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Inclusión

Residencias Universitarias: un programa de becas para jóvenes de zonas rurales

Lucía Cullen
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4 de febrero de 2019  • 15:16

Libe Nahir Corpuz es la primera en encender las luces de la residencia. A las 6, llena la mesa del comedor con sus planos, revisa las tareas pendientes y se prepara para ir a la facultad. No solo es el orgullo de su familia por haber sido abanderada de la escuela, sino también por ser la primera en terminar la secundaria y estudiar una carrera universitaria.

"Cuando atendí el teléfono y me dijeron "señorita, quedó seleccionada para el programa de Residencias Universitarias", me caí de rodillas y no pare de llorar de la emoción por 20 minutos", dice esta estudiante de Arquitectura de 19 años, oriunda de Rosario de la Frontera, Salta. Como ella, otros 224 chicos pudieron ingresar a la educación superior gracias a la Fundación Sí, que solventa todos los gastos necesarios a los jóvenes egresados de zonas rurales que no cuentan con los recursos económicos para sostenerla.

En la mesa de los Corpuz, solo circulaban los platos de fideos, papa y mate cocido. Libe esperaba a su padre hasta las 20 que llegaba de su trabajo en la construcción y se iba a dormir junto a sus tres hermanas a la habitación. La cena era un lujo que no se podía dar su familia.

"Desde chica, siempre me gustó dibujar y cada vez que pasaba por una casa me detenía maravillada con la idea de que alguien había levantado esa estructura. Cuando planteé ese interés en mi familia me dijeron que era mejor que me junte con alguien y tenga hijos. Pero yo no quería ser madre. Quería ser arquitecta", dice Libe desde su casa en Salta—una de las 9 residencias que la Fundación Si tiene en el país—, donde vive junto a otros 25 chicos.

"En los recreos le pedía ayuda a los maestros con las tareas porque mis padres no me podían explicar. Afortunadamente una amiga me compraba las fotocopias cuando no podía pagarlas. Pero cuando en clase les decía a los profes que quería estudiar una carrera ellos me contestaban que no me daría la cabeza por ser pobre", agrega Libe.

Todo cambió cuando ganó la medalla de oro en las Olimpiadas Nacionales de Geografía. Desde entonces supo que no había fronteras para cumplir sus sueños: recibió una beca de la Universidad Católica de Salta. Pero no incluía el alojamiento: "Por eso me puse a investigar alternativas y descubrí el proyecto de la Fundación. Mandé un mail contando mi historia y pidiendo tan solo un techo con tal de formarme y ser una profesional", explica esta joven que terminó la secundaria con un promedio de 9.98.

En septiembre del 2017, la llamaron de la Fundación Sí para coordinar una entrevista y tomarle los test de evaluación. "Lo que siguió fue el primer paso de mi proyecto de vida", expresa Corpuz, que pasó a segundo año y anhela con especializarse en "Hábitat y Pobreza Urbana" para mejorar las condiciones de su barrio Ramón Abdala y contribuir con la comunidad.

"El programa de Residencias Universitarias—que comenzó en 2013—brinda alojamiento, alimentos, ayuda económica para el material de estudio, viáticos, asistencia médica, psicológica, psicopedagógica y de apoyo. Este año, 100 chicos más se suman al proyecto, que funciona en Santiago del Estero, La Rioja, Córdoba, Catamarca, Neuquén, Salta y Rosario", dice Jesu Espil, coordinadora de prensa de la Fundación Sí.

jóvenes de la Residencia Universitaria de Catamarca junto a Manuel Lozano, director de la Fundación Si
jóvenes de la Residencia Universitaria de Catamarca junto a Manuel Lozano, director de la Fundación Si

Uno de los mayores desafíos que deben enfrentar los chicos que ingresan es el desarraigo. Cada vez que Corpuz se tenía que despedir de su familia, lloraba al ver sus figuras convertirse en un punto desde la ventana de colectivo.

Pero la mayoría de los estudiantes entrevistados expresan que el deseo de tener un título y la contención que reciben de la Fundación y de sus compañeros, los impulsa a sortear los obstáculos. "Es como una familia. A veces no hace falta ni hablar lo que nos pasa. Con unos mates compartidos ya estás mejor", agrega Agustina Vera (21), oriunda de Chamical, La Rioja, estudiante de medicina en la Universidad Nacional de La Rioja.

Fabián Gustavo Suárez (23) se crió entre cultivos de sandía, melón y granos de maíz en una zona rural a 8 kilómetros de Icanio, un pueblo santiagueño. A los 13 empezó a trabajar en la cosecha junto a su padre. Su familia ya se había acostumbrado a vivir sin luz eléctrica y a depender de las lluvias para sacar agua del aljibe.

Fabián cursó la secundaria en una escuela rural especializada en Apicultura, donde descubrió su vocación y entendió que era necesario estudiar para ofrecer un mejor porvenir a su familia. "Al principio me costó adaptarme a la vida de ciudad y hasta a veces pensé en abandonar pero el deseo de volver a mi pueblo, instalar una Pyme y generar trabajo, me motivó a seguir adelante", dice Suárez, que le quedan 3 materias para recibirse de Técnico en Apicultura en la Universidad Nacional de Santiago del Estero y vive actualmente junto a otros 16 chicos en la residencia de esta localidad.

Celebración de voluntarios de la Fundación Si junto a jóvenes de la residencia universitaria de La Rioja
Celebración de voluntarios de la Fundación Si junto a jóvenes de la residencia universitaria de La Rioja

Florencia Gómez (26), es una de las 8 egresadas del proyecto. Cuando estaba en segundo año de Profesorado en Educación Especial en el Instituto Rodolfo Argentino Díaz de Santiago del Estero, su madre enfermó y su padre ya no le podía pagar la cursada. "En mayo, ya estaba por volverme, con mucha frustración porque iba a ser la primer profesional en mi familia. Pero algo del orden del destino hizo que me quede: ese mismo mes conocí a la coordinadora del proyecto. Hice las pruebas y fui elegida. La fundación no solo me ayudó a terminar mi carrera, sino también me brindó contención psicológica para superar una situación de abuso sexual que sufrí en la adolescencia", dice Gómez, que trabaja como acompañante terapéutica.

Todos los años, los voluntarios de esta ONG recorren las escuelas secundarias de sectores vulnerable para visibilizar el proyecto. "La brecha entre zonas rurales y centros urbanos es cada vez mayor. La demanda por conseguir un cupo creció mucho. El año pasado se inscribieron 1200 chicos", explica Manuel Lozano, Director de la Fundación, que sostiene el proyecto a través de donaciones de empresas y de personas particulares.

¿Qué le dirían estos jóvenes a otros estudiantes secundarios de zonas inhóspitas? "No existen los imposibles. Confíen en lo que sueñan y vayan por eso porque ese anhelo te permite superar las dificultades y seguir en pie", concluye Vera.

Acerca de Fundación Sí

Entre otros proyectos impulsados por la ONG, se encuentran las "Recorridas Nocturnas" que acompaña a quienes viven en situación de calle, el programa "Sí Pueden" que trabaja en el desarrollo emocional del niños y adolescentes, el Banco de Instrumentos Musicales, la asistencia en Catástrofes Naturales, etc.

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