“Se puede vivir sin probar carne”

Carlos Sanzol
Carlos Sanzol LA NACION
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22 de mayo de 2016  

"¿No comés carne vacuna, pero sí carne de pollo?", me preguntan con extrañeza cada vez que comparto una comida con gente que recién conozco. Y lo entiendo: no soy vegetariano, pero tampoco un carnívoro puro y duro. Soy un comensal bastante freak.

Desde hace unos seis años que no incorporo carne vacuna a mi menú diario. No recuerdo ya cómo sabe una milanesa y menos aún un buen asado. Abandoné la carne vacuna por una mezcla –arbitraria– de razones de salud y filosóficas. En primer lugar, siento que mi cuerpo no está hecho para digerirla. No consulté con ningún médico: me lo diagnostiqué. Y la verdad es que se puede vivir sin probar una porción de ella. La decisión no fue fácil porque, en el país de la carne, siempre hay alguien que amenaza con el fantasma de algún trastorno. Me alarmaron con frases del tipo "vas a estar anémico" o "te van a faltar proteínas". Pero, hasta el momento, ninguna de las advertencias se hicieron, valga el uso de la figura en este contexto, carne.

Detrás de las razones de salud, aparecieron las "filosóficas". Llegaron con los 20 minutos finales de la película Fast Food Nation. En el film, que denuncia las nefastas condiciones de salubridad de un frigorífico, se muestra la crueldad con la que mueren las vacas para terminar servidas en forma de hamburguesas. Una escena de esas que obligan a taparse los ojos.

Quizá, necesitaba de esas imágenes para terminar de decidirme. Al menos, unas cuantas vacas no morían por mí. Sí, lo sé: se preguntarán por qué no aplico el mismo argumento para los pollos. Sólo tengo para responder dos cosas: la primera, soy un mar de contradicciones, y, la segunda, no tengo el mismo nivel de compasión por las vidas de las vacas que por las de las aves. Sepan disculpar los veganos.

De todos modos, creo que estoy a un paso de convertirme en un vegetariano total. Cada vez que mastico carne de pollo, pienso, con culpa, en la pobre ave viva, libre y que corre a sus anchas por ahí.

Sin embargo, por ahora, aún tendré que responder a esa pregunta inquisitiva y con expresión de extrañeza: "¿No comés carne vacuna, pero sí carne de pollo?".

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