Tomar conciencia de nuestros lunares

Dr. Daniel López Rosetti
Tomar conciencia de nuestros lunares
Tomar conciencia de nuestros lunares
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20 de diciembre de 2017  • 00:45

Uno debiera ocuparse de los lunares durante todo el año, pero resulta claro que la posibilidad de que un lunar complique nuestra salud convirtiéndose en un tumor maligno, tal es el caso del melanoma, es más frecuente como consecuencia a la exposición a los rayos solares durante el verano.

La realidad es que todas las personas tenemos lunares. Algunas más y otras menos, y lo cierto es que potencialmente cualquiera de estos puede eventualmente convertirse en un tumor maligno. Cuantos más lunares tenga una persona, más posibilidad de que algunos de ellos se conviertan en un melanoma. La buena noticia es, sin embargo, que al estar los lunares a la vista pueden ser fácilmente examinados y diagnósticos con anticipación. Lo que vamos a describir aquí son los criterios que deben hacernos pensar cuándo un lunar deja de ser un simple lunar inocente para convertirse en una amenaza.

Cómo clasificar a los lunares

Hay una regla nemotécnica que simplifica mucho recordar cuáles son aquellas modificaciones o cambios en los lunares que resultan ser signo de alarma. Se trata de la regla del A, B, C, D y E. Veamos: la letra “A” hace referencia a la asimetría. Esto significa que en términos generales los lunares resultan ser simétricos. Es decir si uno traza una línea imaginaria vertical que divida al lunar en dos mitades ambas deben ser similares. Si por el contrario uno observa que claramente una mitad es bien diferente a la otra se cumpliría el criterio de “asimetría”. Este es un criterio que nos hace pensar que el lunar está tomando un curso anormal y que puede eventualmente generar un tumor maligno.

Sigamos ahora por la segunda letra del abecedario, la letra “B”. Esta letra nos hace referencia a los bordes del lunar. Habitualmente los bordes de los lunares son lisos. Si en cambio uno observa que parte o la totalidad de los bordes del lunar se convierte en irregulares como si se tratase de un ondulado, un borde dentado o algo similar a los rayos del sol de la bandera, uno podría pensar que esa apariencia representa un signo de alarma.

La tercera letra del abecedario es la letra “C” y en esta regla nemotécnica hace referencia al color del lunar. En términos generales los lunares pueden ser marrones, negros, blancos, rojos, azules, etcétera. Más allá de ello, cuando en un mismo lunar uno puede observar distintas coloraciones que contrastan unas con otras también representa esta circunstancia un signo de alarma.

La letra que sigue es la letra “D”. Esta letra hace referencia al diámetro. Generalmente un lunar que tenga un diámetro de más de 6 mm nos debería hacer sospechar.

La última letra que mencionamos es la letra “E” y hace referencia al concepto de evolución. Esto significa que los cambios que uno puede observar a través del tiempo en un lunar, sea por ejemplo los cambios de color, los cambios de tamaño, los cambios de aspecto, la sobreelevación por encima el nivel de la piel, el sangrado, la aplicación, el ardor, y cualquier otro cambio puede representar en sí mismo una señal de alarma.

Mi objetivo en esta columna es uno solo, ese objetivo es que usted tome conciencia de la existencia de los lunares en su cuerpo o en el de sus seres queridos y los observe considerando que los mismos pueden eventualmente convertirse en tumores malignos. Estoy muy lejos de querer asustar en este tema, muy por el contrario quiero enfatizar fuertemente sobre el hecho que es uno de los tumores que más fácilmente se pueden prevenir, sólo hay que mirar y pensar en ellos. Además, más allá de la información que volcamos en esta columna médica, lo que debemos señalar en términos preventivos es que si usted examina los lunares y le surge alguna duda no tenemos otra cosa que aplicar la siguiente normativa: “si hay duda, no hay duda”. Esto significa que si hay duda simplemente lo que debe hacer es consultar con el médico.

Recuerde, y esto es muy importante por eso no me canso de decirlo: es uno de los tumores que más fácilmente se pueden prevenir y siempre en caso de duda el médico y o el especialista extirpará con una simple cirugía menor el lunar dudoso que después se analizará y que en la mayoría de las circunstancias terminará siendo un tumor benigno.

Pero claro, un tumor benigno que ya no tendrá oportunidad de malignizar. Recuerde, y lo digo una vez más, se trata de uno de los tumores que más fácilmente pueden evitarse. Y una máxima en medicina reza así “no hay tumor benigno, más benigno, que el tumor benigno extirpado”.

Gracias, y espero resulte de utilidad.

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