
Cómo fue el momento en que un panel de vidrio cayó sobre un hombre en un café
La víctima sufrió traumatismo de cráneo y graves cortes en un brazo; el testimonio de los empleados que lo asistieron y la investigación sobre el edificio
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Un impactante hecho tuvo lugar en el barrio porteño de Palermo el 13 de diciembre pasado, pero que se conoció este jueves, cuando un hombre que estaba sentado a una mesa ubicada sobre la vereda de una cafetería fue sorprendido por el impacto de un panel de vidrio que se desprendió de un balcón del cuarto piso de un edificio y le cayó sobre la cabeza.

“En el momento del hecho yo estaba charlando con mis compañeros, porque todavía no era mi turno. Estaba en el fondo [del local] cuando escuché un ruido grande, como una bolsa de papas que cayó seco. Ahí vi a mis compañeros correr hacia la puerta y salí corriendo yo también. Cuando llegué, lo vi al señor sentado, todo ensangrentado”, contó a LA NACION Lisandro López, de 19 años, empleado del local Candela Mate y Café, ubicado en Ciudad de la Paz 353, donde ocurrió el hecho.
Tal como muestran las imágenes captadas por la cámara de seguridad del mismo edificio desde donde se desprendió el panel, la víctima recibió el golpe de un vidrio tipo blindex que cayó desde varios metros de altura.
“Yo quise salir para meterlo abajo del balcón, por lo menos, pero un compañero de cocina me dijo que no saliera, por las dudas, porque podía caer otro vidrio”, relató López.
“El señor quedó más o menos inconsciente unos segundos y después se paró solo, para acomodar la mesa. Cuando se paró, lo agarramos y lo metimos acá abajo. Tenía un tajo bastante grande en el brazo y perdía mucha sangre. Yo iba alcanzando todo lo que me pedían: papel, gasas, para hacer los primeros vendajes”, agregó.

Después de algunos minutos, personal del servicio de salud se acercó al lugar, en la esquina de Ciudad de la Paz y Jorge Newbery, con su escuadrón de motos y, tras brindar asistencia de urgencia, trasladó al hombre al Hospital Pirovano, donde se constató que se encontraba fuera de peligro y se le practicaron más de 20 puntos de sutura.
Fuentes del Sistema de Atención Médica de Emergencia (SAME) informaron a LA NACION que el hombre sufrió un traumatismo de cráneo y heridas cortantes en la cabeza y en parte del brazo izquierdo, donde se le cortaron tres tendones.
“Los bomberos llegaron a los cinco o diez minutos. Después vino la policía, unos cinco minutos más tarde, y al final los médicos. En menos de 20 minutos ya estaban todos”, recordó López.
Mucha gente no presenció la dramática escena, pero se enteró luego de que sucedió el hecho. “Nos dimos cuenta de que había pasado algo cuando llegaron los bomberos. Después vimos que llegó una ambulancia”, contó a LA NACION Sol, de 32 años, empleada del supermercado Carrefour, ubicado a algunos metros del café.
“Salimos a ver con un compañero y nos enteramos por los vecinos de que se había caído un vidrio desde arriba sobre una persona que estaba sentada en la única mesa ocupada de la vereda. Cuando salimos, el señor ya no estaba, se lo habían llevado. Algunos decían que había fallecido, otros que se había ido caminando, otros que había mucha sangre y otros que no le había pasado nada. Había muchas versiones”, recordó Sol.
A su vez, fuentes del Ministerio de Seguridad porteña detallaron que personal de la Comisaría Vecinal 14 B se desplazó hasta la cafetería donde el hombre, de 50 años, sufrió el incidente. También indicaron que los Bomberos de la ciudad subieron hasta el departamento desde el cual se desprendió el panel de blindex, que se hallaba desocupado y con la llave en poder del encargado del edificio, ya que el propietario reside en la provincia de Córdoba.
Por precaución, los efectivos en el momento retiraron la otra placa de blindex que había quedado en la baranda del balcón. En la causa tomó intervención la Unidad de Flagrancia Norte, a cargo de Amanda Berstein.

El hombre de 50 años es un residente conocido en la zona identificado por muchos como “el vecino de la campera de cuero” y vive en la esquina de Ciudad de la Paz y Jorge Newbery.
“Es una persona muy amable. Siempre está solo. Viene, compra sus bebidas y se va, es un cliente habitual. Es muy tranquilo”, contó Sol.
“Compra siempre gaseosas. Lo identificamos porque siempre anda con una campera de cuero. Yo no sabía quién era la persona que había sido lastimada y hablé con los chicos de Candela. Me dijeron: ‘es el señor de la campera de cuero’. Ahí entendí quién era”, añadió.

El vecino fue dado de alta y retomó de manera paulatina su rutina. “Anteayer volvió a venir a Candela y está mejor. Lo vimos bien, aunque tiene toda la mano vendada. Por lo que sé, no tiene movilidad en el dedo meñique”, señaló López.
“Cuando lo volví a ver por primera vez después del incidente estaba afuera fumando un cigarrillo. Les dije a mis compañeros: ‘es el señor del accidente’. No podía creerlo, no sabía si estaba bien ni cuánto se había lastimado”, relató Sol.
Según varios vecinos, no sería la primera vez que ocurre un episodio de estas características en el edificio. “Por lo que sé y por lo que me contaron, no es la primera vez que pasa algo así. Ya se había caído otro vidrio antes, por el viento. Yo estoy hace ocho meses, pero ese episodio fue previo”, explicó Sol.
La ley
Consultados sobre el hecho, desde el gobierno porteño recordaron que “la ley 6116 (antes 257) obliga a propietarios y consorcios a mantener las fachadas en buen estado para seguridad de terceros, siendo el consorcio responsable de las partes comunes y el propietario de su unidad, pero ambos deben responder por daños de desprendimientos, con el consorcio gestionando el cumplimiento y la inspección técnica obligatoria periódica, especialmente en edificios más antiguos. La responsabilidad es concurrente, y el administrador debe velar por el cumplimiento de la ley y las decisiones de asamblea”.
LA NACION preguntó si, más allá de las responsabilidades privadas, tras lo ocurrido en Palermo, la Ciudad concurrió al lugar para verificar si cumple la normativa vigente y, de no cumplirla, si recibió algún apercibimiento. Voceros de la Agencia Gubernamental de Control (AGC) respondieron que no, dado que por la reciente habilitación del edificio todavía no está alcanzado por la exigencia de la inspección técnica periódica. La misma es obligatoria a partir de los 15 años de antigüedad del inmueble, se aclaró, que en este caso se cumplen en 2028.
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