
Un penal en Olmos donde solamente se aloja a evangelistas
Es una experiencia piloto en el país
1 minuto de lectura'

LA PLATA.- Regido por rítmicos aplausos, el enérgico coro inunda con sus cánticos la sala y los pasillos pintados de un celeste muy parecido al cielo. Los versos pegadizos y los gritos de alabanza dan paso a la prédica de un pastor que, como cada tarde, ofrece el culto a sus discípulos: los 90 internos de la Unidad 25 Cristo la Unica Esperanza, ubicada en la localidad de Olmos. Es la primera cárcel evangélica del mundo, según las autoridades del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), .
El penal fue inaugurado el 4 de junio último y forma parte de una experiencia piloto impulsada por una resolución (la N° 1162) del Ministerio de Seguridad provincial, que autoriza al SPB a reunir en unidades exclusivas a presos que profesen la misma orientación religiosa. La medida también alentó la creación de la Unidad 14, en el partido de General Alvear, que cuenta con 29 internos católicos practicantes.
La cárcel ocupa un viejo edificio abandonado hace dos años, cuando los presos valetudinarios (enfermos o con achaques de la edad avanzada) allí alojados fueron trasladados a un penal en Gorina. El predio linda con la Unidad 1, que cuenta con la mayor comunidad evangélica tras las rejas, unos 1500 devotos de un universo total que se estima en 5000, distribuidos en las 35 cárceles de la provincia.
La gran cantidad de evangelistas en los penales de la provincia hace muy difícil conseguir un lugar en la Unidad 25. Para ello, los internos deben pasar por un comité de admisión y seguimiento, donde se constata su devoción y su buena conducta.
"El fenómeno de los evangelistas comenzó en 1983, cuando a instancias del suboficial penitenciario Juan Zucarelli se puso en marcha una prueba piloto que comenzó a reunir en sectores especiales de la Unidad 1 de Olmos a los que practican esa religión. Con el tiempo se habilitó un pabellón, luego un piso entero y después otro. Eso impulsó la creación de esta unidad", explicó el subjefe de la cárcel evangélica, prefecto Javier Leguizamón.
Aquí impera una estricta rutina cuyos ejes son la oración y el culto. Está orientada por un régimen de autodisciplina que permite mantener, durante el día, abiertas las puertas de celdas y pasillos, y que elimina la conflictividad entre los internos.
Los sábados, el lugar se transforma en un verdadero templo, al que acuden un grupo de pastores y devotos de distintos puntos del conurbano para celebrar oficios y afianzar la prédica y los estudios religiosos.
Estudian y trabajan
Cada día, por la mañana, entre las 6 y las 7, los internos -que en promedio tienen 23 años- se entregan a la oración. Luego, a partir de las 8, hay talleres de carpintería, manualidades, herrería, además de dos granjas y una escuela primaria que funciona en dos turnos. Lo producido en los talleres, que en la mayoría de los casos son dictados sin cargo por evangelistas devotos, que constituyen el Ministerio Carcelario de Enseñanza, sirve para ayudar a los parientes de los presos a costearse la visita.
"Los detenidos hicieron un gran esfuerzo para poner el viejo edificio en condiciones y la Iglesia Pentecostal Cristo la Unica Esperanza aportó donaciones y dinero para pintura y herramientas", contó el prefecto mayor Daniel Tejeda, jefe de la Unidad. Al igual que varios de los 18 agentes que trabajan en el penal, Tejeda profesa la religión evangélica y cree que la existencia de esta cárcel "es un verdadero milagro". El oficial penitenciario, que es pastor e ingresó al culto hace 12 años está convencido de que "la gran diferencia con otros penales es que aquí ponemos en práctica la Biblia".
Además, considera que "lo más importante de esta experiencia es la efectividad en la recuperación y resocialización de los detenidos. Prácticamente no hay índices de reincidencia entre los evangelistas. Aunque muchos no quieran creerlo, aquí las personas cambian totalmente su forma de vida y se recuperan".
Llegar a Dios por el dolor
LA PLATA.- Marcelo Rojo, el pastor de la Unidad 25 Cristo la Unica Esperanza, viste una remera y un pantalón de jogging, como la mayoría de los internos. A diferencia del resto, camina por los pasillos con una Biblia en las manos. Tiene 35 años y está preso desde los 22 por una causa caratulada como "robo y homicidio" que espera una definición en la Suprema Corte de Justicia bonaerense. En 1996, tras un motín, se convirtió al culto evangélico. "Llegué a Dios a través del castigo, la aflicción y el dolor", cuenta antes de presidir una ceremonia en el locutorio del penal, donde asiste espiritualmente a los 90 internos de la unidad.
"Acá es todo distinto, somos más humanos y sabemos que cada uno de nosotros necesita del otro y todos necesitamos de Dios", asegura el líder espiritual. Y agrega: "Mi misión es tratar a los chicos con problemas, y apacentarlos a través de la palabra de Dios, además de guiarlos en cuestiones mucho más terrenales, como problemas de pareja, de familia o la angustia que provoca el encierro".
1
2Nuevo parte médico: cómo sigue Bastián, el niño de 8 años que quedó en estado crítico al chocar un UTV y una 4x4 en Pinamar
3Quién es Agostina Páez, la abogada argentina retenida en Río de Janeiro por una denuncia de racismo
4Por qué a este lunes 19 de enero se lo considera el día más triste del año



