Un año de Gobierno. Del optimismo inicial en la gestión de la pandemia al drama de las más de 40.000 muertes

Fabiola Czubaj
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10 de diciembre de 2020  • 03:15

Ya pasaron 282 días desde que en marzo pasado, con la confirmación del primer caso de Covid-19, se declaró oficialmente el ingreso al país de la pandemia. En este tiempo, que equivale a nada más ni nada menos que tres cuartos del primer año del mandato de Alberto Fernández, la gestión de la emergencia sanitaria quedó atrapada entre la euforia de los resultados del primer aislamiento obligatorio inicial y un relato que luego fue intentando compensar la falta de previsión y las deficiencias acumuladas con un sistema de salud muy desigual entre jurisdicciones que implementaron medidas sin coordinación.

"Si uno mira cómo evoluciona la Argentina, uno se sigue dando cuenta, en relación a lo que pasa con el resto del continente, que el país tiene una situación bastante controlada", evaluó el Presidente los primeros días de mayo en una conferencia de prensa, junto con Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof. Pero a medida que las cifras subían, y también lo hacía el país en los rankings internacionales, las fallidas comparaciones con otros países se desvanecieron de los anuncios presidenciales. De la euforia inicial, se llegó a más de 40.000 muertes.

A nueve meses de convivencia con el nuevo coronavirus, aún se desconoce, por ejemplo, cuántos argentinos tuvieron contacto con el virus en estos más de doscientos días, en los que el país superó los 1,4 millones de casos que se pudieron detectar y los decesos asociados a Covid-19.

Especialistas en epidemiología, salud pública e infectología consultados por LA NACION fueron señalando aciertos, como el aislamiento social obligatorio de las primeras semanas para reforzar el sistema de salud y evitar que colapsara, o la participación argentina en ensayos clínicos internacionales de potenciales vacunas y tratamientos. El esfuerzo del personal de la salud en la primera línea de atención sigue concentrando reconocimiento. Y el Plan Detectar, que se empezó a implementar recién en mayo en las villas porteñas, demostró que la búsqueda activa de los casos y contactos era la estrategia más efectiva para controlar los brotes.

También, se fueron advirtiendo desaciertos, como la duración de la cuarentena con su impacto en la educación, la economía y el trabajo; la falta de testeos; la llegada inminente de una vacuna cuando aún no había empezado siquiera la planificación para su aplicación a más de 10 millones de personas o la decisión de algunas provincias de impedir el libre tránsito sin argumentos epidemiológicos sólidos, entre otros.

"Hasta mi último suspiro tengo mis derechos", escribió en una carta Solange Musse, la joven con cáncer de 35 años que murió en Córdoba luego de que a su padre le impidieran el ingreso a la provincia tras un resultado "dudoso" de un test rápido para Covid-19. Y más recientemente, se viralizó la imagen de Diego Jiménez llevando en brazos a su hija Abigail, de 12 años, cuando se les impidió la entrada a Santiago del Estero desde Tucumán, donde la niña recibía cuidados paliativos por el cáncer que padece.

Cuarentena

Para Eduardo López, jefe del Departamento de Medicina del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez e integrante del comité asesor nacional para Covid-19, la implementación precoz de la cuarentena dio buen resultado para la preparación del sistema sanitario y la compra de insumos esenciales, como los elementos de protección personal y los reactivos para los diagnósticos, además de la ampliación de la capacidad de laboratorio para estudiar las muestras, que inicialmente solo hacía la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud Anlis Malbrán.

Elogió la respuesta del sistema de salud en la época más álgida de la cuarentena y que no colapsó como lo anticipaban las proyecciones matemáticas que se difundían. "Las unidades de terapia intensiva trabajaron excelentemente y el sistema público de salud tuvo una respuesta enorme frente al aumento de los casos en el AMBA y el interior", dijo.

También, resaltó el trabajo en los barrios populares con el Detectar, que definió como "un muy buen plan, pero no se utilizó de forma permanente e intensiva" en todo el país.

En cambio, señaló que la duración de la cuarentena no se acompañó con el aumento de los testeos. "Una lección aprendida debería ser que la cuarentena prolongada generó incumplimientos", opinó López. Y reconoció que, como la pandemia se mantuvo varios meses en la ciudad y el conurbano bonaerense, "no se vio a tiempo la magnitud de los casos y la velocidad con que aparecieron en el interior".

Con la curva de contagios en descenso, aunque aún sostenida en Córdoba, Santa Fe, Río Negro y Neuquén, el especialista sostuvo que eso "no implica que el virus no siga circulando, por lo que existe el riesgo de tener un segundo brote. En el verano, hay que seguir manteniendo alto el rastreo y el testeo, que es la única manera de disminuir ese riesgo. Hay que tratar de llegar a los primeros fríos de 2021 con la menor cantidad de personas que contagien".

Segunda ola

Conrado Estol, médico neurólogo que sigue la evolución de los indicadores de la pandemia, coincide. "La probabilidad de una segunda ola es cierta porque el virus debería comportarse en nuestra población como lo está haciendo en otros lugares", sostuvo, con brotes más intensos que están obligando a los gobiernos de países como Francia, Alemania, Grecia o Dinamarca a intensificar las medidas. "No llegamos con la vacunación para prevenirlo en marzo o abril. En el país, como en Estados Unidos, seguimos en la primera ola, que si bien está bajando, se podría llegar a encimar con el inicio de la segunda", agregó.

De lo aprendido para reforzar hacia delante con buenos resultados rescata la higiene de manos, el uso de máscaras, la distancia social, la ventilación de los ambientes, el intercambio breve con terceros, la comunicación clara y transparente de los gobiernos y la vacunación. "Cada uno tiene agujeros o debilidades, pero cuando se combinan da resultado", dijo Estol. "¿Qué mejoraría? -planteó-. El testeo. Tenemos una alta mortalidad que se refleja en que el país está en los primeros puestos de muertos por millón y la escasez de testeos quizás lo explica. Hay que aumentarlos para mejorar la detección y, así, poder identificar tempranamente si aumentan los contagios y si eso se trata de un rebrote."

Refuerzo

Para Ernesto Van der Kooy, director de la Maestría en Gestión Pública de la Universidad del Salvador, el refuerzo de los recursos de terapia intensiva, tecnológicos y de capacitación fueron elementos positivos desde la perspectiva de salud pública.

"Al mismo tiempo -continuó-, hubo un déficit en el abordaje de la pandemia desde el primer nivel de atención que hubiese significado una mayor presencia y testeos en la población. El sistema sanitario soportó, no faltaron camas, pero se pudieron evitar contagios con estrategias de atención primaria de la salud paralelas, que implica estar lo más cerca de la casa de la gente. Y eso se hace con quienes conocen geográficamente los barrios y a la gente. Es un recurso humano muy valioso para trabajar en la población, capacitarla, que debería tenerse en cuenta en adelante."

Van der Kooy, que también dirige una consultora privada especializada en el sector sanitario, anticipó para 2021 "un año muy difícil" para las obras sociales y las prepagas, en especial con la continuidad de la pandemia. "El sistema prestacional está mal", evaluó.

Criterios

A mediados de año, la Academia Nacional de Medicina (ANM) difundió una declaración en la que destacó la importancia de "la unificación de criterios y la centralización operativa de la lucha contra la pandemia en el país". Ahora, con los casos en descenso y ante el riesgo de una segunda ola como en el hemisferio norte, la entidad resalta lo actuado en la primera etapa, a comienzos de marzo, con los primeros contagios, con el decreto presidencial que estableció el aislamiento social obligatorio.

"En este primer período, se logró ganar tiempo para preparar el sistema de salud ante la posibilidad de ocurrencia de casos de gravedad, como se observaba en el hemisferio norte, al tiempo que se brindó información a la población en relación con los posibles escenarios esperables -indicaron a este medio-. Con posterioridad a esos aproximadamente 40 días, se prolongaron las medidas de aislamiento social. La ANM hizo una declaración en la que precisó sus puntos de vista y ofreció colaborar en las tareas de lucha contra la virosis pandémica."

Desde la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires informaron que no emitirían opinión sobre la gestión de la pandemia porque participaron hasta ahora con más de 6000 voluntarios, el análisis de más de 2000 muestras por día a pedido de las autoridades sanitarias de la Nación, la ciudad y la provincia de Buenos Aires y la distribución de alimentos, entre otras actividades. "No estamos para opinar de la gestión del Gobierno", aclaró un vocero.

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