Un reflejo de los uniformes pardos

Abraham Skorka
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14 de noviembre de 2013  

La Shoá se gestó a través de un proceso que fue agravándose con el transcurso del tiempo. El plan primigenio de Hitler era una Europa "limpia" de judíos mediante su expulsión. El final resultó su exterminación mediante tormentos que pretendían eliminar previamente su condición humana. Fueron asesinados ancianos y lactantes, destruidas sinagogas y escuelas y profanados cementerios. La idea primigenia de expulsión física terminó en el intento de borrar de la faz de la tierra todo vestigio judaico.

En ese plan, los nazis tuvieron dos muy buenos aliados: las destructivas pasiones que yacen en lo más oscuro de lo humano, susceptibles de inflamarse en tiempos turbulentos, y la ignominiosa indiferencia de todos aquellos que, siendo plenamente conscientes del horror, prefirieron callar, posicionándose en una cruel indiferencia mientras era derramada la sangre de sus congéneres.

Hace escasas horas todo se hallaba preparado en la Catedral metropolitana para recordar aquel proceso de destrucción y muerte, y comprometerse con las lecciones que dejó. Con el templo colmado, súbitamente, un reducido, pero muy activo grupo de jóvenes irrumpió con actitudes y palabras insultantes.Para muchos, fue ver en estos jóvenes con su agresividad cierto reflejo de aquellos otros que siguieron a su líder uniformados con ropa parda.

Fueron enfrentados con palabras y una firme actitud. Monseñor Poli reafirmó en reiteradas ocasiones los lazos históricos y teológicos que hay entre judíos y cristianos, y los puentes de encuentro que se están construyendo entre ambos. Esta vez, la última palabra fue la de la hermandad comprometida.

A partir de Nostra Aetate , muchos judíos y católicos han asumido el desafío de cambiar el rumbo de la historia. No más desencuentros entre judíos y cristianos, sino encuentros en el mancomún esfuerzo por construir una realidad mejor. Me consta el profundo compromiso del papa Francisco en este sentido.

Hay quienes se sienten cómodos en las tinieblas. Fueron los que inspiraron el infeliz incidente en la Catedral. Las historias del pasado tuvieron un aditivo dramático del presente, para enfatizar en la conciencia de todos el valor de no ser indiferentes y el poder de hermanarse en las diferencias para dignificar la vida.

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