
Una asociación que apadrina a emprendedores
Creativos: la Fundación Ashoka destina fondos de todo el mundo para apoyar a los que trabajan por los demás.
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Tener una idea novedosa para resolver un problema social. Ser emprendedor. No descansar hasta que esa idea se realice. Tener ética.
Estos son algunos de los requisitos que hay que reunir para ser un "emprendedor social". Y para ser elegido miembro de Ashoka.
La organización, sin fines de lucro, apoya a más de 700 personas de todo el mundo para que sean motores de un cambio social de largo alcance, y los reúne mediante una red sin fronteras.
Las áreas en las que trabajan los miembros de Ashoka son variadísimas, pero todas apuntan a un objetivo concreto: el bienestar social.
En nuestro país viven 13 miembros de la entidad. Sus proyectos abarcan la salud, la lucha contra la desnutrición, el medio ambiente, el derecho, la educación de comunidades rurales, los discapacitados y la psicología. Además, la fundadora de la Red Mundial de Niños para la Paz y el titular de la Red Solidaria, Juan Carr, son integrantes de Ashoka.
La entidad provee ayuda financiera a estos emprendedores durante tres años, la fase inicial de sus proyectos. "Ashoka no financia sus ideas, sino que cubre el espacio para que ellos puedan soñar tranquilos", explicó Verónica Viel Temperley, directora de la organización en la Argentina (816-4084).
"Los emprendedores sociales tienen la misma energía, visión y estrategia de los empresarios, pero aplicadas a lo social", agregó Viel Temperley, licenciada en Ciencias Políticas.
Ideas creativas y voluntad
La Nación conoció a cuatro miembros argentinos de Ashoka que idearon proyectos de largo alcance para mejorar la vida de muchas personas: Sacha Domenech, Carolina Biquard, Martín Bohmer y Marcelo Viale.
Domenech es un psicólogo clínico de 39 años, autor de una interesante iniciativa: creó la Comunidad Encuentro para drogadependientes, portadores de HIV y personas con graves desórdenes psicológicos, e integra elementos de la medicina académica y de la etnomedicina, es decir, las terapias utilizadas por los indígenas.
"Los fondos de Ashoka me permiten poder dedicarme full time al desarrollo del proyecto", dijo Domenech. "Los resultados son muy buenos porque las dos medicinas se complementan muy bien." Carolina Biquard empezó su carrera en el sector social, en 1987, en Pelota de Trapo, una organización para chicos de la calle en la que ella se dedicaba a conseguir fondos.
"El proyecto por el que Ashoka me seleccionó es la Fundación Compromiso, que capacita a miembros de organizaciones no gubernamentales (ONG)", relató Biquard, de 33 años, directora de Compromiso.
Desde que nació la fundación, en 1994, participaron de sus programas más de 4000 personas. "La idea es ayudar a fortalecer las ONG, dándoles herramientas para que comuniquen mejor sus resultados, administren mejor sus recursos y aprendan a rendir cuentas", detalló.
Pensar en lo público
Martín Bohmer es abogado y fue elegido miembro de Ashoka por ser quien tuvo una idea destinada a defender casos de interés público, en Tribunales, en forma gratuita.
"Buscamos situaciones que afectan a un grupo de personas, no a una en particular. Y que demuestren que el problema tiene que ver con alguna violación de un derecho, que no llega a Tribunales por falta de recursos o por ignorancia", especificó el abogado.
La idea de Bohmer es como un rompecabezas: los profesionales, que brindan gratuitamente parte de su tiempo en la Asociación por los Derechos Civiles; la formación de los nuevos abogados en una maestría en la Universidad de Palermo; una red de ONG de las que toman los casos y los medios que los difunden.
El doctor Marcelo Viale (54) fue, durante siete años, director del Hospital Provincial Magdalena de Martínez, de Tigre.
Con criterio descentralizador, ideó los consejos de la comunidad , integrados por cinco vecinos y dos empleados del establecimiento. "Los consejos son creativos. Se distribuyen mejor los recursos cuando hay mucha gente que piensa en el bien de la institución", afirmó a La Nación .
Su iniciativa fue tomada por los gobiernos de la provincia de Buenos Aires, para sus hospitales, y de la Ciudad, que ya los implementó en sus institutos de la tercera edad.
Como puede verse a simple vista, la creatividad y las ganas de ayudar al que más lo necesita son el motor de estos profesionales, que además cuentan con un padrino en común: la Fundación Ashoka.
Chicos agradecidos
Armando Cobos fue un chico de la calle. Por eso decidió que lo mejor que podía hacer por el centenar de chicos que viven en esa situación era darles algo que no tenían: una casa. Este hombre de 38 años comparte su humilde vivienda de Merlo con 22 pequeños, en la Asociación Amanecer.
Cuando su historia dejó de ser anónima, por medio de esta página, recibió más de 150 llamadas, muchas donaciones y algo más importante, recibió el aliento de decenas de personas.
"Se acercaron y nos llamaron muchas personas -contó entusiasmada Rosa de Cobos, la esposa de Armando-. Ese lunes empezó a sonar el teléfono y ya no paró." Los Cobos recibieron alimentos, ropa, juguetes y calzados, pero la donación material más importante fue un colectivo, hecha por una jubilada que vive en un geriátrico. "Lo necesitábamos para llevar a los chicos al colegio y nos alegró mucho esa llamada", agregó su marido.
La mayoría de las donaciones que recibieron fueron anónimas: "Las cosas llegaban en camión o remise y no sabíamos quiénes las mandaban", explicó Rosa, que contó que también recibieron muchas cartas que alentaban el trabajo sin descanso de la familia Cobos.
"Y nos hicieron llegar materiales para cerrar una parte del terreno, que es lo que más necesitamos ahora", comentó Armando. Por eso, quienes puedan colaborar con materiales para construir las dos habitaciones que faltan en la casa de los Cobos pueden llamar al (020)89-0322.
Para dar una mano
Alimentos para chicos
El Hogar Materno-Infantil San Francisco, de Nuestra Señora de Carupá, en el Tigre, asiste a 150 chicos. El hogar necesita leche en polvo, arroz, fideos y padrinos que colaboren. Sus teléfonos son: 749-8182 y 749-2296.
Ropa de abrigo
La Asociación Civil el Niño y la Familia, de San Francisco Solano, tiene un comedor para 80 chicos, madres y abuelos. Quienes puedan colaborar con ropa de abrigo, calzado y colchones deben llamar al 212-5874.
Hogar sin pañales
Los Hogares de Belén de la diócesis de San Miguel, que cuidan a niños con problemas judiciales hasta que vuelven a sus hogares o encuentran uno nuevo, necesita pañales. Los que puedan ayudarlos deben comunicarse al 663-6611.
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