Simón tiene tres años y necesita un trasplante urgente de riñón
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La cara de Simón se ilumina cuando se ve en la TV. Una sonrisa se le dibuja a él y a su hermano gemelo, Mateo. Ahora, muchos ya saben que este pequeño, de tan sólo tres años, espera un trasplante de riñón para poder jugar como todos los niños, meterse a la pileta con su hermano y comer algo por primera vez en su vida, pues se alimenta con una sonda nasogástrica desde que nació.
Simón tiene insuficiencia renal crónica. "Ninguno de sus dos riñones le funciona, por eso es que está a la espera de un trasplante renal cuanto antes, porque ya ha entrado en diálisis. Tanto la madre como yo somos compatibles, pero no sé por qué causa no pudimos donar", cuenta esperanzado a LA NACION Darío Zimmerman, el padre de los gemelos.
Zimmerman y su esposa, Analía Verba, son de Winifreda, 40 kilómetros al norte de Santa Rosa, La Pampa. Hace tres años que cada 10 o 15 días viajan a Buenos Aires para hacerle un seguimiento médico al pequeño en el Hospital Italiano.
"Más que nada pedimos apelar a la conciencia de la gente por la donación de órganos. Después de la muerte, hay vida, y Simón, como tantos otros, está esperando un riñón para mejorar su calidad de vida", repiten los padres que bien saben que, por el momento, no pueden hacer más que esperar la respuesta de la gente y de la ciencia.
Desde que nació, Simón tiene este problema, por eso es que, en estos tres años y medio de vida, jamás probó un bocado. Una sonda nasogástrica lo acompaña a todos lados.
"Por una sondita le pasamos leche, cada 10 o 15 minutos, que le llega al estómago. Es agotador, no sólo económicamente, sino también física y psicológicamente. Tampoco podemos descuidar al hermano, que requiere atención como todo chico", dice Zimmerman y reconoce que Mateo "le hace el aguante" al hermano y lo acompaña a todos lados.
Se aman entre sí, se nota a simple vista. Esa conexión es la que hace que Mateo sufra todo lo que le pasa a su gemelo. El otro día, no se durmió hasta las 2, sin saber que ésa fue la hora exacta en que los médicos liberaron a Simón.
"Ojalá que aparezca un riñón porque esto es desesperante. Queremos que nuestro hijo desarrolle una vida un poco más normal", dice la pareja, que ya no puede ocultar el inmenso deseo de mejorar la calidad de vida de Simón y de la familia.
"Nosotros [los padres] nos hicimos todos los estudios. Yo iba a ser su donante, estaba todo preparado para la internación y la operación, pero el último examen dio negativo y se frustró el trasplante", confió Analía. "Donar órganos salva vidas, la de Simón y la de muchos chicos. Hay muy poca información. Yo era una persona muy ingenua y empecé a informarme cuando supe del problema de mi hijo", agregó la madre.






