
Vecinos indignados por la presencia de travestis en Núñez
Dicen sentirse amenazados y con miedo
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Los teléfonos del barrio comenzaban a sonar. El potencial cliente recorría la zona en auto para elegir entre una variada oferta sexual. Los vecinos se alertaban entre sí mediante una organizada cadena telefónica y, no bien el auto paraba para convenir la tarifa, salían de sus casas provistos de linternas y enfocaban al conductor sorprendido. Hoy reconocen que la estrategia los ayudó sólo a ganar una batalla.
La presencia de una creciente cantidad de travestis en las calles transformó el residencial barrio de Núñez en una nueva zona roja.
"Se muestran literalmente desnudos, y nuestras veredas aparecen a la mañana siguiente llenas de preservativos y con un olor pestilente", dice Liliana, una abogada vecina de la calle Juana Azurduy al 1600, en el centro geográfico de la zona en conflicto, que tiene como corredor principal de la oferta de sexo las calles 11 de Septiembre y Arribeños. "Primero estaban sobre la Avenida del Libertador y eran dos o tres, pero ahora se corrieron hacia dentro del barrio y son muchos más", dice la abogada.
"Salir de casa de noche es imposible, y ni te cuento lo que es explicar a los chicos", dice indignada otra vecina.
La contadora Silvina Val vive frente al edificio de la Comisión de Energía Atómica y sufre desde hace tiempo la desdicha de tener una parada de travestis en la puerta de su casa, sobre la calle 11 de Septiembre. Hace dos años que realiza denuncias. A raíz de ello, fueron amenazados ella y su padre, de 70 años. "Un día, después de llamar al patrullero, llegaron unos chicos jóvenes y golpearon durante largo rato las rejas de mi casa. Todavía está el expediente abierto", se indigna.
Mas allá de las quejas sobre peleas y exhibicionismo, los vecinos se preocupan por la inseguridad, que, según ellos, acarrea la presencia de los travestis en la zona. "Me da miedo de que estén todo el tiempo ahí, pispean y después cuentan", dice asustada la propietaria de un local de la calle 11 de Septiembre. "Conocen todos nuestros movimientos; ya hay varios vecinos que tuvieron que poner la casa en venta", asegura.
"En esta cuadra hubo cuatro secuestros exprés", agrega su vecina, la arquitecta Laura Rodríguez, presidenta de la Asociación Vecinal Núñez en Acción. "Nosotros habíamos formado el grupo comando con linternas -cuenta-, pero lo tuvimos que dejar de hacer porque ya era peligroso."
Eduardo Venturino, actual director del Centro de Gestión y Participación (CGP) N° 13, que corresponde a la zona, destaca que su misión es sólo servir de nexo entre los vecinos y las autoridades. "Intentamos tener comunicación con la fiscalía y la comisaría para transmitir las quejas de los vecinos", dice, pero aclara que para él la línea de acción debería centrarse más en los "clientes" que sobre la oferta de sexo.
"Un mamarracho"
"El Código Contravencional es un mamarracho", dice Laura Rodríguez, de Núñez en Acción: "Es garantista para sólo para el contraventor. Al hacer un acta, dan al travesti todos tus datos y vos no te quedás con nada", explica.
Según el legislador Jorge Enríquez, miembro de la Comisión de Seguridad y Justicia de la Legislatura porteña, "el Código tiene falencias muy groseras", ya que se considera contravención sólo "cuando hay alteración de la tranquilidad pública, y eso es relativo", explica. Para Enríquez, "el bien jurídico comprometido es la moral y las buenas costumbres".
"Hasta el año pasado hicimos un montón de denuncias, pero no sirve de nada", dice Estela Peña, que vive hace diez años en el barrio. "Este año ya ni llamamos a la fiscalía porque nos hartamos. Uno se siente un idiota. Apenas llamábamos, las venía a buscar un taxi y sólo después llegaba la policía", dice Estela.
Fuentes policiales afirmaron a LA NACION que sólo pueden trabajar "con el Código de Convivencia (ver aparte) en la mano", y que no están para discutir las leyes, sino para aplicarlas.
Los vecinos afirman que no cejarán y realizan reuniones semanales. Aunque, por ahora, cada vez que pasean por el barrio deban conformarse con bajar la cabeza, avergonzados.
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