agradecimiento del rescatado.
Los miembros activos de la CAX son, en su mayoría, jóvenes de 18 a 25 años, andinistas vecinos de Bariloche. Pero también hay médicos, choferes, operadores de radio y otros cuya función es atender la angustia de familiares y amigos de quienes están en desgracia.



