Un testigo protegido que nadie protegió
El testimonio de Martín Rocha fue fundamental para condenar a una policía; está sin trabajo y dice que lo abandonaron.
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Ser testigo protegido es, en la Argentina, una misión de altísimo riesgo. Sobre todo si el testimonio sirvió para encarcelar a una comisaria corrupta. Martín Rocha lo comprobó: no sólo la Justicia lo desamparó, sino que la propia policía que debió custodiarlo lo amenazó de muerte.
"Qué lindo árbol para aparecer ahorcado, me dijo el comisario que me custodiaba cuando me llevó a una casa en Santa Clara del Mar", recordó Rocha, el comerciante que, en diciembre de 1998, denunció a la comisaria Graciela Iglesias porque le pedía 400 pesos de coima por mes para poder trabajar.
Con su testimonio más una grabación realizada con una cámara oculta de Canal 13, el 15 de febrero último, la titular de la comisaría de El Palomar y el segundo jefe de la dependencia, el oficial Teodoro Tito, fueron condenados a tres años y seis meses de prisión por un tribunal de San Martín que los encontró culpables del delito de extorsión en grado de tentativa.
"Si no pagás 500 pesos de llave y otros 100 por semana te vamos a partir como a un queso", le había advertido el oficial Tito a Rocha al exigirle la coima.
"La amenaza contra la víctima se constituyó con procedimientos que perseguían la desaparición de la clientela del comercio al mejor estilo de protección mafiosa", expresaron en los fundamentos del fallo los jueces Gustavo Garibaldi y Aníbal Bellagio.
Desde que Rocha decidió denunciar a la mafia policial que azotaba a los comerciantes de El Palomar su vida cambió.
A pesar de que la oficial fue condenada, tuvo que cerrar la panchería que explotaba frente a la plaza de Ciudad Jardín, se quedó sin trabajo y, en la actualidad, fabrica bolsos que vende a algunos comerciantes de la zona, mientras su mujer, Silvina Lairhion prepara comidas a pedido.
Vivir con miedo
El matrimonio vive en un departamento de un ambiente en el que también funciona el pequeño taller para cortar y armar los bolsos.
"Se hizo justicia; pero jamás volvería a instalar una panchería en ese lugar", expresó Rocha, padre de dos niñas, de 3 y 2 años.
"A pesar de que los policías que denunciamos están en la cárcel, todavía vivimos con miedo", agregó su esposa, mientras preparaba a las pequeñas para llevarlas al jardín de infantes.
Según Rocha, de 27 años, en el acta que firmó el 8 de diciembre de 1998, con el que se formalizó su ingreso en el programa de protección de testigos, la Procuración provincial se comprometió a entregarle alimentos, vivienda, atención médica y psicológica y seguridad, y a ayudarlo a reinsertarse en la sociedad mediante un trabajo.
Sin embargo, nadie le notificó por escrito que había quedado fuera del programa.
"En julio de 1999, mientras estábamos en una casa de Paso del Rey, vino el dueño de la casa y me desalojó porque se había terminado el contrato. De un día para otro me quedé en la calle y sin que nadie me avisara nada", aseguró Rocha.
La oficina de protección de testigos depende de la Procuración provincial y fue creada el 9 de noviembre de 1998 mediante la resolución 536, del procurador Eduardo Matías de la Cruz.
Una fuente confiable de esa dependencia desestimó la denuncia de Rocha, afirmó que mintió y aseguró que no responderán las acusaciones del testigo porque no se quiere polemizar con él.
Sin seguridad y sin comida
"Se comprometían a traerme comida para una semana y me dejaban alimentos para tres días, y a veces la comida estaba podrida. Nunca tuve asistencia psicológica, sino todo lo contrario: mi familia y yo sufrimos una constante violencia moral por parte de los policías, quizá porque habíamos denunciado a una comisaria", indicó Rocha.
El testigo afirmó que tampoco le dieron mucha seguridad debido a que mientras vivía en una casa de Paso del Rey un grupo delincuentes ingresó en la vivienda y le robó el televisor. "Era el único objeto de valor que había en la casa", explicó.
Su mujer recordó la amarga Nochebuena de 1998, en un departamento de Mar del Plata que compartían con otros dos testigos protegidos: "No nos dieron nada de comer ni teníamos nada para brindar".
Rocha justificó su demora en denunciar las irregularidades en el programa de protección de testigos en el hecho de que siempre que amenazaba con hacer la denuncia "aparecía todo lo que necesitábamos. Además, todo este relato consta en una carta de cuatro carillas dirigida al procurador Eduardo Matías de la Cruz y que dejé en la mesa de entradas de la Procuración, en La Plata, pero nunca nadie investigó nada".
Según Rocha, el único que le dio una mano fue el diputado provincial Alejandro Mosquera (Frepaso). "Al menos me escuchó", dijo el testigo.
"Si bien a mí me iba muy bien con el negocio y ahora estoy en la calle, no me arrepiento de haber denunciado a los policías que me pidieron coimas. Pero me pareció una porquería cómo cuidó el Estado a aquellos que se decidieron a denunciar el sistema policial corrupto", concluyó Rocha.
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