Tomar la escuela y quedarse solos

Gustavo Iaies
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27 de septiembre de 2013  

Algunos chicos tomaron sus escuelas, una minoría de ellos en una minoría de instituciones. Algunos padres adhieren a sus demandas, otros están en desacuerdo, los partidos políticos que lideran los centros de estudiantes los estimulan, los diputados y senadores nacionales votaron una ley que protege los derechos de los centros de estudiantes y "se olvidaron" del capítulo de las responsabilidades y las sanciones, algunos periodistas los atacan, otros los defienden.

Pero nadie se anotó en la "lista" de cuidarlos, educarlos y guiarlos.

Los chicos que tomaron las escuelas dicen estar en desacuerdo con la reforma de la educación media, quieren detenerla, proponer otras ideas.

¿Eso es malo? No, todo lo contrario, es muy bueno que quieran participar de este debate social. Pero para hacerlo necesitan unos adultos que les expliquemos cómo se hace, que tienen que informarse, estudiar el tema, producir una propuesta y entregársela a sus autoridades, los rectores, para que ellos la eleven.

Así, construirán una posición propia, mejor o peor, pero producto de su esfuerzo, que pueda ser considerada por sus autoridades.

Pero no encontraron unos adultos que los condujeran por ese o algún otro camino interesante; los apoyan, condenan, estimulan, proyectan sus fracasos y nostalgias en ellos, se identifican? todo menos ponerles un límite, un orden, y conducirlos por el mejor camino, el que les permita aprender, sentirse protagonistas y productivos.

Tomar una escuela está mal; quemar una iglesia, también. Los adultos deberíamos poder decirles claramente eso: más allá de cualquier consideración, no deben hacerlo. Y les debe quedar claro que en una sociedad hay reglas, que podemos transgredirlas y que cuando lo hacemos podemos recibir una sanción. Eso es un orden social, un contrato para vivir juntos.

¿Es grave que los chicos transgredan una norma? Salvo excepciones de transgresiones muy graves, no lo es.

Lo grave es que no haya adultos que se lo marquemos, los sancionemos si es necesario y les expliquemos las razones, es decir, que los eduquemos.

La transgresión es parte normal del aprendizaje y el crecimiento; la sanción, también, igual que el enojo con unos adultos que nos dicen que "no".

El crecimiento es irnos dando cuenta de que ni esos adultos son tan malos ni nosotros tan buenos, y en esa búsqueda construirnos a nosotros mismos.

Eso necesitan los chicos, unos mayores que hagamos de ley, con los cuales puedan pelearse, discutir, confrontar, para poder crecer.

Por ahora han encontrado unos que quieren ser jóvenes, saldar sus propias deudas del pasado, ser transgresores y seguirse peleando con el establishment .

Así les será más difícil crecer, si los adultos no quieren hacer de adultos, para los jóvenes es más difícil hacer de jóvenes.

Nada grave si podemos aprender de la experiencia y decidirnos a crecer todos como personas y como sociedad.

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