
Todos los vecinos de Los Catutos están tristes
Un abogado compró parte del pueblo.
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LOS CATUTOS, Neuquén.- Aquí, los únicos que mueven la cola y están felices son los perros que saludan cuando ven llegar a un forastero. Los vecinos andan con la cara llena de tristeza y caminan por las calles de tierra con la mirada clavada en el piso.
En este paraje de 420 habitantes hay motivos de sobra para perder la sonrisa. En Los Catutos, Daniel Impallari, un abogado de Rosario que quería cobrar sus honorarios, compró en un remate por 5000 pesos 49 hectáreas de tierra y todo lo que está construido arriba: siete viviendas, el destacamento de policía, el playón deportivo, el tanque de agua del pueblo y una antena repetidora de televisión. La capilla de la iglesia se salvó de la compra por 3,64 metros y parece que no cambiará de dueño.
"Este es un pueblo golpeado por todas partes, que va respondiendo con cara de pesimismo", dijo a La Nación Antonio Sánchez, el cura salesiano de la comunidad. El próximo sábado, el padre Antonio recorrerá los 17 kilómetros que separan este pueblo de Zapala para oficiar la misa del mes. Este es un evento importante, que reúne a casi todos los vecinos en una capilla de ocho metros por ocho.
Benedicto Cáceres, el presidente de la comisión municipal de fomento, está enojado porque "los diarios dicen que remataron el pueblo y esto no es así". Benedicto es un hombre de pocas palabras, que vive aquí desde 1968, cuanto entró a trabajar en Los Catutos SA, una empresa que cerró en 1984 y que fabricaba la cal Tincar.
La empresa es el origen de la felicidad y también de las desgracias que viven los habitantes de este paraje.
Aquí todos sonreían cuando había pleno empleo. Pero ahora abunda un sentimiento de amargura porque el abogado Impallari cobró los honorarios de juicios originados por el cierre de la firma con obras que tienen más valor sentimental que material.
El intendente Cáceres lamenta la pérdida del playón polideportivo, donde los chicos juegan desde hace años al aire libre, sobre un piso de hormigón que alguna vez fue una cancha de basquet, aunque ya no quedan ni los aros. "Nosotros lo construimos y no nos dimos cuenta de que estaba sobre las tierras de la empresa", se resignó.
El problema de Los Catutos y el remate de propiedades se echó a rodar como una bola de nieve. La preocupación llegó hasta el gobierno, que hoy enviará a funcionarios de la Dirección de Tierras para medir exactamente el territorio que le corresponde al abogado comprador. Todavía es un misterio el destino que tendrá el destacamento de policía.
Desde Rosario, Impallari dijo ayer a una radio de Zapala que las tierras que compró tienen un valor de mercado de 500.000 pesos y, a través de la emisora, intentó llevar tranquilidad a los vecinos.
El abogado dijo que las familias que ocupan las casas que eran de la empresa con la que litigó y que ahora pasaron a ser suyas no serán desalojados. Pero en Los Catutos ya no confían en las promesas.
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