
Se renueva la esperanza frente a San Cayetano
Los fieles ya hacen cola en el templo situado en Liniers
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Una angarilla protege al santo patrono del trabajo del frío y de la lluvia, y un poco más abajo se lee, en azul y cursiva: "Horacio, de Tapiales, y sus amigos". La pequeña imagen del santo -apoyada con delicadeza sobre las baldosas irregulares de la vereda- sirve de punto de partida para la larga cola que renueva la tradición en el barrio de Liniers: cientos, miles de fieles que, con varios días de anticipación al 7 de agosto, se acercan hasta la parroquia de San Cayetano y reservan su lugar para, ese día, agradecer y pedir pan y trabajo.
Etelvina Quiroga, Marta Paceli e Inés Moreno fueron las primeras en llegar este año: el martes último instalaron sus sillas de playa en la esquina de la parroquia, se acomodaron en sus frazadas y pusieron a funcionar sin descanso sus equipos de mate. Cuando en los primeros minutos del 7 de agosto el padre Gerardo Castellanos abra las puertas de su parroquia y reciba a sus fieles, ellas serán las primeras en acariciar los pies gastados del santo.
"Yo vengo a agradecer que, a esta edad, mi marido haya conseguido un trabajo nuevo y tengamos otra oportunidad", decía ayer por la tarde Etelvina Quiroga, de 64 años. Durante 25 años, Etelvina y su marido, Armando, tuvieron un vivero en el barrio de Villa del Parque. La crisis lo cerró hace un año y medio y, ahora, Armando es empleado en una gestoría.
"Es muy triste todo lo que está pasando en la Argentina. Yo nunca vi tanta hambre y tanta violencia como ahora", dice Inés. Y agrega: "Por eso venimos a pedir por el país y por los gobernantes, para que maduren y empiecen a preocuparse por la gente".
Inés Moreno tiene 50 años y es vecina de San Justo. Cuando habla, su voz se enciende y no puede disimular su enojo. Lo mismo le pasa a Marta: "Es injusto para la gente que trabajó toda su vida, y también es injusto para los jóvenes que no tienen por dónde empezar. Mi hija tiene 28 años y se fue a vivir a Miami porque el novio conseguía trabajo allá y acá no", dice.
A su lado está Horacio, "de Tapiales", un hombre de 62 años que, callado, asiente con convicción lo que Inés, Marta y Etelvina dicen. "Lo mal que están las cosas lo demuestra el hecho de que, hace 35 años, cuando empezamos a venir, no había las cuadras y cuadras de cola que hay ahora", afirma Horacio.
Celebrar a pesar de todo
El padre Gerardo Castellanos asegura que es imposible predecir cuánta gente visitará a San Cayetano este año, pero que él espera alrededor de 700.000 personas. "Uno puede pensar que porque la crisis se agravó va a venir más gente, pero también es cierto que por ese mismo motivo muchos ya no pueden pagar el boleto de colectivo", razona el cura párroco. Y agrega: "En estos momentos yo quisiera rescatar los valores del pueblo argentino: su solidaridad y su capacidad de celebración, aun en medio de las dificultades."
En el 455 aniversario de la muerte de San Cayetano, el padre Castellanos dará misa y bendecirá a sus fieles durante todo el día. El festejo culminará cuando, a las 23, el arzobispo de la ciudad de Buenos Aires, cardenal Jorge Mario Bergoglio, celebre la última misa de la jornada.
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