
Sostienen una obra donde todo se multiplica por 40
Los Vitale están al frente del Hogar Jesús de Nazareth
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Son como cualquier otro matrimonio con hijos. Se ocupan de llevarlos a la escuela, de darles de comer, de ir a pasear, de poner límites, de escucharlos y de jugar. La única diferencia es que ellos se ocupan de 40 chicos.
Hace 12 años Isabel de Vitale se curó de un cáncer de mama y le prometió a Dios que iba a ofrecer su vida al cuidado de chicos. Empezó junto a su marido, Sergio Vitale, en la casa que compartían, hasta que no había lugar para todos los que iban llegando y consiguieron la donación del predio, donde están ahora, en Moreno, en el que, de a poco, construyeron el Hogar de Niños Jesús de Nazareth.
La mayor parte de los chicos es derivada por los jueces por haber sido maltratados o violados y generalmente llegan con problemas de alimentación. Hay desde bebes hasta adolescentes. "Esto es una casa. Es nuestra forma de vida y ya no podría hacer otra cosa. Mirás a cualquiera de los chicos y no podés volver atrás. Necesitan cariño. La cura de ellos tiene sólo cuatro letras: amor", dice Isabel, que tiene una hija de 8 años con Sergio, y dos varones de más de 20 de su primer matrimonio. Viven con los chicos todos los días del año.
La casa llena
"Yo nunca me había bancado a los chicos. Tampoco era muy creyente. Pero ella me llenó la casa de pibes. Soy mecánico dental, me iba muy bien, pero finalmente dejé todo para ocuparnos de los chicos y voy todos los domingos al templo evangélico", recuerda Sergio, con Mateo, de un año y medio, a upa.
Sergio es encargado de manejar el colectivo recién pintado, que lleva y trae a los chicos de la escuela. Todos van al colegio. Isabel se ocupa por las tardes de mirar uno por uno los cuadernos y de que hagan la tarea.
En el orden de la casa ayudan todos y los más grandes colaboran con el cuidado de los más chicos. Isabel cocina para la familia. Mónica tiene 22, llegó al hogar a los 9 y hoy es la mano derecha de Isabel. Diego, de 21, ayuda mucho con los varones y les enseña a jugar al fútbol.
"Los chicos tienen límites. Cuando es no, es no. Pero las promesas se las cumplimos como sea, a ellos ya los defraudaron mucho", sostiene Isabel.
Tratan de que los chicos puedan ser adoptados, pero, mientras tanto, se preocupan de que vivan en familia. También una psicóloga y voluntarios pasan alguna tarde con ellos. Como la gente del Colegio Piaget, de San Isidro, que además de ayudarlos con colaboraciones y con la huerta arman un proyecto para dar apoyo escolar. Quienes quieran sumarse tienen que llamar al 4747-7911 y hablar con Marina Ruffini.
El hogar se sostiene con donaciones. No tiene gas natural. La ropa la lavan en la casa. Cada uno tiene ropa de salir, para la escuela y otra de entre casa. Necesitan un lavarropas industrial y un secarropa que les facilitaría mucho la tarea. El colectivo gasta 600 pesos de combustible. "Nunca nos faltó nada de comida, pero juntar el dinero para pagar las cuentas es complicado", explica Sergio.
Quienes puedan colaborar tienen que llamar al 15-5301-6106 o al (0237)4637537 o escribir al e-mail hogarjn@hotmail.com





