
Secuestran al padre de los hermanos Milito
Uno juega en Independiente y el otro en Racing; actuó una banda de cinco delincuentes que se movilizaban en dos autos
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"Ya escuchaste a tu viejo. Viste que está bien. Si querés volver a verlo con vida tenés que pagar 200.000 dólares. Tenés cinco horas para juntar la plata." Tal fue la advertencia que uno de los cinco delincuentes que secuestró a su padre le hizo a Gabriel Milito, el zaguero de Independiente, según revelaron a LA NACION allegados a la familia.
Jorge Salvador Milito, el padre de los futbolistas Gabriel y Diego, fue secuestrado ayer, a las 13.20 en la esquina de su casa, situada en Fleming y Leandro N. Alem cuando llegaba de su taller de tornería, en el barrio La Cañada, de Bernal Oeste.
Gabriel fue el primero en atender el teléfono, pues recién había regresado del entrenamiento que el plantel de Independiente realizó en el predio de Villa Dominico. Su hermano mayor, Diego, que juega en Racing, arribó más tarde al chalet de Fleming 476, debido a que el entrenamiento de su equipo se realizó en Escobar.
Veinte minutos después de que cinco delincuentes se llevaran a su padre, Gabriel recibió el primer llamado, efectuado, presumiblemente, desde un teléfono celular. Como prueba de vida, los malvivientes dejaron hablar al cautivo.
En esa comunicación, Jorge Milito le dijo a Gabriel que lo habían secuestrado. Luego, uno de los delincuentes tomó el teléfono y le avisó al futbolista que lo volverían a llamar para decirle la suma dinero que debían pagar.
A las 14.10, el capitán de Independiente atendió la segunda comunicación en el living de su chalet de dos plantas, con frente de ladrillos a la vista y techo de tejas verdes. En este llamado, el futbolista escuchó la voz de otro de los secuestradores, quien planteó las condiciones para liberar a Milito padre. Exigió un rescate de 200.000 dólares, de acuerdo con lo que relataron a LA NACION amigos de la familia.
Según dijeron vecinos de la familia Milito y testigos del hecho, el padre de los futbolistas fue secuestrado a las 13.20, a pocos metros de su casa en la esquina de Fleming y Leandro N. Alem.
Jorge Milito llegaba a su casa a bordo de su Chevrolet Vectra blanco cuando fue interceptado por tres delincuentes que viajaban en un Ford Escort marrón. Dos de los malvivientes descendieron del automóvil y, a punta de pistola tomaron de los pelos al padre de los futbolistas, lo sacaron del asiento delantero y lo metieron a los empujones en el piso, en la parte trasera del auto.
Uno de los delincuentes se sentó al volante del Chevrolet, mientras su cómplice apuntaba con un arma a Milito. Entonces, los malhechores escaparon por la calle Leandro N. Alem, seguidos de cerca por otro vehículo en los que se desplazaban otros dos cómplices de la banda.
"Yo los vi pasar. Estaban ubicados en el coche de tal forma que parecía que la persona que iba atrás viajaban en un remise. Nadie podría pensar que se trataba de un secuestro. Creo que a Jorge lo llevaban en el piso", dijo uno de los vecinos a LA NACION.
De acuerdo con este testigo, el delincuente a bordo del Ford Escort siguió al Chevrolet. Unos segundo más tarde, también pasó por el lugar, un Peugeot 405 azul.
A cuatro cuadras de allí, en la esquina de las calles 165 y Zeballos -donde esta deja de ser asfaltada- se detuvieron los tres automóviles. Los dos delincuentes descendieron del Chevrolet, lo dejaron abandonado y, con Milito, pasaron al Peugeot 405. La escena fue advertida por uno de los vecinos que había salido a pasear al perro.
"Eran cinco delincuentes. El que manejaba el coche de Milito era alto y tenía mechones rubios en el pelo. Se subió al Peugeot con Milito y cuatro delincuentes más. También me acuerdo del que manejaba el Ford Escort. Tenía un parche en la nariz", dijo a LA NACION, un vecino de dicha esquina que, por miedo solicitó mantener la reserva de su identidad.
Luego, los secuestradores dieron la vuelta a manzana, tomaron por la calle 166 hacia Zapiola y por allí se dirigieron hacia el Camino General Belgrano, en la zona de Monte Chingolo.
"Esto fue una clara maniobra de distracción, para que la policía se dedicara a buscar el Chevrolet blanco. En el lugar del secuestro nadie había visto el Peugeot 405 azul. Cuando la policía encontrara el automóvil de Milito, los secuestradores ya estarían lejos del lugar", dijo una importante fuente policial.
El último llamado de los secuestradores se produjo a las 17. Hasta la medianoche Gabriel y Diego Milito no habían tenido noticias de su padre.
Es la segunda vez que el ambiente del fútbol se ve conmovido por un secuestro extorsivo. Cristian Riquelme, hermano de Juan Román, fue liberado el 5 de abril último tras el pago de 160 mil dólares de rescate
Dos figuras en veredas opuestas
El sueño de mamá Mirta y papá Jorge era verlos jugar profesionalmente en el mismo equipo. Hasta el momento, sin embargo, las vueltas de la vida lo impidieron. Curiosamente, Diego Alberto y Gabriel Alejandro Milito actúan respectivamente en Racing e Independiente, los eternos rivales de Avellaneda. Son muy amigos, duermen en la misma casa, en la misma habitación, pero el domingo defienden intereses totalmente contrapuestos.
La ilusión de Mirta y Jorge estuvo cerca de cumplirse, eso sí, ya que tras jugar juntos en el club Viejo Bueno (participaba en la Liga de Quilmes), Diego y Gabriel decidieron probarse en Independiente, pero el mayor (Diego) faltó a un partido y no quiso volver más al Rojo . Fue entonces cuando Diego cambió de vereda y logró mejor suerte en las inferiores de la Academia. Gabriel, mientras tanto, se quedó en Independiente. A partir de allí desarrollaron respetables carreras convirtiéndose en figuras de sus equipos.
Diego y Gabriel
Diego, de 23 años, es un impetuoso y habilidoso delantero que varias veces fue cuestionado por los hinchas de Racing debido a su intermitencia en el rendimiento. "Nunca termina de explotar", se lamentaban. Pero el Principito (lo llamaron así por su parecido físico con Enzo Francescoli) maduró deportivamente y fue parte del plantel que logró el título Apertura 2001, luego de 35 años de frustraciones. En la primera del conjunto albiceleste, Diego actuó en 86 partidos y convirtió 12 tantos.
Gabriel, que en dos semanas cumplirá 22 años, disputó 93 encuentros y logró 2 goles. Además, fue integrante de varios seleccionados juveniles y jugó un partido en la selección mayor.
Defensor zurdo y temperamental, el 24 de marzo del año último Gabriel sufrió el mayor golpe de su carrera tras romperse los ligamentos cruzados de la rodilla derecha, lo que le deparó una inactividad de casi 11 meses. Su fuerte carácter le permitió recuperarse satisfactoriamente y, finalmente, volvió en un buen nivel para el actual torneo Apertura, donde Independiente es uno de los máximos animadores.
Sebastián Torok





