Tiene 84 años, es músico y se puso a estudiar podología para ayudar a su esposa que tiene diabetes
Alberto Fierro cursa el CBC en la UBA para asistir a su pareja; su historia se viralizó en redes
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Un hombre de 84 años, que empezó a estudiar podología en la UBA para ayudar a su esposa con diabetes, conmovió a miles de usuarios en las redes este viernes. Alberto Fierro fue tapicero toda su vida y, en paralelo, desarrolló desde su infancia una fuerte pasión por la música. De grande se enamoró del saxo, pero hace unos años entraron a su hogar y se lo robaron. Desde entonces, combatió una fuerte depresión, lucha por mantener vivo su amor por la música y, a la vez, estudia para ayudar a su esposa.
El hombre fue entrevistado durante un móvil de LN+ y el recorte se viralizó rápidamente. Y es que como su esposa tiene diabetes y requiere atención profesional, él se puso a estudiar. “Los tratamientos son caros. Por eso decidí que la mejor forma de ayudarla era aprendiendo yo”, explicó.
Fue así que Alberto se anotó en la Facultad de Medicina. “A los 84 años todavía se puede estudiar”, relató. El hombre toma el colectivo para ir hasta Ciudad Universitaria, donde cursa el Ciclo Básico Común de la carrera de Medicina. En diálogo con LA NACION, contó que su principal motivación es evitar que su pareja sufra las consecuencias que la diabetes puede ocasionar en los pies si no se recibe el tratamiento adecuado.

Su pasión por el saxo
Alberto llegó a Buenos Aires desde Córdoba a los 14 años, y allí comenzó su amor por la música. Un primo de él lo llevó a ver a la orquesta de la que participaba y, allí, le enseñó a tocar el contrabajo. La conexión fue instantánea. Alberto se mudó a La Plata y se unió a una orquesta de estilo tropical, donde tocó durante algunos años hasta que, por peleas internas, se separaron.
“Me puse una tapicería y mi vida fue de tapicero”, señaló. Hasta que cumplió 60 años. “Un amigo, uno de los mejores pianistas de La Plata, vino a saludarme al negocio antes de irse a tocar a Europa. Cuando llegó, en la radio sonaba Kenny G [el reconocido saxofonista Kenneth Bruce Gorelick]”, relató.
Y siguió: “Mi amigo me preguntó si me gustaba y le dije que el saxo era una de mis asignaturas pendientes. Entonces llamó a un conocido para que me enseñe. Y por primera vez toqué el saxo”.
Alberto se refirió al instrumento como un amor que le duraría por el resto de su vida. “Tocaba para mí. Hasta hoy escucho un saxo y me emociono”. Pero en 2020 ocurrió lo peor: entraron a la casa que comparten con Norma en Villa Lugano y se llevaron el instrumento. “Era mi cable a tierra”, dijo, visiblemente emocionado. Desde entonces, Alberto no pudo volver a tocar el instrumento, que añora hasta hoy.

“Me deprimí mucho. Pero quise superarlo. Norma me dijo que fuéramos a una casa de música cerca de la estación Lugano. Cuando vi un saxo, pregunté el precio... y fue una despedida”, expresó. Los altos valores del instrumento no le permitieron retomar su pasión. Fue entonces que intentó cubrirlo con otra.
“Después de la visita a la casa de música, volví a mi casa y me puse a leer una novela. Después me puse a copiarla, a escribirla. Y escribí, y escribí, y escribí. Ahí me di cuenta que mi caligrafía había mejorado mucho y me decidí a terminar el primario”, detalló.
La vuelta a los estudios y su amor por Norma
En 2022 Alberto terminó el primario y, entusiasmado se decidió a seguir. “Me anoté en el secundario. Norma estuvo a mi lado: se anotó en Computación para acompañarme. El año pasado terminé mis estudios”, señaló.
Pero su ambición no terminó ahí. “Decidí continuar mis estudios en la universidad. Quise estudiar podología porque, como ella es diabética, un corte en un dedo puede ser un peligro. Me decidí por esta carrera pensando en ella. Aunque también pienso en mis amigos jubilados, que quiero que tengan una atención de calidad”, expresó. Se decidió a hacer la carrera porque “para ser un buen profesional hay que estudiar medicina”.
“Quiero que tenga una persona que la atienda bien cuando tenga que cortarse las uñas. Y pensé: ¿Qué mejor que yo que la amo y va a hacer todo para que tenga un buen cuidado?“, afirmó.
Norma y Alberto se conocieron en 2018. Ambos tuvieron dos matrimonios previos y estaban en la búsqueda de un nuevo amor. Fue entonces que ingresaron a una aplicación de citas, donde ambos coincidieron.
“Yo vivía en La Plata, donde están mi familia y mis hijos. No quería venir a Buenos Aires, pero después de varios intentos fallidos, conocí a Norma, que vivía en Villa Lugano. Después de charlar, decidimos vernos. El 20 de julio fue la primera vez”, detalló Alberto.

Aunque habían acordado verse ocasionalmente, Alberto contó que no pudo resistir: “Cuando volví para La Plata me di cuenta que ella despertó algo en mí. Seguimos juntos hasta la pandemia que, como yo vivía solo, ella me dijo que vaya a vivir con ella. Y me quedé para siempre“.
Norma y Alberto cosechan día a día su amor y no lo dan por sentado. “Nos queremos mucho. Tenemos más de 80 años. Los dos con mucha experiencia. Nos queremos, nos respetamos, estamos juntos todo el tiempo. La gente nos ve que siempre vamos de la mano. Somos un poco tiernos”, expresó.
Alberto la acompaña siempre en su camino con la diabetes. Aunque Norma solo toma una medicación diaria, parte del sostén de la pareja se basa en la hija de Norma, Myriam, a quien Alberto se refiere como su ”hija del corazón".
“Nos lleva a todos lados. Económicamente no nos sobra, pero tampoco nos falta. Eso es gracias a ella, que nos paga la luz, el cable y el agua. Es una gran persona, es el amor de nuestra vida”. Además de su hija del corazón, Alberto tiene diez hijos de dos matrimonios previos, de los cuales siete continúan su legado como tapiceros.
Su deuda pendiente es poder recibirse de podólogo y descubrir aquel costado musical con Norma: “No pudimos disfrutar mucho del saxo porque lo perdí enseguida. Pero ella es una gran compañera”.
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