
Una estancia que fue reflejo fiel del estilo de su célebre dueña
La Favorita es, como lo fue ella, especial
1 minuto de lectura'
LA PLATA.- Eran las 13 del sábado 9 del actual y a Amadeo Agustín Garay, 68 años de campo, la intranquilidad lo llevó a husmear en las piscinas de la estancia en la que es encargado, La Favorita, en Loma Verde, a 60 kilómetros de esta capital.
Había acertado: en las aguas climatizadas de la pileta mayor flotaba el cadáver de la dueña del campo, Rosemarie Kanzler.
La muerte la encontró cuando nadaba, a los 85 años y a varios miles de kilómetros de su Suiza natal.
Rosemarie Kanzler, a cuya singular existencia se refirió ayer La Nación , tuvo una vida esplendorosa y, a la vez, recatada, lejos del esplendor efímero y algo cursi de los flashes.
El campo en el que murió posee las mismas características: mucho dinero invertido, buen gusto y ninguna de las estridencias de la plata recién cosechada.
Un campo muy especial
A unos 35 kilómetros de Brandsen y sobre las ruta 215, La Favorita tiene mil hectáreas, extensión nada desdeñable en una región en la que los viejos campos han sufrido la erosión de las subdivisiones.
No se trata de un campo más. Perteneció a una estancia desmesurada que se llamó Los Merinos y que, hace mucho ya, fue dividida en tres hijuelas. Lo que hoy es La Favorita fue inicialmente comprado por don Carlos Videla, que le impuso el nombre de Carrasilu.
El casco está entre los más grandes y espléndidos de la provincia. Como se dijo, no es víctima de la estridencia arquitectónica y decorativa de los que se asustan por su súbito incremento patrimonial.
La vasta construcción es de estilo colonial español y muy cerca tiene un oratorio. La rodea un jardín saturado por flores, muchas rosas, que son de propia obtención: se cultivan en un invernadero que no está a la vista.
El macizo arquitectónico incluye una antigua arboleda frenadora de vientos y el verde del césped bien cuidado, que llega también al solar para los caseros, espacio que goza de los adelantos y detalles de confort de la casa principal.
Lejos de la escarcha
Rosemarie Kanzler perteneció a la multitudinaria secta de los adoradores del sol y enemigos del frío.
Con su independencia personal y su poder económico había logrado diagramar para sí un itinerario existencial que la marginaba de la tristeza del otoño y de la mordedura del invierno.
Vivía entre Londres, Grecia y la Argentina. Pero, por si acaso, toda la casa del casco de La Favorita tiene losa radiante en los pisos.
Además, están las ahora fatídicas piscinas, a poca distancia de la construcción central. De distintos tamaños, las dos piletas tienen agua climatizada y una cubierta de cristal englobado, que es móvil.
Según el encargado Garay, a la señora Kanzler le gustaba nadar allí todas las mañanas, preferentemente en soledad.
Si bien Rosemarie Kanzler no era un ave de paso en La Favorita, donde se encontró con su instante final, no se quedaba demasiado tiempo en esa estancia que, no obstante, se mantenía preparada, lista y aseada todo el año, "por un arribo no previsto".
La señora -que siempre avisaba, de todos modos- podía llegar en cualquier momento y desde el aire, ya que el establecimiento exhibe una cuidada y extensa pista de aterrizaje, a un costado de los potreros en los que se crían ejemplares de equinos y bovinos de las más diferentes razas.
Esa pista es como un símbolo de su dueña y de sus amigos: mucho dinero para tener aviones privados ágiles y veloces, de los que proporcionan seguridad y discreción.
Una dama con luz propia
Rosemarie se había casado, en 1973, con el banquero Jean-Pierre Marcie-Riviére. El matrimonio vino hacia la Argentina.
En 1980, a poco de comprada La Favorita -y a nueve años vista del divorcio posterior-, hubo en el campo una fiesta que dejó en la pacífica Loma Verde su estela de fugaz esplendor. Bastó sólo con el pasar de los autos último modelo, uno tras otro, y el ruido de los motores de los aviones privados que se dejaban caer desde las alturas.
La fiesta, aseguran, fue inolvidable, de la mano del animador entonces en la cúspide de la moda, Eduardo Bergara Leumann.
Rosemarie fue autosuficiente, inflexible, deliberadamente ignorante de los convencionalismos sobre la edad cronológica.
Sólo con estar pocas veces en el año en La Favorita, su condición de quien sabe que será obedecido sin reparos, mantenía fresca la magia de un espacio singular.
Muerta ella, entonces, no es inaplicable al caso aquello de que todo verdor perecerá.
1- 2
Vuelta a clases: El ciclo lectivo 2026 arranca atravesado por conflictos salariales y déficits de aprendizaje
3Confirman un caso de gripe aviar en aves silvestres en la provincia de Buenos Aires
4Entre dunas y obstáculos artificiales: Una competencia de motos se corre en la misma zona donde hubo accidentes con UTV



