Sólo le pido a la Máquina de Dios
Por Mex Urtizberea Especial para lanacion.com
1 minuto de lectura'

Esta semana estuve realmente excitado con el tema de la Máquina de Dios. Me emocioné muchísimo cuando leí que había funcionado. Pero después me puse a leer un poco más y me decepcioné hondamente. Lo único que hacía esta gaffe de Máquina de Dios era acelerar protones y hacerlos chocar para recrear condiciones parecidas a las del Big Bang. Estuve muy deprimido pensando en este tema...Yo creí que era una verdadera Máquina de Dios: un aparato que haga que las cosas sean "como Dios manda". Pero me dije: "No te caigas tendencioso... Seguí para adelante, como vos sabés". Así que decidí que iba a empezar a buscar financiamiento para construir la verdadera Máquina de Dios ¿Cuánto podría costar? A ojo de buen cubero le calculé que no podía costar menos de 1000 millones de dólares (por debajo de las patas). Lo primero que hice fue ir a registrarla, pero el nombre de La Máquina de Dios ya estaba ocupado por unos belgas que yo no conocía. Así que, después de pensarlo largamente, decidí ponerle "La Máquina de ¡Uy Dios!".
Acceda al Mexbook: hoy, el muro de Amado B.
Cuando volvía a mi casa, pensando en el tema de conseguir "sponsors", me acordé del coiffeur, que tiene el salón a la vuelta, Alan Bordeaux, un hombre que siempre se interesó por la ciencia y al que le va muy bien con la peluquería. Le expliqué como sería el sistema de patrocinio. Según la cantidad de dinero que ponga podía desde hacerle plotear la carcasa de la máquina, hasta hacer que los científicos que trabajen con gorritas de visera con su marca "Alan Bordeaux, coiffeur". Le dije que con esa máquina se podrían hacer maravillas, cambiar las cosas que no nos gustan por otras que sean muchos más bonitas. Sería fantástico. Por ejemplo, Mauricio Macri ya no tendría que presentar ese proyecto de ley para eliminar a trapitos, limpiavidrios y encapuchados. No, si conseguíamos hacer este artefacto podríamos meter allí adentro a todas estas personas indeseables y transformarlos, para que salgan "como Dios manda": los limpiavidrios se convertirían en atractivas promotoras, los manifestantes encapuchados serían transformados en trajeados oficinistas, los que hacen malabares en los semáforos saldrían (precedidos por intenso humo) como artistas del "Cirque du Soleil", y así. Aunque nunca falta algún "pseudo-progresista" que se oponga a esto de meter a los pobres en una máquina y que salgan hechos mejores personas. Alan aceptó inmediatamente, y me dio 3 mil pesos a cambio de que su nombre estuviera bordado en el guardapolvo de los hombres de ciencia. Había empezado bien.

Seguí con gira recaudatoria "pro Máquina de ¡Uy Dios!". Esta vez por una empresa láctea, cuyos accionistas mayoritarios son muy amigos míos, "La Nerviosísima". También a ellos les comuniqué mi idea del sponsoreo para construir ese fantástico aparato. Con él, se podrían solucionar muchísimos problemas, sean éstos aceptados o no por quien los porta. Esta semana, Ricky Martin reconoció públicamente que es gay, cosa que muchos pedían. Por el contrario, el Gobierno no acepta la inflación (una suerte de "homosexualidad económica") a pesar de que Cobos se lo pida a gritos. El ministro Boudou insiste en permanecer "dentro del closet". Si metiéramos a Amado y a Ricky en la máquina obtendríamos un ministro de Economía serio como Ricardo López Murphy, y un cantante romántico sobrio, heterosexual y de buen apellido, como César "Banana" Pueyrredón. Los accionistas de "La Nerviosísima" se mostraron muy interesados, aunque propusieron una novedosa forma de patrocinio: ellos me daban 8847 pesos (lo que tenían en ese momento en los bolsillos), y yo les cedía los derechos para que ellos fabriquen "La Margarina de Dios", un producto lácteo con tantas bondades, que la vida humana sería casi imposible sin él.
Tenía 11.847 pesos, todavía faltaba bastante para llegar a los 1000 millones de dólares, y estaba difícil conseguir más inversores. El único que me había contactado era el propietario y único accionista de "Toldos Omar": Omar Gianelli, un compañero de primaria al que no le había ido muy bien en la vida. Lo fui a ver raudamente. Le hablé de la empresa que quería iniciar y le dije que con esa máquina se podrían corregir rápidamente algunos defasajes que vivimos en la actualidad: no se podrían agregar más feriados al calendario, Messi jugaría en la selección igual que en el Barcelona (o por lo menos jugaría en el Barcelona igual que en la selección), De Narváez sería argentino, la policía podría usar pistolas eléctricas, los empleados no pedirían aumentos, y los homenajes a Alfonsín no caerían justo para Semana Santa. A Omar le encantó lo que le conté, estaba emocionado casi hasta las lágrimas. Sin decir palabra sacó 2300 dólares que guardaba en un toldo enrollado y me los dio.
Pero no había caso, tenía que abortar mi proyecto de "La Máquina de ¡Uy Dios!". En este país, muchos no quieren el cambio. Así que yo mismo lo busqué: me fui a Miami donde un amigo arbolito me consigue el mejor cambio, me cobra el dólar a sólo 3,80.
<b> COLUMNAS ANTERIORES </b>
1En campos y también en zonas urbanas: el ataque a un niño reavivó un problema que hace décadas crece en la Patagonia
2Un verano extremo en la costa: sismo, meteotsunami, remolinos de viento, sudestada y temporal, ¿solo casualidad?
3Qué se sabe de la salud de la influencer que se accidentó con un cuatriciclo en Pinamar
4Después de los therians, llegó el “Hobby dogging”: de qué se trata la nueva tendencia de pasear a perros imaginarios



