
Un edificio misterioso e imponente
La inconclusa sede de la Facultad de Ingeniería, que muchos transeúntes confunden con una iglesia, es uno de los edificios más característicos del barrio de Recoleta
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Son muchos quienes al caminar por la avenida Las Heras al 2200 se persignan –en una señal de devoción– al pasar frente al imponente edificio gótico que se sitúa, solitario en esa cuadra.
Es que el estilo de la construcción, otrora característico de las grandes catedrales, mueve a la confusión al transeúnte desprevenido, que no percibe que, en realidad, está ante una de las dos sedes de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (UBA), el único edificio gótico monumental de carácter secular de la ciudad.
"Un día me encontré, dentro de la Facultad, con dos monjas que parecían perdidas y que me dijeron que estaban buscando el altar", dijo el ingeniero Félix Nicolini, profesor de la casa de altos estudios y encargado de las visitas guiadas, que, además, agregó que este hecho es algo a lo que ya están acostumbrados los habitués del lugar.
Pero no es sólo el estilo lo que llama la atención. La estructura inconclusa de un edificio de aspecto imponente situado a pocos metros del cementerio de la Recoleta ha logrado que en torno a la Facultad surgiera una innumerable cantidad de mitos (ver aparte). Es notable la falta de revoque y de un remate que provean al edificio de una terminación armónica desde el punto de vista arquitectónico.
Un proyecto monumental
La piedra fundamental del edificio se colocó en 1912. A partir de ese momento comenzó a construirse la nueva instalación de la Facultad de Derecho de la UBA, que antiguamente se encontraba en la calle Moreno.
"El objetivo inicial era construir un edificio de carácter, con jerarquía propia", enfatizó el ingeniero Juan José Sallaber, director del Museo de Ciencia y Técnica, que funciona en el edificio.
El ingeniero de origen uruguayo Arturo Prins fue el responsable de elaborar el proyecto definitivo de la edificación, con la colaboración de dos arquitectos italianos: Francisco Gianotti y Mario Palanti.
A lo largo de su carrera, Prins desempeñó diferentes cargos tanto en el nivel nacional como en el provincial y fue el encargado de restaurar la iglesia San Nicolás de Bari y de la construcción de la Universidad Nacional de Córdoba, entre otras obras.
La idea original contemplaba abarcar la manzana comprendida entre la avenida Las Heras y las calles Cantilo, Melo y Azcuénaga. Según el proyecto, el edificio iba a tener un subsuelo, planta baja y tres pisos. Una torre central, de gran altura, junto con dos torres laterales, de menor tamaño.
"Al frente se iban a mantener jardines hasta la avenida Alvear [actualmente Avenida del Libertador], para que la gente pudiera tener una perspectiva amplia, como la que hoy tiene de la Basílica de Luján, que permite ver y apreciar mejor las características edilicias", comentó Sallaber.
El avance de los conflictos mundiales, a partir de la I Guerra Mundial, y la crisis económica del ´30 influyeron en que la monumental obra quedara inconclusa. El edificio se había habilitado parcialmente en 1925 y las obras continuaron lentamente hasta que, una década después, se decidió abandonarlas debido a los costos elevados.
La obra inconclusa, de estilo "cercano al gótico", de la avenida Las Heras se convirtió en la nueva sede de la Facultad de Ingeniería, en 1950. Actualmente, en ella se realizan cursos de posgrado, algunas materias de carrera, conferencias, seminarios, entre otras actividades. Además, es sede del Museo de Ciencia y Técnica.
Un edificio rodeado de leyendas
Son varias los versiones sobre por qué este edificio permanece inconcluso. La más extendida, que ya forma parte del imaginario colectivo porteño, indica que existen deficiencias en el cálculo de la estructura, por los que la Facultad se desmoronaría si se la intentara finalizar. Incluso, hay una versión romántica, según la cual Prins se suicidó por su fracaso.
"Nunca se finalizó por problemas económicos", señaló en forma categórica Sallaber. Por este motivo se priorizó la utilización de recursos para necesidades más relacionadas con la funcionalidad del edificio que con la estética externa.
El ingeniero explicó que el revoque que le falta al edificio y las formas que sería necesario completar no pueden incidir en la estructura. "El revoque que se necesitaría es de tres centímetros de espesor o cuatro, si se quiere exagerar. El peso que aportaría es muy poco, desde mi punto de vista, respecto del total del edificio".
Y, para desterrar la versión, Sallaber agregó: "Si uno lo recorre puede ver la solidez de toda la construcción, puede notar que no hay ninguna fisura, que no hay grietas, con todos los años que posee desde su construcción".
Imágenes opuestas
Afuera y adentro, dos espacios donde el edificio transmite sensaciones completamente diferentes. "Este es un lugar, que cuando uno pasa por afuera, duda si entra o no, pero cuando está adentro no se quiere ir", destacó Nicolini.
A pesar del aspecto exterior, al cruzar las grandes puertas de madera sorprende el modo en que está cuidada la facultad, que busca resaltar los elementos característicos del estilo neogótico, como los vitreaux con la imagen de la balanza, símbolo de la justicia.
Con el objetivo de preservar el edificio, hace unos años se puso una reja en los pequeños jardines del frente.




