Vecinos con beneficios
Maxi tenía novia y una vida estable. Todo cambió el día en el que apareció su nueva vecina. Desde el instante en que la vio, él le abrió la puerta a la pasión, la obsesión y a los problemas. Y, tal vez, al amor
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Para Maxi, la fantasía de encontrar un amor distinto, un amor que le haga temblar las rodillas y cortar su respiración, era sólo eso: puro invento de las películas hollywoodenses. Él tenía novia y, hasta dónde sabía, eso de sentir mariposas era más bien un síntoma de deseo; un deseo que podía revolotear por un rato, pero no mucho más.
Pero un buen día sonó el timbre y todo cambió.

¿Quién podía imaginarse que pedir un simple delivery le iba a sacudir su día, sus ideas, su vida? Ahí en su piso, a unos metros del chico del pedido, estaba ella, la mujer de sus sueños.
"Que sea mi vecina. Ojalá que sea mi vecina, por favor" fue en lo único que pudo pensar Maxi cuando vio a Belén por primera vez en la puerta del ascensor. A Belén la acompañaba una amiga y Maxi, que era nuevo en el edificio, quedó sin habla y completamente encandilado a primera vista. "Un metro cincuenta de belleza pura. Un pelo ondulado divino. Y en el medio de su cara hermosa, una nariz de pompón que me derritió", recuerda hoy.
Los dos eran muy jóvenes y ambos estaban en pareja; aun así algo indescriptible surgió entre ellos. ¿Una fuerza indomable de la naturaleza, energía, magnetismo? En realidad Maxi no sabía bien cómo explicarlo. La única certeza que tenía era que nada en el mundo iba a impedir que algo pasara entre ellos dos.

Deseo y tensión
A los pocos días quedó claro que a Belén le pasaba lo mismo. Con la excusa de preguntarle a dónde se tiraba la basura, ella apareció en la puerta de su casa. Maxi la acompañó y apenas hablaron. En el aire podía sentirse una especie de electricidad, de tensión extrema. Él tenía muchas ganas de tocarla pero se contuvo; de reojo miraba su boca, un rasgo de ella que pronto se convertiría en su obsesión. Días y noches de obsesión.
Maxi quiso convencerse de que tal vez era sólo algo del momento y que en un par de días se le pasaría. "Me acuerdo que me propuse escribirle una carta de amor a mi novia, conectarme con mi realidad, pero con cada palabra en lo único que pensaba era en ella, mi vecina."
Los encuentros casuales, dejaron de ser casuales y fueron cada vez más frecuentes. Maxi pudo contenerse durante un mes y medio, hasta el día que decidieron ir juntos a la plaza a jugar al básquet. A lo lejos, él pudo distinguir a un par de amigos de su novia y le propuso a Belén seguir caminando hacia un nuevo destino. La quería besar, estaba decidido.
Caminaron casi pegados, pero él no se animó y ella tenía que volver. Tal vez cuando llegaran, antes de separarse, pensó Maxi. Al abrirle la puerta del edificio ella estaba apenas a unos milímetros de distancia, casi rozándolo, pero tampoco se animó.
"¿Subimos por la escalera?", le propuso.
Antes de seguir, pensó en atraerla hacia él, pero nada. Subieron despacio hasta el primer piso, y tampoco pudo. Para cuando llegaron al segundo piso todos sus pensamientos, sus dudas y sus miedos se desvanecieron. La agarró del brazo, la atrajo con firmeza hacia su cuerpo y la besó con la intensidad y la pasión de lo anhelado y contenido durante tanto tiempo. Fue el mejor momento de su vida.

Se transformaron en mejores amigos con muchos beneficios. Ambos sentían que eso no era suficiente y, sin embargo, la idea de estar juntos parecía inalcanzable. Estaban atravesando noviazgos complicados. Él tal vez más que ella. La suya era una relación en la cual se sentía atrapado y responsable de la vulnerabilidad de su pareja. "No quería lastimarla, no quería que sufriera y, sin embargo, sabía que no sentía nada más por ella", recuerda Maxi.
Belén, en cambio, le provocaba pasión. Tal vez eran los besos, su cuerpo, o la forma en que se movía. Pero un día supo que también eran las risas compartidas y el hecho de que ella era esa persona con quien primero quería compartir sus problemas familiares, sus nuevos desafíos y sus logros. De a poco, estaba enamorándose. Pero él, que se sentía un tonto, no tenía el valor de cortar con su novia. Iba y volvía con esa mujer a quien no quería herir, pero a la que no amaba.
Pasó el tiempo y tanto Belén como Maxi se mudaron lejos el uno del otro. Los encuentros comenzaron a ser menos frecuentes y cada vez que se veían, peleaban. Sí, discutían mucho y por momentos sentían que todo era demasiado agotador. Todas esas idas y vueltas de sus vidas, todas esas situaciones y emociones extremas. Peleas y cansancio, pero una pasión intacta.
El amor es simple...
Dos años después, el 18 de septiembre de 2011, Maxi invitó a cenar a Belén. Se habían visto el verano anterior y, para este nuevo encuentro, ambos estaban solteros, finalmente.
La salida empezó complicada; antes de que llegara la comida ya estaban peleando. De pronto, en el medio de la discusión, Maxi la miró intensamente a los ojos y comprendió todo lo que nunca había entendido antes. En un segundo perdió cualquier intención de discutir. "Disfrutemos de nosotros", le puso en un mensaje de texto. Ella leyó el mensaje y sonrió. Con ese simple gesto, olvidaron que peleaban.

Más tarde la acompañó a su departamento. Ella no paraba de hablar, de contarle cosas. Maxi no escuchaba ni una sola palabra de lo que le decía. Algo tenía que cambiar. Antes de llegar a la puerta la detuvo en seco y le dijo: ¿Querés ser mi novia? Se abrazaron y besaron emocionados, aliviados y colmados por una sensación de amor infinito. Al fin.
Tal vez fuera porque habían madurado y porque Maxi, finalmente, había comprendido que cuando uno no ama a alguien, lo peor es quedarse en la relación por compasión. Entendió que el gesto de amor más grande hacia su ex novia era dejarla seguir su camino. A pesar del primer dolor que le estaba causando, al terminar con ella le estaba dando la llave para encontrar el amor verdadero.
De forma natural, Maxi y Belén dejaron de pelear sin sentido y se entregaron al amor.
"Cinco años después estamos en nuestro mejor momento, viviendo juntos con un perro. Y cada día siento que la amo un poco más. Cada día la veo más hermosa. Cada día me despierto pensando en que quiero otro día con ella en mi vida", concluye Maxi.
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