
Sigue el misterio por el broche de Eva Perón
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Casi como una obsesión, en las últimas 48 horas una pregunta torturó a los cazadores de primicias ¿Quién pagó 992.500 dólares para comprar el broche que fue de Eva Perón? ¿Habrá sido, tal vez -aventuró un audaz-, un testaferro de Susana Giménez que ofertó del otro lado del teléfono para despistar?
Negativo. Primero porque es difícil imaginar que alguien haga ofertas contra sí mismo, para subir el precio que tendrá finalmente que pagar.
Y, segundo, porque es imposible imaginar que Susana quiera despistar a alguien. En todo caso, si ésa hubiera sido la intención de la diva de los teléfonos, no se viaja a Nueva York para ingresar con anteojos oscuros y novio al lado en el 502 de Park Avenue, una de las salas de subastas más rumbosas del planeta, donde ya se sabe que abundan los paparazzi.
Vinculación oficial
En tren de conjeturas, gana adeptos la hipótesis de que el comprador haya sido alguien vinculado al peronismo. Un correligionario nostálgico que se perdió el broche de Van Cleef & Arpels cuando fue rematado en el 1957 por el Banco Municipal de la Ciudad de Buenos Aires, en una subasta cuya característica saliente fue, justamente, no decir una palabra de que las joyas que salían a remate habían pertenecido a Eva Perón.
Entonces, hacerlo hubiera sido una razón para bajar los precios; del mismo modo que hoy, cuatro décadas después, con tanta agua corrida bajo el puente, sólo por su origen simbólico el broche de Van Cleef pudo alcanzar la increíble cota del millón de dólares.
"Sin el pedigree peronista, esas piezas tal vez ni siquiera hubieran integrado la subasta de Magnificent Jewels, donde Christie´s pone lo mejor que hay en el mercado", confió ayer a esta cronista uno de los joyeros más prestigiosos de Buenos Aires.
De hecho, el prendedor con forma de bandera fue el tercer precio más caro de la noche e inspiró un comentario a la hora del balance. "Varias razones han hecho de esta subasta un acontecimiento memorable. Había varios lotes clave, pero el asombroso precio logrado por el broche de Eva Perón ha sido la estrella de la noche", resumió el vocero de la ramatadora.
El precio de la fama
No es la primera vez que las subastas coronan con un superprecio la fama, la popularidad o el valor simbólico de un objeto.
Como muestra van dos botones: el vestido de Diana de Gales, con el que la princesa bailó en la Casa Blanca con John Travolta, rematado en el récord de 350.000 dólares por Christie´s un año atrás, y los 200.000 dólares que un coleccionista pagó por el collar de una vuelta de perlas que había pertenecido a Jacqueline Bouvier Kennedy Onassis.
Jackie compró el collar de perlas falsas por 5 dólares en un negocio de Madison, pero eso poco importa. El tiempo, la leyenda y la necesidad de abonar la fama de los ídolos en esta era mediática bien valen los 199.995 dólares restantes, necesarios para batir un récord.
Por Alicia de Arteaga Un caso similar al registrado en Christie´s fue el remate del retrato de Numa Ayrinhac, vendido años atrás por Posadas SA.
Un gran suspenso reinaba en la sala cuando salió a subasta el cuadro que mostraba a Eva Perón en todo su esplendor luciendo un modelo de Jacques Fath, famoso modisto de la belle époque. Tras una rápida puja el retrato quedó en manos del empresario Carlos Spadone. Los artesanos de las conjeturas dijeron en aquel momento que la pintura tenía como destinatario al presidente Menem.
Derrotada en su ley
Ironía del destino, Susana Giménez enterró sus deseos de alzarse con el valioso broche de brillantes y zafiros que perteneció a Eva Perón al ser vencida... por un llamado telefónico.
El medio de comunicación que en los últimos años le permitió ganar millones y consolidarse en el mundo de la fama le jugó esta vez, al parecer, una mala pasada. Su frustración fue tal que no tuvo reparos en abandonar con visible molestia la sala de remates de Christie´s.
Su techo de 880.000 dólares puso al descubierto su desencanto, una imagen que está lejos de mostrar en su programa de TV, en el que transmite candor y alegría no sólo a quienes ganan premios millonarios, sino también a quienes no tienen suerte en su llamado telefónico.
Pese a que tomó los recaudos para no faltar a la cita y viajar a Nueva York con tres días de anticipación para asegurarse un asiento en la sala de remates, esta vez la suerte -o la fortuna- le fue esquiva a la diva.
Lejos de despertar el drama o la tragedia, la noticia no deja de aportar un dato curioso, como es la paradoja de haber sido traicionada por el teléfono, su invalorable socio en el arrollador éxito televisivo. Sin duda, el hecho quedará registrado en el anecdotario de su larga carrera artística.
Claro que, de haberse alzado con el trofeo -versión a la que algunos medios ayer le daban crédito- la anécdota habría sido algo más que eso e inundado las pantallas de la TV. Mientras el comprador anónimo guarda celosamente el valioso prendedor que lució Eva Perón, la famosa frase "volveré y seré millones" quedó nuevamente postergada, hasta la próxima oportunidad.
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