
Viaje en el barco más grande del mundo
Con tres cuadras y media de largo y alto como un edificio de 20 pisos, el Freedom hizo su viaje inaugural
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A BORDO DEL FREEDOM OF THE SEAS.- En cuanto se sube por la planchada y se levanta la cabeza, los ojos parecen no terminar de apreciar lo que significa el Freedom of the Seas, el crucero más grande del mundo. Es una mole interminable, con suaves líneas aerodinámicas, donde la vista se pierde al querer recorrer los 339 metros de proa a popa -es casi 70 metros más largo que el Titanic- y sus 63 metros de altura, cuatro metros menos que el Obelisco.
Sus cuatro ascensores, tubos de cristal con vista panorámica al shopping del barco, llevan a los pasajeros a las 15 cubiertas. La mayoría de sus 1817 camarotes tiene vista al mar. Están los más sencillos, uno doble, con una cama king, un modesto living con un cómodo sofá, hasta la suite presidencial con cuatro dormitorios de 112 m2 para 12 personas con TV de plasma y baños en suite, balcón privado de 75 m2, con piscina de hidromasaje.
Casi todos acomodaban los equipajes en sus camarotes; nadie advirtió que ya habíamos zarpado en uno de los viajes inaugurales del Freedom. Ya en las aguas del Atlántico, nada se movía. Uno debía asomarse por los balcones de los camarotes para comprobar que el coloso de los mares estaba navegando a 12 nudos, unos 22 km/h, para desplazar sus 160.000 toneladas, el peso equivalente a 32.000 elefantes.
Al mediodía, gran parte de los 4375 huéspedes no fue inmune a un creciente apetito. Entre otras opciones (hay 10 restaurantes, 16 bares y pubs), la elección de la cubierta 11 fue la adecuada: allí está el informal buffet Windjammer, con un generoso sistema de autoservicio.
Luego, a la hora de recorrer el buque, lo recomendable fue dirigirse a la cubierta 5. Sobre los laterales del barco se descubre una ancha galería de paseo que permite recorrer todo, de proa a popa.
Pero, si gusta ir de shopping, tomar un buen café, tentarse con una porción de pizza o hasta cortarse el cabello, sobre la misma cubierta 5, está el Royal Promenade. Es un boulevard de 135 metros que ofrece todo tipo de entretenimientos: tiendas, una joyería, una perfumería, una heladería de los años 50, una pizzería italiana, cafés, restaurantes, una taberna inglesa y una barbería ambientada en los años 20.
Hasta posee un puente colgante de cristal y acero inoxidable que se desliza desde el cielo raso, utilizado para espectáculos de música o shows de luces y rayos láser, atracción visual digna de una escenografía de la entrega de los Oscar.
Si de ejercitar el cuerpo se trata, no hay más que alcanzar la cubierta 11 y disfrutar del gimnasio más grande en alta mar: el Fitness Center. Se pueden practicar ejercicios aeróbicos, hacer pesas, spinning, gimnasia y hasta subirse a un verdadero cuadrilátero de boxeo. Para relajarse, a pocos metros, está Shipshape Spa y un sauna. A su salida puede optar por los servicios de acupuntura, manicuría, peluquería y hasta blanqueado de dientes.
También puede tener sus 15 minutos de fama en el divertido Karaoke Club. Si de espectáculos se habla, antes o después de cenar, podrá disfrutar de funciones artísticas o musicales en el teatro Arcadia, debajo de la proa, que con un típico estilo art déco alberga a 1350 espectadores, casi la mitad de teatro Gran Rex. Cerca de allí esta la pista de patinaje, que también ofrece buenos espectáculos. Por la noche, las cenas con aire señorial y romántico se viven en el comedor principal, que ocupa tres niveles: Leonardo s, Isaac s y Galileo s. Allí se puede albergar a 2100 comensales que podrán degustar platos de alta cocina acompañados de vinos europeos y sudamericanos, en medio de un elegante decorado de alfombras, telas de colores profundos e inmensas y luminosas arañas.
Si desea danzar al ritmo excitante de la salsa, Boleros es el lugar ideal con música latina en vivo con buenos mojitos y caipirinhas. Para bailar hasta la madrugada está The Crypt, un club nocturno inspirado en temas góticos que abarca dos pisos. Si simplemente desea relajarse con una copa de un buen vino o champagne, está el elegante y tranquilo Viking Crown Lounge, encerrado entre enormes paredes de cristal y situado en lo más alto del barco, donde, tanto de día como de noche, se obtiene una panorámica de 360° del mar.
Cerca de allí está el club de jazz Olive or Twist, en cuya barra circular se ofrecen todo tipo de tragos, con el suave condimento de los mejores temas de blues y cool jazz. Como afirma la vicepresidenta de RCI para América latina, María Sastre: "Qué más se le puede pedir a este paraíso flotante". Lo cierto es que cuando todo termina y uno abandona el barco es como si se despidiera de una bonita ciudad a la que, sin duda, le gustaría regresar.
Argentino
- "Nunca soñé con llegar a ser capitán. Mucho menos del crucero más grande del mundo , dijo Carlos Pedercini, de 41 años, que está frente al timón del buque. Este marplatense que domina el inglés, el italiano y el portugués, ingresó en 1990 en Royal Caribbean y desde hace nueve años es capitán; ya estuvo al mando de algunos de los 15 buques de la compañía naviera.


