
Rodrigo, como un héroe griego
En vida lo aclamaron como rey de los cuartetos, de la bailanta, ídolo, y, por supuesto, como El Potro. Pero lo que el cantante Rodrigo seguramente nunca imaginó es que, tras su muerte, iba a ser comparado con el paradigma del héroe griego por destacados intelectuales. Y que, además, su imagen iba a quedar como un símbolo de las necesidades y los anhelos de buena parte de los argentinos.
El pensador Santiago Kovadloff, el ensayista Juan José Sebreli, el sociólogo Luis Alberto Quevedo y el semiólogo Oscar Steimberg coincidieron en señalar que el artista cordobés se une a Rodolfo Valentino, James Dean, Carlos Gardel, Lady Di y, más cerca de nosotros, la bailantera Gilda en la lista de vidas cortadas en su momento de esplendor: jóvenes bellos y exitosos que murieron dejando una promesa inconclusa.
"El origen mitológico es muy interesante -explicó Kovadloff en diálogo con La Nación -. Los dioses del Olimpo, envidiosos de que los humanos contaran con figuras tan colmadas de atributos, los raptaban para llevarlos al lado de ellos, y Rodrigo entra perfectamente en esta configuración."
Para Kovadloff, se trata de una necesidad periódica de la sociedad que remite a su fondo más arcaico. "No tiene, en ese sentido, originalidad nacional, sino que es la expresión nacional de un fenómeno planetario y atemporal -dijo-. Sólo que la lucidez de Rodrigo consistió en saber qué decir y a quiénes en el momento oportuno, incorporando al mundo de la canción a los marginados de la poesía y permitiéndoles un papel protagónico."
Justamente, las letras de sus canciones, que reflejan los problemas de los sectores más populares en un momento de crisis económica, "están muy vinculadas con la búsqueda de una identidad determinada, a diferencia de otros cantantes bailanteros que se dirigían a fenómenos más universales, como el amor", agregó Quevedo, ex decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires.
Pero es el mito griego el que también puede explicar las teorías sobre atentados que inmediatamente comenzaron a surgir.
"Frente a la juventud, el éxito y la belleza, se vuelve insoportable la idea de muerte, y un accidente es algo demasiado débil como para explicarlo -continuó el sociólogo-. Por eso se multiplican las búsquedas de conspiraciones, pero también de signos que la pronosticaban."
Santuarios y suicidios
Respecto de los santuarios que están apareciendo en su nombre, los suicidios de admiradoras, los milagros atribuidos y la madre que alterna rezos con conferencias de prensa, el semiólogo Oscar Steimberg opinó que es una vuelta a las costumbres previas a la modernidad, que instauró un mayor desapego con respecto a la muerte y moderación en las expresiones de congoja.
"Estas explosiones de fervor duelístico también son una reacción contra los cultos tradicionales, que tienen una disciplina ritual que deja afuera expresiones de desesperada esperanza", comentó.
Para el titular de la cátedra de Semiótica de los Géneros Contemporáneos de la UBA, "Rodrigo quedó como un símbolo de una parte de los sectores postergados, para los cuales el culto a la imagen con elementos mágicos permite un tipo de inclusión más fácil que religiones que exigen un largo proceso de aprendizaje para pertenecer".
Intercambio directo
Para Quevedo, el uso que Rodrigo dio a su cuerpo en vida también puede explicar las reacciones frente a éste una vez muerto.
"Los ídolos bailanteros tienen una relación muy especial con su público, los tocan, les gritan, en un intercambio directo que no existe, por ejemplo, con las estrellas de cine, que se miran más a distancia -dijo-. Entonces la desaparición del ídolo es también la desaparición del cuerpo, e ir a las puertas de la autopsia, seguir la procesión fúnebre o ir al santuario es ir a buscarlo, en una relación que va mucho más allá de la música."
También es fundamental para comprender la histeria desatada que -si bien Rodrigo era un ídolo masivo per se - él mismo haya reforzado el hecho rodeándose de ídolos de masas, como Maradona o Tinelli, como para incorporarse a ellos en el imaginario popular.
"Es emblemático que haya muerto llevando al hijo de Olmedo: no lo conocía, pero lo llevó en su camioneta por ser el hijo de ...", agregó Quevedo, quien aclaró que el fenómeno hay que leerlo a partir de la cultura popular por la que atraviesa todo el siglo XX, con el rol fundamental de los medios de comunicación y el star system .
Como prueba, basta con ver hasta qué punto el fenómeno Rodrigo era una creación de la televisión y las revistas a partir de un gran carisma ("era pura presencia, no sabía cantar y su voz era áspera y desagradable", opinó Sebreli) y el festín mediático que rodeó su muerte.
Pero el fanatismo también fue exacerbado porque Rodrigo partió el campo de la bailanta al pasarse al cuarteto y luego distanciarse públicamente de su máximo referente, la Mona Jiménez. "Daba pelea dentro de la cultura popular. Entonces seguirlo era como ser fanático de Boca, en contra de River", agregó.
Si bien esto sirvió para vender entradas para los shows y luego para subir el precio de las parcelas en su cementerio, esa veneración presenta particulares riesgos para las sociedades que buscan ser democráticas y tolerantes.
Así lo asegura Juan José Sebreli, quien subrayó la ironía de que "el fanatismo en la política, la religión o las ideas es condenado, pero se vuelve una virtud en la música de rock o bailanta y el deporte".
Y concluyó que ese culto al ídolo no es más que "una trivialización del líder carismático de los regímenes totalitarios o del caudillismo local, que con tanto esfuerzo nos estamos tratando de sacar de encima".
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