
Una genealogía que une varias monarquías
Lazos de sangre de la familia holandesa
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América era evidentemente el último de los pensamientos de la Asamblea Nacional rusa que, en la catedral de Moscú, eligió zar a Miguel I Romanov (Miguel IV en otro cómputo) el 21 de febrero de 1603. Han pasado 304 años y se apronta a llegar a nuestro país su décima nieta, la reina Beatriz de Holanda y suegra de nuestra compatriota, la princesa Máxima Zorreguieta.
En el camino genealógico, Beatriz se tropieza con antepasados directos como el zar Pedro I “El grande” (1682-1725), el más famoso de los muchos y notables soberanos de esa dinastía, y con Catalina “La Grande” (1762-1796). Esta antepasada, ilustre por más de un concepto, como brillante en el gobierno, culta, amiga de filósofos –Voltaire, por citar uno–, fue también la que logró la liquidación definitiva del último resto europeo del imperio mongol al anexar en 1783 el khanato de Crimea. Y fue la novena de sus once hijos, Ana, la esposa de Guillermo II de Holanda, el tatarabuelo de la reina Beatriz.
Entre los tíos se cuenta el gran zar Alejandro I, que tan valiente y existosamente enfrentó al poder de Napoleón, y entre los primos, el asesinado Alejandro II, que dispuso la liberación de los siervos, y el monarca mártir Nicolás II, asesinado por los comunistas con toda su familia en la madrugada del 16 de julio de 1918, y canonizado por la Iglesia Ortodoxa Rusa en la emigración, uniéndose a muchos otros santos que engalanan la ascendencia de la familia real holandesa por diversas líneas (San Vladimiro, que convirtió su principado de Kiev al cristianismo; San Luis, rey de Francia; San Miguel de Chernigoff, San David de Yaroslav; San Ladislao de Hungría y muchos más).
Menos dramáticos son los parentescos que surgen por otros lados de la línea de Rusia, a través de la gran duquesa Olga, mujer del rey Jorge I de Grecia, con dos de sus descendientes actuales: la reina Sofía de España, cónyuge del rey Juan Carlos I, y Felipe, duque de Edimburgo, esposo de la reina Isabel II de Inglaterra. E igualmente un pariente más, no coronado pero brillante virrey de la India y héroe de la Segunda Guerra Mundial, lord Mountbatten de Burma, al que también puede recordarse como entusiasta y apasionado cultor de la genealogía.
Otro parentesco cercano doble se establece bastante cerca en el tiempo con el último emperador alemán Guillermo II (1888-1918).
El que ha sido, fuera de duda, el más original de todos los reyes y emperadores europeos de los tiempos modernos aparece también entre los parientes de la estirpe real holandesa a través de la princesa María Federica de Prusia, esposa del rey Maximiliano II de Baviera, por su hijo Luis II (1864-1886). Fue, como es sabido, el protector de Wagner.
Por otra parte, y como curiosidad, el empresario alemán Ricardo W. Staudt estudió entre nosotros los parentescos del príncipe Bernardo, marido de la reina Juliana y padre de Beatriz, que le vienen por su bisabuela Halbach. Publicó hace algo más de 50 años un curioso artículo, “Los consanguíneos argentinos de Bernardo, príncipe de los Países Bajos”, donde da un prolijo detalle. De modo que antes del casamiento de Máxima había ya aquí una nutrida teoría de primos más o menos lejanos y más o menos cercanos de aquella dinastía europea.
Así se establece esta extraña y exótica parentela en la genealogía argentina, en general, y en la de los Zorreguieta en particular.





