
Tras una restauración de cinco años, la Catedral presentará su nueva cara
Para recuperar el sector más deteriorado del templo se tuvo que mover el altar mayor
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La Catedral de Buenos Aires entrará, pasado mañana, en una nueva etapa, al inaugurarse parte de las obras de restauración del templo, a las que se les dio renovado impulso en 1998.
En el largo historial de la iglesia primada de la ciudad se confunden más de tres siglos de una trayectoria colmada de hechos y testigo, ella misma, de significativos sucesos de la vida nacional.
La ceremonia, de la que participarán el presidente Carlos Menem y el jefe de gobierno porteño, Fernando de la Rúa, comenzará a las 8.30 con una oración de acción de gracias que oficiará el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge Bergoglio.
Posteriormente, se efectuará un recorrido por los sectores reciclados, que estarán en penumbras y serán iluminados a medida que se acceda a cada uno de ellos. A cada paso, una voz en off dará precisiones sobre los trabajos. El realce del acontecimiento contará con otro efecto especial: la suntuosa música del último CD de Vangelis, "El Greco".
Desplazamiento del altar
La reanudación de la obra fue posible merced a una campaña llevada a cabo por la Comisión Pro-Catedral, y que permitió finalmente disponer del monto necesario con el aporte de donantes privados. Del frente y la estructura general externa de la iglesia -declarada monumento histórico en 1942- se hizo cargo el Estado, a través de la Dirección Nacional de Arquitectura.
En diálogo con La Nación , el arquitecto Norberto Silva, director de las obras, eludió precisar el monto de la inversión ("una cifra millonaria, aunque no excesiva", admitió, como único comentario) y, en cambio, prefirió explayarse sobre el aspecto fundamental de las mejoras: el "ataque" al problema que planteaba el muro del fondo (testero), una pieza clave en la estructura del edificio que está a espaldas del altar mayor.
La cuestión se impuso como factor decisivo, debido al riesgo de derrumbe generado por la presión de un edificio contiguo, construido hace un cuarto de siglo. "Para colmo, es el sector que más soporta el problema de la humedad por proximidad con la napa fluvial. Este es un tema siempre presente; se lo ha neutralizado con inyecciones de silicona, pero vuelve periódicamente. Ha sido nuestro mito de Sísifo", describe Silva.
La única alternativa -con detalles que en la explicación parecen casi referidos a alguno de los trabajos de Hércules- fue mover el altar mayor (de la Santísima Trinidad) un par de metros hacia atrás y desmontar y rearmar los retablos laterales (Nuestra Señora de los Dolores y San Pedro Apóstol).
Para el desplazamiento del altar, de ocho toneladas, se tuvieron que cortar sus puntales y el piso a lo largo de su silueta. Se utilizaron un crique hidráulico y un malacate, con el que se empujó la estructura luego de calzarla con patines bajo vigas de hierro.
Fue la segunda vez que se movió el altar mayor, ya que a fines de la década del 60 se lo había llevado al centro del crucero, bajo la cúpula, cumpliendo con una instrucción surgida en el Concilio Vaticano II.
La museóloga y restauradora Laura Novak -colaboradora de Silva- señaló que en el cambio actual se buscó unir la necesidad funcional con la ornamental. Se optó por sacar el parquet del piso y reemplazarlo por mármol, así como incorporar trabajos de platería en su frente, los laterales y el ambón (púlpito), de lo cual se ocupó el orfebre Carlos Pallarois (h.).
Finalmente, se inscribió por primera vez un cuerpo de símbolos formado por la cruz y las letras alfa y omega. " Parece que siempre el altar mayor estuvo allí y con estas características , fue el mejor comentario que he escuchado, el que más nos halaga", recuerda Silva.
Otros emprendimientos significativos fueron la renovación total del sistema eléctrico (la vetustez del cableado implicaba un permanente riesgo de incendios), el reemplazo del revoque y rellenado de "agujeros" en los muros de las cinco naves y la renovación que se efectuó en el mausoleo de San Martín.
Inauguración anticipada
El 17 de agosto de este año fue anticipada la inauguración de ese último destino de los restos del Libertador, construido en Francia a fines del siglo XIX e instalado en el ala derecha del templo.
Un total de 50 personas integró el plantel de trabajadores, cuyos oficios abarcan un extenso arco: albañilería, electricidad, plomería, techistas, vidrieros, carpinteros, marmoleros, ebanistas, pintores, entre otros.
El arquitecto Silva hace notar que aún falta un 30% de trabajos para dejar la Catedral "lo más cerca de las condiciones que debió presentar hace mucho tiempo", y que se espera terminarlos antes de fin de año. "El 14 empezaremos de nuevo, para poder estar dentro de ese plazo que nos hemos fijado."
Consultado sobre su sensación frente a la responsabilidad asumida, Silva sintetizó: "Ha sido un desafío muy particular, porque está asociado con un edificio vivo. No puedo evitar sentir que estoy dejando una huella en un ámbito visitado diariamente por 3000 personas para admirarlo, rezar, participar de sus ceremonias o simplemente dedicar unos minutos a la reflexión", comentó.
Cinco años de trabajos
La restauración, que comenzó en 1994, se llevó adelante sin detener la actividad religiosa en el templo. Solamente fue necesario acomodar horarios para no interrumpir la celebración de misas y ceremonias.
El mayor inconveniente fue en todo momento de orden económico, lo que en 1996 obligó a la suspensión de los trabajos. Pese a la reserva, se estima que hasta septiembre de 1997 los gastos ascendían a $ 2,5 millones. "La situación de la Catedral es muy distinta de la de otras iglesias. En Europa, por ejemplo, cualquier inversión es compensada por el vigoroso caudal turístico", dijo el arquitecto Silva.
La historia de la Catedral, donde cada año se ofician los Tedéum, se enlaza con episodios de la vida institucional argentina.
En 1955 hubo que efectuar reparaciones a raíz de los daños producidos por el incendio y los destrozos que protagonizaron adictos al entonces presidente Juan Domingo Perón, en ese momento enfrentado con la Iglesia.






