Traslados. Cómo funciona el sistema de encubrimiento de curas abusadores

Horacio Corbacho, uno de los curas condenados en Mendoza
Horacio Corbacho, uno de los curas condenados en Mendoza
Nicolás Cassese
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25 de noviembre de 2019  • 16:53

Avergonzada, la Iglesia Católica alemana encargó una investigación que detectó que por lo menos 3677 niños, en su mayoría varones menores de 13 años, fueron víctimas entre 1946 y 2014 de abusos sexuales cometidos por 1670 miembros del clero.

En Estados Unidos, un informe judicial de 1356 páginas, difundido por la Corte Suprema de Pensilvania, identificó a más de 1000 víctimas infantiles de abusos sexuales cometidos por 300 sacerdotes, solo en ese estado.

Según la última actualización que la Fiscalía Nacional chilena, existen 158 casos vigentes y 219 personas investigadas en procesos de abuso sexual que habrían sido cometidos por religiosos. Las víctimas son al menos 241, de las cuales 123 eran menores de edad al momento de cometerse los hechos.

¿Y en la Argentina? ¿Cuántos son los curas abusadores? ¿Cuántos continúan aún al frente de parroquias o institutos educativos? La histórica condena a Nicola Corradi (42 años de prisión) y Horacio Corbacho (45 años de prisión), dos religiosos acusados por abusos en el Instituo Próvolo de Mendoza, reaviva una deuda histórica de la Iglesia local: dimensionar y dar explicaciones no ya de casos puntuales, sino del grave problema que acecha a la institución.

Grave crisis

"Es una de las de la crisis más graves que tiene la Iglesia en los últimos tiempos", admitió, en una entrevista con LA NACION hace cuatro meses, Sergio Buenanueva, obispo de San Francisco, Córdoba y, como coordinador del Consejo Pastoral de Protección de Menores y Adultos Vulnerables de la Conferencia Episcopal argentina, el máximo responsable de lidiar con el asunto dentro de la Iglesia. Pese a que cree que es necesario, Buenanueva admitió que la Iglesia argentina no tiene un registro de abusadores entre sus miembros.

Ante la carencia de información oficial, LA NACION realizó una investigación que reveló que en los últimos 20 años se comprobaron un total de 63 religiosos denunciados con casos fundados. En por lo menos 19 de esos casos, la Iglesia trasladó al acusado a otro destino. De cinco de esos curas o religiosos hay denuncias de abusos en más de un lugar. Los traslados, admitió el propio Buenanueva, eran el mecanismo de encubrimiento. Al enterarse de la denuncia contra alguno de los curas o religiosos en su diócesis, la práctica habitual era que los obispos los enviasen a otra jurisdicción sin alertar sobre la acusación detrás de ese movimiento.

Durante el final del juicio estuvo presente también Daniel Sgardelis, principal denunciante del cura Corradi en la causa de La Plata
Durante el final del juicio estuvo presente también Daniel Sgardelis, principal denunciante del cura Corradi en la causa de La Plata Fuente: LA NACION - Crédito: Marcelo Aguilar

Corradi es uno de los ejemplos más aberrantes de este sistema. El sacerdote estuvo hasta 1969 en la sede del Próvolo de Verona, Italia. Allí se registraron las primeras denuncias de abusos. El 31 de enero de 1970 aterrizó en la Argentina. Estuvo en la sede del instituto de La Plata, donde también se lo investiga por denuncias de abuso, hasta marzo de 1997. En esa fecha fue trasladado a la sede Mendoza del Próvolo, donde fue su director. Los abusos por los que hoy lo condenaron ocurrieron allí. La Iglesia recién investigó el caso luego de que apresaran al cura. Gustavo Stroppiana, el fiscal que lideró toda la instrucción de la causa en Mendoza, dijo que desde la Iglesia jamás le dieron el resultado de la investigación canónica.

"Todos nos hemos sentido desconcertados y dolidos", indicó el episcopado mendocino en un comunicado que emitieron hoy, 50 años después de la primeras denuncias contra uno de sus curas.

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