
Seis síntomas de demencia que pueden aparecer años antes de un diagnóstico
Los cambios en el sueño y en la forma de caminar pueden comenzar mucho antes que los problemas cognitivos
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WASHINGTON.- El deterioro de la memoria y del pensamiento son los síntomas más comunes asociados con un diagnóstico de demencia. Sin embargo, los síntomas no cognitivos pueden aparecer años o incluso décadas antes.
La enfermedad de Alzheimer, que representa entre el 60 y el 80% de los casos de demencia, puede progresar a través de tres etapas principales. La primera etapa puede comenzar entre 15 y 20 años antes de cualquier cambio evidente en la cognición. Durante ese tiempo, el cerebro comienza a reducir su volumen y las proteínas mal plegadas que son una característica distintiva del Alzheimer empiezan a acumularse: placas pegajosas de beta-amiloide en el cerebro y ovillos de tau en las neuronas.
A esto le sigue el deterioro cognitivo leve, cuando las personas comienzan a tener problemas notorios con la memoria y la cognición, pero por lo demás mantienen un buen funcionamiento general. Luego llega la etapa de demencia, cuando múltiples dominios cognitivos están deteriorados, lo que lleva a una incapacidad para funcionar de manera independiente en la vida cotidiana.
Los científicos creen que los cambios biológicos en el cerebro durante la primera y la segunda etapa pueden causar síntomas emocionales, sensoriales y físicos incluso años antes de un posible diagnóstico.
“Podés tener muchos de estos otros precursores y no presentar ningún síntoma cognitivo”, dijo Timothy Chang, profesor asociado de neurología en la UCLA.
Por supuesto, los expertos advierten que tener síntomas tempranos asociados con un mayor riesgo de Alzheimer no significa necesariamente que una persona vaya a desarrollar demencia, y alrededor del 45% de los casos son prevenibles con cambios en el estilo de vida.
Estos son seis síntomas tempranos que suelen aparecer en personas que más adelante reciben un diagnóstico de enfermedad de Alzheimer.
Depresión y ansiedad que comienzan más tarde en la vida
La depresión es un factor de riesgo conocido para la demencia. Un estudio de 2023 realizado con más de 1,4 millones de adultos daneses encontró que el riesgo de demencia era 2,4 veces mayor entre quienes habían sido diagnosticados con depresión.
Pero la depresión y la ansiedad que se desarrollan más tarde en la vida, alrededor de los 55 o 60 años, también pueden ser señales de advertencia de que algo no está funcionando bien.
“La idea es que algunos de los cambios en las redes cerebrales que ocurren al comienzo de la demencia también afectan la salud mental”, por lo que los cambios en la salud mental son “una señal de posibles cambios tempranos en la función cerebral”, dijo Chang.
Los investigadores también encontraron que tener estos síntomas relacionados con el estado de ánimo puede acelerar la progresión de la demencia.
Aumento de la apatía, la irritabilidad o la agitación
Los síntomas neuropsiquiátricos, como la irritabilidad y la agitación, son comunes en la enfermedad de Alzheimer y pueden aparecer antes de que ocurra el deterioro cognitivo.
Un estudio de 2017 realizado con unas 1400 personas encontró que alrededor del 31% de los adultos mayores cognitivamente sanos tenían síntomas relacionados con el estado de ánimo, frente a cerca del 47% entre aquellos con mayor riesgo de demencia y alrededor del 54% en personas con deterioro cognitivo leve.
Entre el 50 y el 60% de las personas con biomarcadores de patología de Alzheimer tienen al menos un síntoma neuropsiquiátrico, dijo Adam Turnbull, instructor de psiquiatría y ciencias del comportamiento en la Universidad de Stanford, quien escribió un artículo reciente sobre las alteraciones en la regulación emocional en la enfermedad de Alzheimer preclínica.
“Si simplemente sentís que estás enojado e irritable todo el tiempo, que reaccionás mal con la gente y que tus relaciones parecen estar marcadas por conflictos constantes y un clima negativo, entonces buscá apoyo en salud mental”, recomendó Turnbull, en referencia a la consulta con un psiquiatra especializado en adultos mayores.
Problemas para dormir
Debido a que dormir bien puede tener un efecto protector, dormir mal puede funcionar como “un indicador de que algo está saliendo mal”, dijo Turnbull.
La apnea del sueño y otros trastornos del sueño, incluida la somnolencia diurna excesiva, el síndrome de piernas inquietas y los trastornos del ritmo circadiano, están asociados con un mayor riesgo de demencia, según un metaanálisis de 2025 que reunió 39 estudios.
El insomnio o el descanso nocturno reducido también pueden preceder a la demencia. Un estudio realizado con más de 4400 adultos mayores cognitivamente sanos encontró que dormir menos durante la noche o dormir más durante el día estaba asociado con una mayor acumulación de beta-amiloide, una característica biológica de la enfermedad de Alzheimer, en el cerebro.
Por otro lado, cada hora adicional de sueño nocturno se relacionó con niveles más bajos de beta-amiloide. Las investigaciones sugieren que el sueño puede ayudar a eliminar desechos, incluido el beta-amiloide, del cerebro.
Por supuesto, no hay que preocuparse por una siesta a la tarde. Pero dormir mucho durante el día y después no poder dormir bien a la noche puede ser un motivo de preocupación, señaló Turnbull.
Pérdida del sentido del olfato
Nuestra capacidad para oler está vinculada con la salud cerebral, y perder este sentido suele ser una de las primeras señales de trastornos neurodegenerativos, incluidos la enfermedad de Alzheimer y la enfermedad de Parkinson. Alrededor del 85% de las personas con Alzheimer en etapa temprana tienen problemas para oler.
La nariz tiene una conexión única con el cerebro. En comparación con otros sentidos, como el oído y la vista, la información relacionada con el olfato se envía de manera más directa a la corteza cerebral, donde luego se conecta con áreas importantes para la cognición, la memoria y el estado de ánimo, incluidos el hipocampo y la amígdala.
Curiosamente, el nervio olfativo tiene capacidad de regeneración y las personas pueden mejorar el olfato mediante entrenamiento. Incluso existe evidencia preliminar de que el entrenamiento olfativo puede mejorar la cognición, incluso en personas con una capacidad normal para oler.
Caminar más lento
Durante años, cambios como caminar más despacio, dar pasos más cortos o tener una zancada más amplia se consideraron una parte normal del envejecimiento. Sin embargo, las investigaciones sugieren ahora que estos cambios pueden preceder y predecir el deterioro cognitivo y otros problemas neurológicos.
Un estudio de 2024 realizado con más de 1.300 adultos sanos mayores de 65 años encontró que la capacidad para caminar, incluida la velocidad de marcha y la capacidad de girar 360 grados, disminuyó hasta una década antes del deterioro cognitivo.
Menor fuerza de agarre
La fuerza de agarre está estrechamente relacionada con un envejecimiento saludable y puede ser un mejor indicador de la esperanza de vida que la presión arterial.
Una menor fuerza de agarre también se asocia con una peor salud cognitiva. Un estudio reciente que analizó a más de 190.000 adultos encontró que cada disminución de 11 libras (aproximadamente 5 kilos) en la fuerza de agarre se asociaba con un aumento del 20% en el riesgo de demencia en los hombres y del 12% en las mujeres. Una menor fuerza de agarre también se relacionó con puntajes más bajos en la resolución de problemas y un peor desempeño en una prueba de memoria.
La fuerza de agarre es una de las maneras en que los médicos evalúan la fragilidad física, junto con la forma en que una persona camina. En términos médicos, la fragilidad física significa que el organismo es más vulnerable a enfermedades y lesiones. Es tanto un factor de riesgo para la demencia como una posible señal de advertencia temprana que puede aparecer aproximadamente una década antes de que comiencen los síntomas cognitivos.
Cuándo hablar con el médico
“Si sos un adulto mayor que nota estos síntomas, no entraría en pánico ni asumiría que se trata de demencia”, dijo Turnbull. “Hay muchas posibilidades de que no tengan nada que ver con un problema neurológico”.
Pero si te preocupa tu memoria o tu capacidad de pensamiento, especialmente si aparecen junto con alguno de estos síntomas, es importante hablar con tu médico. Los avances recientes en diagnóstico, incluidos los estudios PET, la punción lumbar y un nuevo análisis de sangre, pueden detectar biomarcadores de Alzheimer de manera más temprana, lo que a su vez podría acelerar el acceso a los tratamientos.
“Creo que es bueno hacerse una evaluación y que un médico pueda dar su opinión sobre si esto es preocupante o no”, dijo Chang.
Cómo reducir el riesgo de demencia
Existe un componente genético en el riesgo de demencia, pero también hay muchas maneras de reducirlo.
El año pasado, el ensayo clínico U.S. POINTER encontró que una combinación de ejercicio, alimentación saludable, interacción social y actividades de estimulación cognitiva podría mejorar las capacidades cognitivas en adultos mayores con riesgo de deterioro cognitivo o demencia.
Otros estudios encontraron que eliminar el alcohol, recibir vacunas de manera regular y proteger la audición podría ayudar a preservar la función cognitiva.
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