
Velaron en Necochea los restos de Marcenac
Conmoción por el chico asesinado en el barrio de Belgrano
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NECOCHEA.- El primer reencuentro de la Promoción 2005 de 3º 2» del Instituto Nuestra Señora del Rosario sucedió ayer en la hora y el escenario más tristes: una mañana helada, en un cementerio privado y en torno del féretro cerrado que guardaba los restos de Alfredo Marcenac, el compañero asesinado a balazos el pasado jueves en el porteño barrio de Belgrano.
Llegaron conmovidos, con la mirada perdida. Y se retiraron a puro llanto y abrazados entre sí, como tratando de dar a otros ese consuelo que ninguno de ellos pudo encontrar.
Al velatorio, que duró poco más de cinco horas en la Sala de La Gloria del cementerio privado Las Acacias, en las afueras de esta ciudad, asistieron casi 500 parientes, amigos y vecinos de la víctima y su familia, pero también muchos desconocidos que acercaron su saludo, alcanzados por la conmoción que el crimen de Freddy -así lo conocían en Necochea- generó en este balneario.
Los ex compañeros de Polimodal de Marcenac regresaron en las últimas horas desde La Plata, Mar del Plata, Tandil y Buenos Aires, donde la mayoría se encuentra iniciando sus estudios universitarios. "Los chicos estaban golpeados por la noticia, pero recién se quebraron cuando vieron el féretro", contó la mamá de un amigo de la víctima.
También pudo asistir a la despedida final Juan Pablo Arrate, que fue baleado en un pie cuando caminaba junto a Freddy. Ayer, abrazado a sus amigos, lloró en el parque. Pablo Jagoe, el otro necochense herido, sigue internado en Buenos Aires.
El cadáver llegó ayer a las 6 en una ambulancia que se dirigió directamente al cementerio. También durante la madrugada ingresaron Adrián Marcenac y Mónica Boysebbes, los padres de Freddy, que decidieron cremar los restos de su hijo. Por eso el féretro no salió de la sala velatoria y permanecerá allí a la espera de la autorización de la jueza de Instrucción María Dolores Fontbona de Pombo, a cargo de la causa.
La sala se abrió a las 8. Los padres de los compañeros de Freddy estaban tan conmocionados como sus hijos. Los acompañaron con la intención de contenerlos. Pero tenían un motivo adicional para sufrir: los ven partir hacia otros destinos en busca de un título universitario, y sienten que en un segundo y por un acto de locura se pierde el esfuerzo hecho durante años para cuidarlos.
"Este loco no sólo mató a Alfredo sino que destruyó a toda una ciudad", dijo a LA NACION Silvana Izzo, mamá de Matías, que estudió con el joven asesinado. Melanie Zayaro, compañera de natación de Alfredo, fue una de las pocas que tuvo entereza para hablar a la salida del velatorio. "Lo queríamos, nos divertíamos con él y su muerte la lloramos todos", recordó.
De lo ocurrido en el interior de la Sala de La Gloria sólo trascendió que Adrián Marcenac afrontó la situación con entereza para contener a su esposa y otros dos hijos, Lucía y José. "Sólo tuvieron palabras de agradecimiento para quienes se acercaron a despedir a Freddy", contó un asistente al velatorio.
La despedida final estuvo a cargo del padre Héctor Díaz, que se refirió a esta muerte como "un dolor de todos". Y pidió a la comunidad una oración para "poner a Alfredo en el corazón de Dios".
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