
Una capilla de estilo único, en peligro
En Mar del Plata, el oratorio del Instituto Unzué, de línea bizantina, está en riesgo por falta de dinero
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MAR DEL PLATA.- La única capilla de estilo bizantino que se levanta en suelo americano corre el riesgo de sufrir daños, seguramente irreparables, a muy corto plazo.
Y, como ya es habitual en estas tierras, hay una sola razón para explicar la ausencia del mantenimiento que exige esta singularidad arquitectónica, declarada Monumento Histórico Nacional en 1985: la falta de dinero.
Con todo, desde hace años un grupo de marplatenses impide que ese destino luctuoso se cumpla y vuelve a reclamar de las autoridades que cuanto antes se asigne la partida de fondos que alguna vez fue destinada para restaurar el representativo edificio, partida que un recorte ordenado por el Ministerio de Economía congeló a principios de 1999.
"El oratorio del Instituto Unzué es único en América y, como expresión del arte bizantino, también es muy raro hallar otros similares en el resto del mundo. Es una de las joyas de Mar del Plata y, por ende, de nuestro país. Por eso no podemos permitir que se venga abajo cruzados de brazos y aceptando que no hay fondos para restaurarlo", explicó a La Nación Elida de Turno, presidenta de la cooperadora del templo.
"Aunque el mantenimiento del edificio no es el adecuado desde hace mucho tiempo, las cosas empeoraron luego de que un rayo cayó sobre su cúpula, en 1985. La cruz se vino abajo, la estructura toda se conmovió y aparecieron fisuras en las paredes y en el techo", subrayó.
"Con cada lluvia, los daños se acentuaban y, tras numerosos trámites y entrevistas con funcionarios, cuatro años después, Félix de Ayesa, entonces presidente de la cooperadora, consiguió el subsidio que hizo posible cumplir con la primera etapa de la restauración del oratorio", puntualizó Turno.
Así, se reparó el exterior de la cúpula, se sellaron las grietas del techo y la cruz caída fue colocada en su lugar original.
"Mientras se realizaban estos trabajos -continuó la directiva- nos pusimos a gestionar la plata para la segunda etapa, que comprendía el interior del oratorio y gran parte del asilo, que donó la familia Unzué en 1911. En total, unos cinco millones de pesos.
"Los expertos de la Dirección Nacional de Arquitectura elaboraron los pliegos de la licitación y cuando se iba a hacer el llamado, el 11 de enero de 1999, una orden ministerial lo anuló", apuntó.
"Dicen que fue por un recorte dispuesto por Economía y que más tarde, cuando se planeaba asignar otra partida, finalmente se la remitió a Luján para costear parte de las obras que se realizan en la basílica", añadió Turno.
"Lo cierto es que los fondos no llegaron y el oratorio continuó decayendo, pese a que la inestimable colaboración de los vecinos de la ciudad nos permitió costear los trabajos mínimos para evitar el colapso de la capilla", subrayó la presidenta de la cooperadora.
Con todo, una nueva ilusión se ha encendido en Mar del Plata, pues han regresado los expertos de Arquitectura y un nuevo pliego estaría por elaborarse.
"Nos anunciaron que en octubre próximo se haría el nuevo llamado y que a fines de este año podrían reanudarse los trabajos. Ojalá cumplan, pues todavía estamos a tiempo de rescatar este lugar extraordinario al que, con dolor, vemos dañarse día a día", confió la mujer.
Noventa años de historia
Como se dijo, el instituto fue donado por las hijas de Saturnino Unzué, en 1911.
María Unzué de Alvear y su hermana, Concepción Unzué de Casares, anunciaron en 1908 que levantarían en dos de las manzanas que poseían en el balneario -en La Perla y muy cerca del mar- "un asilo para huérfanos y, dentro de él, un oratorio".
La novedad fue puesta en conocimiento de las autoridades municipales y nacionales y del entonces papa, Pío X.
El proyecto quedó en manos del arquitecto francés Louis Faure Dujarric, a quien las damas encargaron solamente que "empleara los materiales más nobles" en la mencionada misión.
Dujarric tomó al pie de la letra la recomendación y, una vez que decidió que apelaría al estilo bizantino para la construcción, no vaciló en hacer uso de mármoles de Carrara y de Abisinia y de robles de Eslavonia para cumplir la tarea.
Notorios artesanos europeos fueron convocados y, como un rompecabezas, las partes de la capilla y del asilo fueron llegando a Mar del Plata desde Francia e Italia.
Dos expertos contratados por Dujarric viajaron al balneario, en 1909, para dirigir la obra.
En dos años se levantaron los 10.000 metros cubiertos que tiene el complejo y se parquizaron los 7500 restantes.
Además, se erigió el oratorio, con una cúpula rematada por una cruz latina en cuyo interior se observa un magnífico Cristo de inspiración oriental, flanqueado por palmeras datileras. Todo el conjunto está realizado en mosaicos venecianos laminados en oro.
El púlpito del templo se construyó con mármol de Carrara y de Abisinia y antes de llegar a nuestro país se exhibió en la Exposición Internacional de Arte Sacro, celebrada en Sevilla en 1910, donde obtuvo el primer premio.
En el ábside del oratorio se ubica una amplia imagen de la Inmaculada Concepción, esculpida en un solo bloque de mármol y flanqueada por columnas dobles de mármol policromo. Dos ángeles de bronce patinado se inclinan reverentes a ambos lados.
El instituto fue inaugurado el 8 de diciembre de 1911. De inmediato, las hermanas Unzué lo donaron a la Sociedad de Beneficencia de la Capital Federal.
Trescientas niñas fueron alojadas allí, al cuidado de las Hermanas Misioneras Franciscanas de María.
Recibían formación cristiana y estudios primarios y secundarios. Tampoco faltaban los cursos de bordado, corte y confección y teatro.
Los primeros problemas
Durante años se renovaron sin novedad las promociones de muchachas hasta que en 1945, el gobierno resolvió traspasar el instituto a la esfera oficial. Fue el principio de la decadencia del Unzué.
En 1969, la dictadura militar de la época reemplazó a las monjas por personal laico.
De a poco, los recursos comenzaron a escasear y repetidos conflictos desembocaron en la evacuación total de las menores en 1997.
Hoy, los pabellones y aulas del Unzué están vacíos. Apenas unos programas asistenciales y educativos comunales se desarrollan en sus descascarados ambientes.
En cada tormenta llueve dentro de la capilla y los baldes se multiplican en vano. Por si fuera poco, un estudio jurídico lugareño fogonea un proyecto destinado a instalar un shopping en un sector del asilo.
En la vereda de enfrente, los miembros de la cooperadora resisten este intento y dan batalla a la decadencia.
"El oratorio es un monumento nacional y allí no hay lugar para los negocios. Se lo debe restaurar y proteger, pues ésa es obligación de todos nosotros", reclaman.
Ahora, son las autoridades las que tienen la palabra.





