Se conoce hoy la sentencia por el crimen de Ezequiel Demonty
Hay nueve oficiales y suboficiales de la Policía Federal acusados de homicidio
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Hoy por la tarde se conocerá el veredicto del juicio oral que se impulsa contra nueve integrantes de la Policía Federal, acusados del crimen del joven Ezequiel Demonty, ocurrido en el Riachuelo, hace dos años.
Previamente, a las 10, los imputados tendrán la oportunidad de dirigir sus últimas palabras ante los jueces del Tribunal Oral N° 8, encargados de juzgarlos.
En su alegato, el fiscal del juicio, Luis Misculín, pidió penas de reclusión y prisión perpetua para nueve oficiales y suboficiales de la Policía Federal por el delito de "secuestro seguido de muerte" en perjuicio de Demonty y sostuvo que cometieron también "tentativa de homicidio" contra los otros dos jóvenes que acompañaban a la víctima.
En tanto, la madre de Ezequiel, Dolores Sigampa, pidió como querellante, a través del abogado José Vera, reclusión perpetua e inhabilitación absoluta para ocho de los oficiales y suboficiales procesados y prisión perpetua para el suboficial Funes, por considerarlos coautores del delito de tortura seguida de muerte.
Demonty falleció el 14 de septiembre de 2002, luego de que un grupo de policías de la comisaría 34a. lo detuvo, en el barrio de Pompeya, junto a dos amigos, Claudio Maciel y Julio Paz, porque presuntamente habían cometido un robo.
Luego, según las declaraciones de los testigos, los policías llevaron a Ezequiel y a sus amigos al Riachuelo.
Allí, los policías los habrían obligado a arrojarse al agua, pero mientras Maciel y Paz lograron salvarse tras cruzar a nado a la otra orilla, Demonty murió ahogado porque no sabía nadar.
El martes último, el abogado Ramón Noailles, defensor del subinspector Gastón Somohano, quien aparece como el más comprometido en el crimen, ya que estuvo a cargo del procedimiento previo a la muerte de Demonty, había solicitado la absolución de su defendido.
En su alegato, el letrado destacó la "mendacidad" de los testimonios vertidos frente al tribunal. El letrado negó también, pese a los dichos de los otros policías acusados, que Somohano hubiese sido el responsable de ordenar a Demonty y a sus amigos, Maciel y Paz, que se arrojaran al Riachuelo.
En el debate también alegó el defensor oficial Javier Marino, quien solicitó la absolución de su cliente, el sargento Luis Funes, y responsabilizó de todo lo ocurrido a Somohano. Pedidos similares formularon las defensas del resto de los acusados, Gabriel Barrionuevo, Luis Gutiérrez, Maximiliano Pata, Sandro Granados , Jorge Solís, Alfredo Fornasari y José Luis Martínez.
Marino remarcó que Funes, al advertir que no iban a llevar a los chicos a la comisaría, "se negó a bajar a Ezequiel del patrullero", pero luego aceptó la orden "por temor a una falta administrativa".
Los pedidos de condena
- Para los oficiales Gastón Somohano -hijo de un ex jefe de la policía bonaerense- y Gabriel Barrionuevo, el fiscal de juicio, Luis Misculín, solicitó la pena de reclusión perpetua. Una condena similar pidió para el cabo 1° Alfredo Fornasari.
- Mientras que para los suboficiales Luis Funes, Sandro Granados, Luis Gutiérrez, Jorge Solís, Maximiliano Pata y José Luis Martínez, el representante del Ministerio Público solicitó que fueran condenados a prisión perpetua.
- En su alegato, el fiscal manifestó que durante el juicio se había acreditado que Ezequiel Demonty y sus amigos Claudio Maciel y Julio Paz, el 14 de septiembre de 2002, fueron llevados por los nueve policías acusados hasta orillas del Riachuelo, donde los obligaron a arrojarse al agua.
- "Se ha solucionado en el lugar. Aprendieron a nadar", le habría confesado Somohano a uno de sus compañeros, según declaró en el juicio, el oficial inspector Luis García, que escuchó esa conversación.
- Durante el juicio declaró una testigo de identidad reservada, de 19 años, quien para proteger su vida no usa su verdadero nombre. La mujer dijo que estaba con Ezequiel cuando fue detenido por los policías y dijo que era una costumbre que los uniformados obligaran a los jóvenes que detenían a arrojarse al Riachuelo.





