Turismo a tope y normalidad cotidiana: cómo vive la ciudad que el mundo observa por el brote de hantavirus en un crucero
En Ushuaia nada parece haber cambiado; ni sus habitantes ni sus visitantes temen enfermarse como los neerlandeses que embarcaron allí en el MV Hondius
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USHUAIA (De una enviada especial).- En el lugar del que hace dos semanas partió el crucero de exploración antártica en el que se desató un brote de hantavirus que tiene en alerta a más de una decena de países, nada parece haber cambiado. Esta ciudad y su puerto, con la oferta de excursiones y avistajes más australes del país, sigue siendo un imán para el turismo. La posibilidad de poder contraer un virus como el Andes Sur en Tierra del Fuego no existe para los locales. Tampoco es algo que preocupe a los visitantes. “El vínculo del contagio con hantavirus acá es muy forzado”, definió un infectólogo, jubilado ya, que suele acompañar a su esposa a observar aves como lo hacía la pareja de neerlandeses que fueron los primeros en enfermar en altamar.
La mayoría de los testimonios en esta ciudad, en el fondo, tienen algo en común: alguna referencia a no entender por qué “todo el mundo” -literalmente- mira a Tierra del Fuego por el crucero que sigue atrayendo atención internacional por la búsqueda de personas que pudieron tener contacto con los pasajeros que desembarcaron en islas del Atlántico, como Tristán de Acuña o Santa Elena, para continuar el regreso a casa.
Sin embargo, desde esta provincia se puede ir desandando un camino que ayudaría a grupos de investigación de más de 20 países a conocer cómo se originó un brote por un virus que trascendió, por altamar, a los dos países donde es endémico: Argentina y Chile.
“No nos preocupa”, dijo Ximena, oriunda de Cochrane, una localidad del otro lado de la Cordillera de los Andes a la altura de Santa Cruz. Ahí, dirige un complejo de cabañas. Junto al cartel de Ushuaia, en letras blancas gigantes, sobre la costanera, con la salida al canal Beagle de fondo, esperaba con su esposo tomar una foto.
“Nos informamos sobre el brote de hantavirus del que habla el mundo y sabemos, también, que somos los únicos con los argentinos que conocemos de qué se trata por los casos que hay en ambos países. Hemos tenido pérdidas de vidas, como ustedes acá, y por eso sabemos que cuando se detecta a tiempo se pueden evitar. A bordo, sin esa información ni los recursos, fue más complejo”, agregó a punto de tomar las últimas imágenes con el celular y seguir viaje a Tolhuin.
Acá, la noticia del brote a bordo del MV Hondius llegó, primero, por redes sociales. “Nos enteramos recién cuando se difundió el caso”, contó Nicolás Gómez, un joven que atiende un carrito con souvenirs y prendas de abrigo a metros de acceso al puerto. “En Tierra del Fuego no hay casos de hantavirus. Me pareció raro que aseguraran que acá se habían infectado porque es un virus, según estuve leyendo, que tiene una incubación de entre dos y tres semanas. No dan los tiempos. El hombre que enfermó primero tuvo que haberse contagiado en otro lugar donde estuvo en el continente”, agregó a LA NACION resguardado del frío y el viento dentro del carrito cuando ya caía la tarde.
Florencia, que trabaja en un restaurante céntrico al que suelen ir los pasajeros de los cruceros por su proximidad con el puerto, se enteró recién al mirar las noticias. “Hubo gente que fue a consultar por síntomas al hospital, pero no era nada. Tenía que ver con el frío”, contó mientras esperaba el colectivo en una parada de la avenida Prefectura Naval Argentina, a pasos de uno de los atractivos locales, el remolcador Saint Christopher, encallado hace 60 años. “Nosotros estamos más expuestos por los turistas que llegan de todas partes del mundo. Así nos pasó con el Covid. Tomo precauciones en el trabajo cuando arriban los cruceros”, dijo.

En los comercios más céntricos, donde el movimiento cesa de pronto a la hora de la siesta, las respuestas se repiten. En la parrilla La Estancia, sobre la calle Godoy Cruz, a pasos de la avenida principal, recordaron la última cena de la tripulación del MV Hondius. Es a partir de una fotografía del grupo que posteó el chef del crucero la noche previa a la partida del buque el 1° de abril. “Fue una cena de cierre de travesía del crucero”, detalló Armando Guillén, el mozo que los atendió. Razones climáticas habían demorado un día la salida. La reserva quedó a cargo de una guía argentina. “Eran muy amigables y simpáticos”, agregó el mozo que tomó los pedidos de platos a la carta o tenedor libre de los comensales provenientes de distintos países.
“Es común que acá vengan a comer las tripulaciones y los pasajeros de los cruceros que llegan o los turistas”, continuó Guillén mientras el lugar se iba llenando de clientes, en su mayoría extranjeros. “No notamos que haya cambiado algo”, coincidieron con Leonardo, propietario del lugar.
En las vías de ingreso desde el continente a la isla de Tierra del Fuego, el tránsito se mantiene. Los vuelos llegan completos. Los operadores de las excursiones, instalados en sus cabinas a pasos del acceso al puerto, coinciden en que hay gran afluencia de brasileños últimamente, que vienen en grupos de amigos o familia.

“Tuvimos consultas de pasajeros [sobre el riesgo de contraer hantavirus] hace una semana, después de que se conoció la noticia, pero fueron muy pocas. Algunos, con barbijo”, contó Lucas Toselli, de Rumbo Sur, agencia que hace 55 años comercializa varios circuitos en catamaranes. “No hay preocupación”, agregó.
Como otros colegas, comentó que no se implementaron protocolos especiales o cuidados extra en las actividades cotidianas o para el turismo desde que se supo que la pareja de ornitólogos neerlandeses había enfermado en altamar después de embarcar en esta ciudad.
Leo y Mirjam Schilperoord-Huisman partieron después de pasar cinco meses entre la Argentina, Chile y Uruguay. Ambos fallecieron por hantavirus: él, de 70 años, el 11 del mes pasado y, ella, de 69 años, el 26. Otra pasajera alemana también falleció y la Organización Mundial de la Salud (OMS) actualizó en 11 los contagios a bordo, entre pasajeros y tripulantes. En ocho, ya se confirmó por laboratorio que la infección fue por la variante Andes que está presente en el sur argentino y chileno.
Incógnita
Dónde se originó la transmisión sigue siendo una incógnita. Laboratorios y agencias de más de 20 países están trabajando con el virus aislado de muestras de viajeros del Hondius, contactos y la cadena de transmisión. Su material genético mostró similitudes con detecciones en brotes como el de Epuyén, en Chubut, hace ocho años, y del lado chileno. En la lista de colaboraciones aparece el instituto Malbrán, pero un cerrojo informativo opera como es habitual sobre sus tareas y avances de resultados.
El virus Andes, que fue confirmado en laboratorios de Suiza, Países Bajos y Sudáfrica a partir de los enfermos, es el único hanta conocido al momento con transmisión de persona a persona una vez producida la exposición a los roedores que son su reservorio. El más común en bosques y zonas de arbustos patagónicos es el ratón colilargo del sur. Las autoridades sanitarias de Tierra del Fuego, con asiento en esta ciudad, insisten en que el contagio inicial tuvo que ser fuera de la provincia, durante el recorrido por las áreas continentales donde la variante viral es endémica.
Acá, en las calles, no hay preocupación. No así en el sector turístico, que no quiere ver afectada su actividad. Entre los residentes, nadie recuerda que alguna vez haya habido un caso autóctono de hantavirus. Es decir, a partir de un contagio en territorio fueguino. Y así, también, lo reafirmó a este medio Juan Petrina, director general de Epidemiología y Sanidad Ambiental del Ministerio de Salud provincial.
Tampoco en roedores de la fauna local tienen registro de que se hayan identificado ejemplares infectados por la variante que puede generar brotes más extensos que otras presentes en distintas regiones del país, sin capacidad de transmisión interhumana. Si el trabajo del Malbrán recién a partir de esta semana diera con algún registro, eso indicaría por primera vez un corrimiento más austral de la frontera del Andes Sur. Esto más allá de dónde pudo haber contraído la infección la pareja a partir de la que se gestó el brote en el Hondius.
Para las autoridades sanitarias y ambientales de la isla, esa posibilidad es cada vez más remota. De ahí, según infieren de la información que intercambian con equipos del Ministerio de Salud de la Nación, el Malbrán y otras jurisdicciones donde estuvieron haciendo avistajes los Schilperoord-Huisman, la investigación epidemiológica apuntaría hacia el continente.
“Nos falta información de una ventana temporal importantísima desde que la pareja [que enfermó primero] salió de Chile el 16 de febrero hacia la Argentina hasta que ingresó en Uruguay [sería el 13 de marzo]. Este virus tiene un tiempo hasta que empieza a dar síntomas de hasta ocho semanas [desde el contagio] y por la fecha en la que el hombre comenzó con síntomas a bordo del crucero coincide con un período promedio de incubación con el recorrido que hicieron antes de llegar a Ushuaia. No hay certeza de los lugares puntuales en la Argentina”, agregó el funcionario.
Sus pares de Neuquén, Río Negro y Chubut también estarían relevando áreas en las que pudo haber estado la pareja, hay presencia del ratón colilargo y está presente el virus. “Sabemos que estuvieron en Chile, a la altura de Malargüe, pero el plazo se extendería demasiado hacia atrás”, desestimó Petrina. Opina que, si ocurrió en el país, debería haber sido en norpatagonia. Ahí es donde se dan esas tres condiciones.
“En nuestro país, y principalmente en la región andino-patagónica, el principal reservorio del virus hanta son los roedores de la subfamilia Sigmodontinae, con especial énfasis en el denominado ratón colilargo (Oligoryzomys longicaudatus). En la isla Grande de Tierra del Fuego se ha descripto, en debate entre científicos, una subespecie (O. longicaudatus magallanicus). Hasta el momento, se desconoce su real potencial como reservorio natural de este virus”, reiteró en las últimas horas el Ministerio de Salud provincial.
La línea sobre la que se trabaja del lado argentino es que Leo Schilperoord contrajo hantavirus en alguna parada durante el itinerario que siguió la pareja por el sur del país. Se trasladaban en un automóvil alquilado. Luego, lo transmitió a su esposa, que enfermó días después de que él falleciera. La próxima semana se avanzaría en esa hipótesis con personal del Malbrán en dos puntos céntricos y, aún estaría por verse, en los caminos alrededor del basural a cielo abierto donde lugareños y visitantes se acercan a hacer observación de aves propias de la isla.
Acá, todavía no hay quien pueda confirmar que la pareja neerlandesa estuvo ahí en los dos días y medio que estuvo alojada acá hasta embarcar. Patricio Cornejo, presidente de la Cámara de Turismo fueguina, mencionó en una reunión con operadores turísticos la semana pasada que los Schilperoord-Huisman, según registró anteayer un medio local. Pero tampoco en los grupos de ornitólogos se pudo dar con alguna referencia.
“El basural atrae mucha fauna, con aves rapaces y carroñeras”, señaló una referente de la actividad que prefirió no ser nombrada. Está el águila mora, con sus juveniles y adultos, el matamico blanco y otras aves endémicas, como el carancho austral. El circuito depende de lo que los observadores aficionados o especializados quieran ver, como la remolinera negra que solo está en Ushuaia o, en el norte de la isla, aves migratorias únicas, destacó en diálogo con este medio a punto de participar de una actividad del club de observadores de aves.
Por su parte, Esteban Daniels, guía y fotógrafo de Birding Ushuaia, explicó que el avistaje de aves como actividad en esta localidad incluye, entre otros tantos puntos de interés, el área donde está el basural y, eso, es muy conocido por locales y extranjeros, que pueden llegar con guía o por su cuenta, en taxi, a unos 7 kilómetros del centro de la ciudad.
“La observación se hace desde la calle lateral con binoculares o cámaras fotográficas. Siempre es por fuera del predio, no se ingresa”, enfatizó. Daniels acompaño a cruceristas del MV Hondius en observaciones; no así a los Schilperoord-Huisman. “Sé que no hay hantavirus en Tierra del Fuego. Es una versión que, desde el exterior, pegó muy fuerte, pero no tiene peso al investigar. Sobre todo porque cualquier roedor que aparezca ahí es víctima de los caranchos. Nunca, en más de 25 años vi uno en ese lugar”, repasó ante la consulta.

En la Fundación Innovación Fueguina (Finnova) vienen siguiendo cómo se fue apuntando la mirada internacional a esta ciudad. “Por Ushuaia pasa más del 90% del turismo internacional que viaja a la Antártida. Eso ya la posiciona como la principal puerta de entrada turística al continente blanco. Pero todavía hay una dimensión con enorme potencial que no logramos desarrollar, esto es, la logística de los programas nacionales antárticos, es decir, de los países que hacen ciencia en la Antártida”, explicaron a LA NACION a modo de contextualizar la relevancia de este puerto.
“Punta Arenas, en Chile, hizo un gran trabajo de infraestructura, conexión internacional y articulación con el sector privado. Hoy presta servicios a 24 programas, en un mercado de más de US$ 500 millones al año. Ushuaia tiene ventajas comparativas para competir en ese segmento, somos la gateway más cercana: nos separan solo 1000 kilómetros de la Antártida, con una ciudad con infraestructura, puerto y servicios", concluyeron referentes de la ONG del sector privado que busca desarrollar ese potencial provincial.
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