Florencia Barandiarán cartoneó junto a su marido durante ocho años y durante la pandemia descubrió su vocación por la moda; “No teníamos ni para comer”, recordó
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Entre Burzaco y Adrogué, en el sur bonaerense, Florencia Barandiarán y su esposo, Julio, recolectaron cartones, botellas y chatarra durante ocho años. En 2020, debido al encierro de la pandemia, tuvieron que reinventarse y ella empezó a coser barbijos. Ese fue el puntapié de una aventura que devino en la creación de su propia marca de ropa. Barandiarán estuvo en los estudios de LN+, donde compartió su historia.

“Arrancamos vendiendo barbijos en el encierro y fue un proceso lleno de errores”, recordó Barandiarán. “Como no se podía cartonear ni ir a ferias, no nos quedó otra”, agregó. En palabras de la mujer, además de su esposo Julio, su familia se compone de tres hijos, “uno biológico y dos del corazón”.

“Tenía una máquina de coser pero como nos quedamos sin plata para comer, la vendí”, aseguró Barandiarán. “Pero después mi marido accedió a una tarjeta de crédito que no sabíamos cómo se usaba. Fuimos a un negocio y preguntamos si nos alcanzaba para una máquina y un celular. Nos dijeron que sí y ahí la recuperé”.

Consultada sobre su destreza en el arte de coser a máquina, Barandiarán aclaró que aprendió viendo tutoriales en YouTube. Hoy tiene un local de venta al público donde, sumado a las operaciones que concreta a través de las redes sociales, vende, en promedio, 70 vestidos por mes. Por otro lado, maneja tres talleres en los que brinda oportunidades laborales a madres solteras.
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